Menu

Experiencias

Alzheimer espiritual

Por Kelly Pezo

Mis abuelos llevan casados ya casi cincuenta y tres años. Como cualquier matrimonio, han tenido sus momentos difíciles y sus tribulaciones. También ha habido momentos de inmensa alegría y amor. Mi abuela es una esposa, una madre y una abuela increíble, siempre preocupada del bienestar de todo el mundo. ¡Ha sido tan buena con mi abuelo! Se podría decir que le mima. Ella hace cualquier cosa por él. Pero todos, los diez hijos y veintisiete nietos están de acuerdo en que son un cuadro muy bonito de ver: ¡tantos años y todavía tan enamorados!

Hace algunos años, a mi abuelo le diagnosticaron la enfermedad de Alzheimer. Es una enfermedad progresiva y hereditaria; la mayoría de sus hermanos ya han perdido casi del todo la cabeza. De vez en cuando él se olvida los nombres de los nietos o pregunta: “¿De quién eres?”. Y nosotros simplemente sonreímos y le decimos: “Yo soy de Gisela” o “Soy de Javier”. Y simplemente tienes que seguir sonriendo aun después de la quinta vez que pregunta. Últimamente las cosas han empeorado, pero él siempre se acordaba de mi abuela. Mi abuela, por la gracia de Dios, ha tenido tanta serenidad y amor. Ella se está santificando ocupándose pacientemente de sus alucinaciones, olvidos, paranoia, visitas al médico de todo un día, y todas las cosas que conlleva el ser la mujer de un hombre mayor con la enfermedad de Alzheimer.

La semana pasada mi abuela llamó a mi madre llorando y le contó algo que había pasado. Mi abuelo se había despertado esa mañana y no había reconocido a mi abuela. Él no conseguía saber quién era ella y rehusaba creerle cuando ella le dijo que era su mujer. Pidió una prueba. Así que ella sacó las fotos de la celebración de su cincuenta aniversario de bodas y se las enseñó a él con lágrimas en los ojos. Él la miró y miró a las fotos y empezó a darse cuenta que ella le estaba con tando la verdad y de que era ella, su fiel esposa de casi 53 años. Él, enseguida empezó a llorar y a pedirle perdón, y los dos lloraron juntos.

¿ Cuántas veces, Señor, nosotros somos así contigo?
Tan rápidamente olvidamos todo lo que Él ha hecho por nosotros. No sentimos la presencia del Señor y cuando las cosas empiezan a hacerse más duras y es más difícil amarle, entonces le preguntamos: “¿Quién eres? ¡No sé quién eres! ¡Pruébamelo!”. Y Él nos mira con una mirada de amor inagotable y dice: “¿Cómo puedes olvidarme?”. Después nosotros empezamos a pensar y reflexionar sobre nuestras vidas y todas las gracias que hemos recibido y volvemos a recordar cómo Él ha estado presente en los tiempos buenos y en los no tan buenos. Y nosotros nos derrumbamos y lloramos. Lloramos lágrimas como las de San Pedro después de haber negado al Señor tres veces, lágrimas de contrición por haber sido infieles. Pero Nuestro Señor es fiel, porque no puede negarse a sí mismo (1 Tim 2,13). Y aunque no hay curación para el Alzheimer, el Señor sí que nos ha dado un remedio para el Alzheimer espiritual: un lugar al pie de la Cruz al lado de la Virgen siempre fiel, que siempre está intercediendo por sus pobres hijos.

Queridísima Madre, salud de los enfermos, enséñanos a ser fieles.

©Revista HM º130 Mayo/Junio 2006

Hermana Clare

Hermana Clare

¡Feliz cumpleaños, Hna. Clare!

Hoy la Hna. Clare hubiera cumplido 37 años. Desde su conversión solo tuvo un deseo: consolar al Señor con su vida.

Buscar

Redes sociales

Elegir idioma

Las cookies facilitan la prestación de nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, usted acepta que utilizamos cookies.
De acuerdo