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Experiencias

"Él está vivo" - Testimonio de Jackie Rosario

Yo era católica desde la cuna, es decir, fui a un colegio católico desde primer a séptimo grado y me confirmé pero nunca vivimos la fe en casa. Desafortunadamente, como tantos otros, dejé la Iglesia y cogí mi propio camino. Cuando finalmente me di cuenta de que me faltaba algo empecé a ir a distintas Iglesias, Baptista, Pentecostal, etc... pero simplemente no experimentaba nada, así que dejé de ir. Dios tenía su mano sobre mí todo el tiempo. Me llevó tras muchos años de errores y sufrimientos a encontrar mi camino pero creo que Dios me dio un rodeo para mostrarme ciertas cosas, para prepararme al impacto que Él iba a provocar en mi vida. Quizá para que tuviese más compasión con los otros y pudiese decirles: “¡Yo sé por lo que estás pasando, he estado allí y hay esperanza, Él está VIVO!”

Comencé Homeschool y me dirigieron a un Grupo Homeschool Católico. Fui miembro durante un año pero todavía me resultaba duro el conectar realmente con las otras madres. Hasta que un día, estaba tocando fondo y Dios puso una persona delante de mí que me dijo unas breves palabras que cambiaron mi vida completamente: Estaba estresada y deprimida y una de las madres a la que había conocido recientemente me preguntó cómo me encontraba. Ella lo dijo con tal compasión –no era simplemente un saludo- ¡ella realmente quería saber cómo estaba! Así que le dije que yo creía que necesitaba intentar algo de yoga relajante o algo porque simplemente no sabía cómo sobrellevar los problemas por los que estaba pasando. Esta amiga me contestó muy amablemente: “Conozco algo cien veces mejor que eso. ¿Sabes lo que es la adoración?”. Bueno, lo había visto anunciado en el boletín parroquial pero no sabía realmente lo que era aunque me consideraba católica. Esta amiga procedió a contarme lo que nosotros sabemos que es la presencia real de Cristo en la Eucaristía –¡ese milagro que ocurre justo enfrente de nuestros ojos en la Misa cuando el sacerdote consagra el pan y el vino! Sabía que debería haber aprendido esto en el colegio pero por alguna razón, ¡parecía que ésta era la primera vez que alguien me hablaba de eso! Ella me sugirió que fuese delante del Santísimo Sacramento y simplemente me sentase. “¡No hagas nada!”, dijo, “simplemente siéntate allí.” Aún no lo entendía pero pensé: “bueno, un rato de silencio quizá sea lo que necesite”.

Era temprano un sábado por la mañana. Mientras caminaba hacia la Iglesia, cogí el libro “Una hora con Jesús”. Entré en la capilla cuando la luz de la mañana atravesaba la vidriera. El aire estaba impregnado del Espíritu Santo. Pensé que era extraño que sentía mis pies tan pesados como si estuviera andando a través de medio metro de barro. La capilla estaba llena de gente pero tan silenciosa que podías oír una moneda caer. Me incliné ante el Santísimo Sacramento expuesto en el altar y me senté con este libro. El libro me condujo a una conversación con Jesús y una meditación –¡menuda profunda meditación que una hora y media pasó como diez minutos! Miré hacia abajo y vi que mi camisa estaba empapada con las lágrimas que habían estado cayendo mientras leía. ¡En ese momento también me di cuenta de que los otros también estaban sollozando como si estuviesen pasando por la misma experiencia! Miré hacia arriba a la custodia e instantáneamente me sentí confortada. Una gran fuerza. Algo que sólo puede describirse como un amor puro y completo irradiando hacia mí. Es un sentimiento que no puede ser traducido en palabras y un momento que nunca olvidaré. No recuerdo cómo llegué a mi coche. Sólo recuerdo conduciendo a casa ensimismada intentando procesar esta experiencia sobrenatural que acababa de ocurrir.

Llegando a casa llamé a mi marido y le pedí que se sentase. Le dije “¡DIOS ES REAL!” “¿¿¿Sabes cómo a veces se ve a los cristianos caminando con esa mirada de asombro en sus caras??? ¡¡¡Bien, pues ahora lo sé!!! ¡¡¡Hay todo un mundo sobrenatural del que no nos damos cuenta pero que está!!! Desde aquel día tengo hambre de Dios. Devoro libros sobre la Eucaristía y la Primitiva Iglesia, los santos, la Escritura. El Señor me cambió ese día y nunca volveré a ser la misma. Dos años después de esto, en la fiesta del Corpus Christi, el Señor me dio la misma asombrosa experiencia mientras pasaba la procesión eucarística por mi lado. Casi incontrolablemente caí sobre mis rodillas en admiración por Él y experimenté el mismo río de agua saliendo de mis ojos que apenas el año pasado había descubierto que se llamaba don de lágrimas. ¡Desde entonces no he tenido esa experiencia pero sé que he sido bendecida por Dios sin medida y creo que parte de la razón por la que Dios me ha abierto los ojos es para que pueda ahora compartir esta experiencia!

Jesús dijo: “No os dejaré huérfanos”. ¡Qué bendición que Nuestro Señor nos ha dado este don a su Iglesia! ¡El don de su Presencia –Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad- Él está vivo y está aquí con nosotros en carne! ¡Si todo el mundo supiese esto romperían las puertas de la Iglesia para venir y testimoniar este milagro durante el sacrificio de la Misa!

Mi amiga me contó que ella luchaba ese día por contarme estas buenas noticias, aunque escasamente nos conocíamos. ¡Qué valeroso para ella el haber dado ese paso adelante y estar abierta con prontitud al Espíritu Santo! ¿Y tú? ¡No tengas miedo! Nunca sabes cuándo tu testimonio, ya sean palabras o acciones incluso tan pequeñas, puedan tener un efecto tremendo en alguien y con la ayuda de la gracia de Dios, podamos ser Sus instrumentos y ayudar a ganar corazones y salvar almas.

©Revista HM º132 Septiembre/Octubre 2006

Hermana Clare

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¡Feliz cumpleaños, Hna. Clare!

Hoy la Hna. Clare hubiera cumplido 37 años. Desde su conversión solo tuvo un deseo: consolar al Señor con su vida.

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