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Experiencias

El Campeón de la Vida

 con su esposaLuis Fernando Montoya nació en la localidad de Caldas, Colombia, y es Técnico de fútbol. Dirigió al Atlético Nacional en el campeonato de la Categoría Primera A, obteniendo el subcampeonato del segundo semestre de 2002. Dirigió también al Once Caldas para lograr su segundo título en la historia del fútbol profesional colombiano y obtener la Copa Libertadores de América en el año 2004. Hoy en día, es una destacada figura del periodismo deportivo en su país y profesor de periodismo deportivo en varias universidades.

Hace siete años estuvo a punto de perder la vida en un atentado, en el que perdió la capacidad de moverse de cuello para abajo, pero no perdió la fe ni la esperanza.

 Era el 22 de diciembre de 2004. Adriana, la esposa de Luis Fernando, regresaba de comprar algunos regalos para los niños pobres cuando un delincuente intentó robarle el dinero. Estaba en la puerta de su casa por lo que El Profe, como le llaman cariñosamente en su país, al oír los ruidos, salió a defenderla a ella y a su hijo, José Fernando, que en ese momento tenía tres años. El entrenador recibió dos disparos.

Luis Fernando estaba justo en el momento más brillante de su carrera. Era el director técnico del equipo de fútbol Once Caldas, que hacía unos meses había obtenido el primer título de la Copa Libertadores de América

Pasados algunos meses del atentado, aunque ya estaba fuera de peligro de muerte, el panorama no parecía ser muy alentador: tendría que permanecer conectado de por vida a un ventilador mecánico y a un marcapasos diafragmático. Difícilmente podría recuperar el habla y no podría hacer ningún movimiento del cuello para abajo. Los disparos le seccionaron la médula espinal y le dejaron tetrapléjico. Pero hoy ya no necesita el marcapasos ni el ventilador, ha podido volver a hablar y logra hacer leves movimientos con los dedos de las manos y de los pies. “La vida hay que lucharla hasta el final”, repite constantemente desde que recuperó el habla.

El impulso de Dios y de la santísima Virgen es lo que le ayuda a sobreponerse en todas las dificultades.  Y aunque no puede moverse del cuello para abajo, de alguna manera sigue entregándose a su gran pasión que es el fútbol. Hoy, con su silla de ruedas, da clases teóricas de fútbol en dos institutos tecnológicos de Medellín y Caldas. Durante el mundial de Sudáfrica 2010 fue comentarista para un canal local de televisión y es columnista deportivo del diario El Espectador de Bogotá. Como no puede escribir, le dicta sus artículos a su esposa o a algún voluntario.

“En la salud y la enfermedad”

Adriana confiesa que recientemente estuvo en una boda  “y justo cuando se cumplía el rito del matrimonio y los novios hacían sus promesas: ‘en la salud, en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza’...,  yo pensaba, que realmente en mi matrimonio he pasado por todos esos momentos”.

Cuando Luis Fernando fue herido de muerte, Adriana, oró a Dios diciendo: “si es tu voluntad, llévatelo, que en mejores manos no puede estar, pero, si quieres, déjalo, que lo vamos a acompañar”.

La experiencia de la enfermedad cambió completamente la vida de Adriana: “Tuve que dejar los vestidos elegantes del trabajo, la oficina, los horarios, la rutina para dedicarme a cuidar a mi esposo”. Adriana trabajaba en una entidad bancaria, que le otorgó hace seis años una licencia remunerada para que cuide a su marido. “No tengo cómo pagar el gesto que han tenido conmigo”, dice.

Cuenta que la clave para aceptar el cambio que esto le ha dado en su vida es “hacerlo todo con amor”, así como “aceptar que cada día trae su afán” y, por otro lado, “jamás sentir que esto se hace una carga”.

“Cada gesto que hago, lo quiero hacer pensando en su recuperación, no mirando las cosas negativas. Eso vuelve a las personas amargadas”, asegura la esposa de El Profe.

Adriana dice que la lenta pero satisfactoria recuperación de Luis Fernando “me inyecta de fuerzas y me muestra que estamos en la lucha. Me hace ver que Dios me da cosas muy grandes, que nos está escuchando y así nos vamos fortaleciendo”.

trofeoProfesionales y amigos

Además de un equipo de médicos y profesionales que han estado detrás de la recuperación de Luis Fernando Montoya, el técnico de fútbol ha contado durante estos seis años con la ayuda de la terapeuta Cecilia Inés Granada, religiosa de la comunidad de las Hermanitas de la Anunciación, que al enterarse de la noticia del atentado decidió llamar a la clínica donde estaba internado para ofrecer su ayuda.

“Además de la terapia empecé a llevarle la Sagrada Comunión con el permiso del párroco”, dice la religiosa, especialista en reflexiología. “Desde el principio le dije: usted tiene que recibir al Señor que es nuestra fuerza”.

La hermana Cecilia, de hábito blanco y velo negro, viaja todos los lunes desde Medellín con la psicóloga Clara Micolta, quien aprovecha para escuchar y aconsejar a El Profe. Para ella esta experiencia es “como poner el amor en movimiento” y para Luis Fernando la ayuda de la religiosa es “como el ángel que llegó del cielo” que le ha permitido mover los dedos de los pies y manos: “Después de todas las operaciones que me han hecho me doy cuenta de que Dios nos creó tan perfectos que todo nuestro organismo es hecho con una exactitud que ni nosotros mismos nos damos cuenta. El solo hecho de poder caminar o movernos es algo hermoso. Al ver el aparato circulatorio, vemos que fuimos creados de una manera precisa, de un modo detallado, como Él nos quiere a nosotros”.

Es verdad que Luis Fernando ganó para su equipo, el Once Caldas, una anhelada copa sudamericana, pero ahora ha ganado para sí mismo y sus seres queridos el campeonato de la vida, de la esperanza y de la confianza en Dios; el valor de las cosas esenciales, que es lo que más ha aprendido en estos siete años de lucha por sobrevivir, como él mismo dice.

©Revista HM º163 Noviembre/Diciembre 2011

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