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Experiencias

Mamá, hemos llegado

Por Hna. Emma Haynes, SHM

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Conozco a alguien que, por tener mala salud, una cosa muy simple como es subir las escaleras se convierte en un acto heroico y en ocasiones en algo casi imposible. Las sube poco a poco con mucha dificultad mientras reza Padre Nuestros y Ave Marías. A veces no sabe si va a llegar arriba. Cuando llega al descansillo, su mirada se dirige al cuadro de Nuestra Señora de Guadalupe, que lo preside y con corazón de hijo dice: “Bueno, Mamá, aquí estamos, hemos llegado”.

Su confianza en el Señor y en Nuestra Madre es lo que hace que siga adelante y lo que hace que, a pesar de ir perdiendo cada día más y más fuerzas, se enfrente con las escaleras y se ponga a subirlas hasta que ya realmente no pueda más.

Nuestra vida puede parecer a veces como subir las escaleras para esta persona: ardua y difícil, y la meta nos puede parecer a veces inalcanzable. Sin embargo, hemos de continuar con fe y con perseverancia sabiendo que no estamos solos. Desde fuera podría parecer que esta persona enferma sube sola y que su único apoyo es el pasamanos al que se agarra, pero si miramos de cerca vemos que le sigue la mirada de alguien que le ama, le anima y le ayuda, la mirada de una Madre. Esta Madre es la Virgen Santísima. Pasa lo mismo en nuestra vida, Ella está. Ella no cesa de mirarnos, y su mirar no es un mirar pasivo sino muy activo, cuando nos mira nos está también ayudando, asistiendo, sosteniendo. Puede ser que esta presencia se sienta más o menos pero no hemos de dudar de ella. Tantos santos han hecho de sus vidas verdaderamente vidas marianas, acercándose a María para estar más cerca de Jesús. Hagamos nosotros lo mismo. Si continuamos siempre hacia delante mirando a Jesús y María podremos subir esas “escaleras” que llevan al Cielo y llegaremos y diremos también nosotros a la Virgen: “Mamá, aquí estamos, hemos llegado”.

©HM Magazine; nº193 November-December 2016

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