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Experiencias

Tan sólo un examen

Por hna. Kristen Gardner, S.H.M.

Tan sólo un examen podría haber causado que el plan de Dios sobre mí se fuera al garete. Es un poco difícil de creer, ¿no? Sin embargo, es verdad.

Justo después de cumplir quince años, descubrí que Dios me llamaba a ser Sierva del Hogar de la Madre. Después de oír por primera vez la voz de Dios, tardé bastante en aceptar interiormente esta vocación que Dios me había dado. Pensé, por ejemplo, que las hermanas comían pescado y yo lo odiaba. Pensé en lo que yo quería estudiar en la universidad. Pensé en los libros que yo quería escribir. No obstante, después de unas semanas de conflictos interiores, yo sabía que tenía que aceptar la voluntad de Dios sobre mí. Dije "sí" y un torrente de paz inundó mi alma.

Pero el combate no estaba terminado. Empezaron las luchas interiores de decidir cuándo entrar porque, claro, yo sólo tenía quince años. Sabía que si les preguntaba a mis padres me darían el permiso para entrar a los dieciséis. Pero, ¿era realmente necesario? ¿Por qué no esperar hasta que tuviese dieciocho? ¿O hasta después de la universidad? ¿Qué más daba? Dos años más o dos años menos… no podría haber mucha diferencia, ¿no? Así podría tener algunos años más para hacer lo que quisiera. Y después, por supuesto, seguiría al Señor y le daría toda mi vida.

Intentaba convencerme de que eso estaba perfectamente bien. Sin embargo, mi conciencia me decía que Dios me había llamado a los quince años por alguna razón. Yo no tenía ni idea de cuál podría ser esa razón, pero sabía que Él la tenía y lo que Dios quería es que me fiase de Él. Con la gracia de Dios, decidí entrar en las Siervas en cuanto cumpliera dieciséis años y no esperar más.

No puedo ni empezar a contar cuánta gente me decía que estaba siendo imprudente, entrando tan joven. “Espera algunos años más” me decían, “gana un poco más de experiencia de la vida”. “¿Cómo puede ser que sepas lo que Dios quiere de ti siendo tan joven?” ¿Acaso el pastor no sabe por dónde llevar a sus ovejas? Si las ovejas no obedecieran al pastor, se meterían en un lío. Yo siempre respondía a su incredulidad con un acto de pura fe, “sé que Dios me ha mostrado mi vocación a los quince años por alguna razón. Así que, voy a seguirla cuanto antes.” Lo que parecía imprudencia a los ojos del mundo era en realidad prudencia a los ojos de Dios.

Entré de candidata en las Siervas el día que cumplí dieciséis años. ¡Qué alegría! Yo sabía que estaba haciendo la voluntad de Dios, aunque todavía no entendía por qué me había elegido cuando lo hizo. Le pedí que me mostrase la razón si Él quería. De todas formas, en ese momento, me daba igual. Me sentía tan feliz como Sierva que estaba encantada de que el Señor me hubiera permitido empezar a vivir esa vida siendo tan joven.

Un año después de entrar, volví a mi casa, a los Estados Unidos, para hacer un examen, necesario para entrar en la universidad. Es el SAT. No es lo único que determina a qué universidad puedes ir, pero es bastante importante. Cuando recibí los resultados del examen, mi nota era bastante alta, más alta de lo que yo había imaginado. Del máximo, que son 1600 puntos, yo había obtenido 1520.

Además, mi nota de selectividad fue la máxima que se puede sacar. De pronto, me di cuenta de que yo podría ir a cualquier universidad. Todas las puertas se me abrían. Podría estudiar lo que quisiera y todo lo que quisiera. No os podéis imaginar qué grande era esta tentación sin conocerme. Es que, me encanta estudiar. Podría estar en una habitación llena de libros y me quedaría allí todo el día sin pensar ni en comer.

Así que, cuando recibí los resultados del examen, todos estos pensamientos invadieron mi cabeza. Nunca he tenido una tentación tan grande. Podría estudiar, dedicarme al estudio. Al mismo tiempo, acababa de sacarme el carnet de conducir. Recuerdo que un día tenía que ir a la biblioteca para buscar algo. Cogí un coche y me fui. Ese momento fue el momento de prueba más grande que he tenido contra mi vocación. No me di cuenta hasta que no llegué a la biblioteca, pero cuando percibí la posibilidad de poder ir allí cuando quisiera y leer todo lo que yo quisiera… Se estaba oscureciendo la llamada de Dios. Al darme cuenta, casi salgo corriendo de la biblioteca. Gracias a Dios, Él me dio la fuerza para permanecer fiel a mi vocación. Sabía que sería directamente decir ‘no’ a Dios. Ya había experimentado la vida de Sierva y sabía que no sería feliz viviendo otra vida. Dios había robado mi corazón para Sí y me dejaba ver que era una tentación del demonio.

Comprendí entonces que, si no hubiera entrado en las Siervas a los dieciséis, no lo habría hecho nunca. Si hubiera esperado dos años más, hasta que tuviese dieciocho, habría hecho el examen, habría ido a la universidad y empujado mi vocación aún más hacia el futuro. No habría tenido la misma claridad de visión para ver mi vocación. Mis estudios habrían tomado el primer lugar en mi vida. Y, como todos sabemos, muchas veces las cosas que dejamos para más tarde, nunca las hacemos.

Así que, debemos confiar totalmente en el Señor. Él sabe lo que es mejor para nosotros. Pero, confiar en Él significa seguirle. “Si hoy escuchas la voz de Dios, no endurezcas tu corazón.” Si Dios te llama, síguele. No esperes. Esperar puede tener consecuencias terribles.

©Revista HM º125 Julio/Agosto 2005

Hermana Clare

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¡Feliz cumpleaños, Hna. Clare!

Hoy la Hna. Clare hubiera cumplido 37 años. Desde su conversión solo tuvo un deseo: consolar al Señor con su vida.

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