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Experiencias

El sacerdote

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El sacerdote

Por Hna. Paqui Morales, S.H.M.

No puedo hacer otra cosa que dar gracias a Dios por los sacerdotes, por tantísimos sacerdotes buenos, que desgastan su vida por el bien de las almas.

Si hoy preguntase a alguien: ¿Qué es la Iglesia? No me extrañaría escuchar una respuesta de este tipo: «Un grupo de pedófilos que lo único que hacen es abusar de niños indefensos». Parece que se está intentando mostrar una faceta bastante distorsionada de la Iglesia y en concreto del sacerdocio.

Yo conozco muchos sacerdotes, muchos buenos sacerdotes, muchos sacerdotes viviendo en una auténtica tensión de santidad. No conozco ninguno que haya abusado de nadie y, sin embargo, parecería que a cada paso nos podríamos encontrar con uno. Los medios de comunicación, prensa, internet, redes sociales, e incluso los medios «católicos» de información, parecen no encontrar más noticias que aquellas relacionadas con «sacerdotes pederastas ».

Cuando estudiaba Trabajo Social en la universidad, en clase de psicología social nos explicaron que experiencias vividas como víctimas en la infancia, suelen repetirse en la edad adulta como agresor. Es decir, que cuando un niño ha recibido malos tratos en la infancia, suele ejercerlos sobre sus hijos; cuando uno ha recibido abusos en la infancia, suele repetirlo en la edad adulta. Esto me ayudó a ver al agresor también como una posible víctima, no a justificar el acto malo, que no es justificable, pero sí a intentar ver más allá. Parece que esto es válido excepto si la persona es un sacerdote. Parece que toda persona que ha cometido un grave error o grave pecado, sigue siendo objeto de misericordia, excepto si es un sacerdote.

Otra cosa que aprendí en Derecho Penal es la supuesta inocencia hasta que se demuestra la culpabilidad. Una vez más parece que se da excepción si el supuesto culpable es un sacerdote. En los medios de comunicación, se publican continuamente nombres de sacerdotes e incluso obispos sospechosos de abuso, dando por supuesta la culpabilidad incluso antes de haberse realizando un juicio. Así tenemos, entre otros muchos, el caso del obispo Kevin C. Rhoades , acusado de abusos porque en los años 70 en un viaje a Hispanoamérica le acompañó, además de otro sacerdote, un joven de 20 años. Las acusaciones las hizo el primo de la supuesta «víctima» , ya fallecida, porque el hecho de que su primo acompañara en un viaje al sacerdote era motivo suficiente para sospechar de un abuso. Tras un proceso judicial, se declara su inocencia , contando entre otras cosas, con la declaración de la madre del joven, que reafirma que su hijo aprovechó el viaje del sacerdote, con quien la familia tenía lazos de amistad, para que fuese a visitar a unos parientes. Sin embargo, a la luz de los medios de comunicación, el nombre de este obispo ya había figurado como uno más de los sacerdotes que abusan de niños.

ELSACERDOTE2 Estoy absolutamente de acuerdo con la «tolerancia cero» en el tema de abusos de menores, sea en el campo que sea: familiar, educativo, deportivo o pastoral, que dicho sea de paso, es en el que abundan menos los casos de abuso, aunque curiosamente sean los más publicados. ¿Qué hay detrás de todo eso?

No creo que sean simplemente un acto de humildad en el que se hace reconocimiento de la culpa de miembros de la Iglesia y se manifiesta el apoyo a las víctimas. Imagino que en ciertas personas esa es la intención, pero me parece que no hay que ser demasiado inteligente para ver una intención más allá.

Con esta supuesta campaña de trasparencia, en la que salen a la luz muchos casos comprobados y aún muchos más sin comprobar, se está generando una desconfianza, un rechazo e incluso odios, hacia los sacerdotes. Si esto se logra, se aparta a las personas de los sacramentos, ya que recibimos la gracia a través del sacerdote. Decía el Santo cura de Ars: «Aparta al sacerdote de un pueblo y pronto los verás gemir bajo las patas del diablo». ¿No será que se intenta separar al pueblo de sus pastores, para separarle de los sacramentos, de la vida de la gracia, del mismo Jesús?

Yo estuve años rechazando a la Iglesia, y con un especial rechazo a los sacerdotes. Esto me mantuvo años sin confesión y sin recibir a Jesús en la Eucaristía. Solo cuando aprendí a amarlos, pude de nuevo recibir la gracia a través de los sacramentos.

No puedo hacer otra cosa que dar gracias a Dios por los sacerdotes, por tantísimos sacerdotes buenos, que desgastan su vida por el bien de las almas. Gracias a Dios por tantos sacerdotes de los que recibo buenísimos ejemplos. Debo pedir perdón a Dios por lo poco que rezo por ellos, y pedirle misericordia por los que han caído en la infidelidad y que esperan también su perdón.

 

©Revista HM; nº205 Noviembre-Diciembre 2018

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