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Experiencias

Reproducción asistida: ¿Y la salud del bebé qué?

REPRODUCCIONASISTIDA

Por Hna. Beatriz Liaño, S.H.M.

Hace unos años me encontré frente a una situación bastante complicada. Una persona, que tenía un puesto de cierta responsabilidad en la parroquia en la que yo colaboraba, comenzó el proceso para llegar a tener un hijo a través de las técnicas de reproducción asistida (TRA). Era una persona conocida y su decisión generó mucha confusión en el seno de la comunidad parroquial.

Sé que muchas veces se actúa por ignorancia, sin maldad, y que se toman decisiones con buenas intenciones, pero a veces esas intenciones están profundamente equivocadas. El hecho de moverse en un entorno parroquial no siempre significa que la persona está bien formada en cuestiones de moral. Por eso quise hablar con ella, sin pretender ser juez de nadie, buscando su bien. Me acerqué y le pregunté si era consciente realmente de lo que estaba haciendo. Su respuesta – tajante– fue: «Sí, pero quiero ser madre». Traté de razonarla: «Pero, ¿te das cuenta de que para tener un hijo vas a matar a varios hijos tuyos?». Me basaba para ello en datos médicos que confirman que para que llegue a nacer un niño mediante las TRA, es necesario, en los casos más favorables, haber empleado una media de veinticuatro embriones (cfr. Antonio Pardo. La fecundación in vitro). Voy a traducir esto para que se entienda correctamente: Veinticuatro seres humanos muertos en el proceso para que uno llegue a nacer. Ella repitió su estribillo: «Sí, pero quiero ser madre». Yo me estremecí ante su respuesta. Con un hilo de voz le propuse: «Pero si quieres ser madre, ¿por qué no adoptas en lugar de hacer esto?». Me contestó: «Mira, Hermana, con mi historial psicológico, a mí no me van a dar un niño en adopción. Y yo quiero ser madre». Se dio media vuelta y se fue. Me dejó en los labios una pregunta más: «Si no tienes capacidad psicológica para adoptar, ¿la tienes para engendrar un hijo en un laboratorio?».

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Nunca he olvidado esta conversación, porque me hizo consciente de la gran cantidad de problemas éticos que se abren en torno a las TRA. Soy consciente del dolor y sentimiento de frustración que puede suponer para una pareja el descubrirse estériles. Pero no somos dueños de la vida y los hijos son un don, no un derecho. Y claro que deben alentarse las investigaciones que intentan reducir la esterilidad humana (Catecismo de la Iglesia Católica 2375), a condición de que se pongan «al servicio de la persona humana, de sus derechos inalienables, de su bien verdadero e integral, según el plan y la voluntad de Dios» (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, intr. 2). Pero la fecundación artificial no es el camino, porque la fecundación artificial lesiona gravemente la dignidad humana. No estoy diciendo con esto que los niños nacidos a través de estas técnicas son seres humanos indignos. No. Lo que es indigno del ser humano es precisamente ser engendrado así. «Solo la unión sexual íntima y amorosa entre un hombre y una mujer —si es incondicional— puede constituir la causa digna de la existencia de un ser humano. Y tal unión y requisito de incondicionalidad están ausentes en la fivet». Esta última cita no es del Catecismo de la Iglesia Católica sino de un biólogo, Emilio García Sánchez, que conoce muy bien los laboratorios y los tubos de ensayo (cfr. Emilio García Sánchez, «¿Es un acto de amor humano la fecundación in vitro? Una propuesta de análisis ético»).

Seguramente hay mucha gente que no es capaz de valorar en su justo peso la afirmación que acabo de hacer: «La fecundación artificial lesiona gravemente la dignidad humana ». Estamos desarrollando unas técnicas sin pararnos a reflexionar sobre sus consecuencias. Pero consecuencias hay, en primer lugar a nivel moral –que obviamente son las más serias– pero, ante la pérdida del sentido del pecado que impera en nuestra sociedad, quizás haya quien valore más las consecuencias en términos de salud para los niños nacidos a través de las técnicas de reproducción asistida (TRA). Pues bien, los riesgos para la salud de los niños son muchos y graves. Son datos que no se quieren difundir demasiado, datos que se maquillan y colorean para que no parezcan tan serios, pero son datos científicos ante los que no podemos cerrar los ojos, aunque así lo pretendan quienes han hecho del sufrimiento de una persona estéril un provechoso negocio para sí mismos.

Puede haber quien se pregunte si los problemas de salud en los niños engendrados por TRA son ocasionados por la técnica en sí o por los motivos que hacían infértiles a sus padres. La respuesta es que, tanto una cosa como la otra, provocan daños en los embriones. Los problemas son muchos y múltiples. Jugamos a ser dioses, pero no lo somos, y las consecuencias de nuestros actos se nos escapan de las manos. Después de casi cuarenta años de experiencia en TRA, con tiempo más que de sobra tanto para estudiar los resultados de la técnica como para mejorar sus deficiencias, los resultados de los estudios son más que preocupantes. Hay problemas que se detectan antes del nacimiento, problemas que se detectan tras el nacimiento, y problemas que van aflorando solo al cabo de los años, a más largo plazo. Las estadísticas hablan por sí solas, y en este caso no hay miedo de que hayan sido infladas.

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¿Qué tipo de enfermedades podemos encontrar en los comúnmente llamados «niños probeta »? Pues casi todos los que podríamos encontrar en niños engendrados de forma natural, pero en proporciones siempre más altas. Un trabajo publicado en The New England Journal of Medicine con el estudio de más de 300.000 niños, de los que 6.163 habían sido generados por TRA, pone de manifiesto que el riesgo de nacer con algún tipo de defecto es mayor (8,3%) con cualquiera de las técnicas de TRA que cuando son engendrados (5,8%). Existen además diferencias significativas según la TRA empleada: con la fecundación in vitro (FIV) fue del 7,2%, mientras alcanza un 9,9% con la inyección intracitoplasmática (ICSI). En concreto encontramos:

- Muchos problemas cardiacos: se calcula un riesgo tres veces mayor de defectos congénitos del corazón.

- Un 8,8% de los niños TRA sufren alteraciones cromosómicas, frente a 4,2% en niños engendrados naturalmente.

- El tratamiento por ICSI aporta un riesgo más de tres veces mayor de anormalidades cromosómicas que el de los concebidos naturalmente.

- Bajo peso al nacer, lo que genera hipotensión que afecta al desarrollo neurológico. Esto ocurre tanto en los nacidos de embarazos simples como de embarazos múltiples.

-Mayor riesgo de sufrir parálisis cerebral, mayor prevalencia en el retraso mental y la disfunción ocular severa asociados a esta enfermedad, así como trastornos del espectro del autismo.

- Malformaciones congénitas: el factor de riesgo es 9,85% para las gastrointestinales, 2,30% para las cardiovasculares y 1,54% para los defectos músculo esqueléticos.

- Malformaciones del tracto genital masculino asociadas a la esterilidad masculina paterna y que fueron generados por ICSI; el riesgo es mayor del 5% frente a menos de 1% de los engendrados en forma natural.

- Los defectos congénitos clasificados como «defectos de blastogénesis» tienen lugar en las 4 primeras semanas de desarrollo del embrión. Originan defectos del tubo neural, de la pared abdominal, atresia esofágica y atresia anal. No tienen causa genética. Están presentes en 1 de cada 160 embarazos de TRA en comparación con 1 por cada 400 de los nacidos engendrados de forma natural, lo que plantea que sean debidos al cambio del entorno natural por el medio ambiente en que se desarrolla el embrión con las TRA.

- Existen algunos síndromes, muy poco frecuentes en la población general y que, sin embargo, se han visto con frecuencia en los niños nacidos tras las técnicas de reproducción asistida. Por ejemplo, el síndrome Beckwith–Wiedemann se caracteriza por nacimiento prematuro, lengua anormalmente larga, hernia umbilical, hipoglucemia neonatal y predisposición a tumores y mayor frecuencia del tumor de Wilms.

- Riesgo mayor de sufrir el tumor infantil retinoblastoma. Un meta análisis ha detectado un incremento del riesgo de Reproducción asistida: ¿y la salud del bebé qué? cáncer en los niños generados por las TRA.

- Hay problemas de salud que aparecen a largo plazo por lo que no son detectables por los estudios sistemáticos que analizan la salud al nacimiento, o a corto plazo de la vida de los nacidos. Algunos defectos tempranos prevalecen a lo largo de la vida como el asma y enfermedades alérgicas, cambios de la presión arterial, aumento de los triglicéridos, glucosa alta en ayunas, aumento de tejido adiposo periférico y aumento en la incidencia de la forma subclínica primaria de hipotiroidismo. Las chicas adolescentes generadas por FIV, tienen desequilibrios hormonales. Estos cambios podrían dar lugar a una predisposición a enfermedades tales como la diabetes tipo II, obesidad y enfermedad cardiovascular.

Estudiar a fondo este tema es una pretensión que rebasa los límites de este artículo, dado la variedad de casos posibles tanto en lo que se refiere a las causas de esterilidad de los progenitores, como al tipo de técnica empleada y otros muchos factores. Las doctoras Natalia López Moratalla, Alejandra Huerta Zepeda y Dolores Bueno López, han preparado un valioso estudio: «Riesgos para la salud de los nacidos por las técnicas de fecundación asistida. La punta de un iceberg», que ha sido publicado por la Asociación Española de Bioética y Ética Médica. A este documento –accesible a través de internet– me remito para los que quieran más información.

Solo quiero añadir una precisión más, que tomo literalmente del documento antes citado: «Estos eventos “in vitro” ocurren durante el período más crítico del desarrollo del embrión naciente, alrededor de su anidación (…)

Es importante tener en cuenta este hecho: el medio modifica el estado del material genético, regulando así –epigenéticamente– la expresión genética».

Vamos a razonar con la cabeza, en vez de hacerlo con la aspiración a ver satisfecho el deseo de ser padre o madre. Si el simple hecho de que una mujer rechace a la criatura que lleva en su seno provoca en ese bebé complicadas heridas psicológicas, ser engendrado en un frío tubo de ensayo en vez de hacerlo en el cálido y protegido regazo materno, ¿no va a dejar heridas y secuelas de todo tipo en los bebés?

Insisto en que conozco de cerca el sufrimiento de quien, queriendo tener hijos, se enfrenta mes a mes con la esterilidad. Pero a ellos recuerdo las palabras que el Catecismo de la Iglesia Católica dedica a este tema: «El Evangelio enseña que la esterilidad física no es un mal absoluto. Los esposos que, tras haber agotado los recursos legítimos de la medicina, sufren por la esterilidad, deben asociarse a la Cruz del Señor, fuente de toda fecundidad espiritual. Pueden manifestar su generosidad adoptando niños abandonados o realizando servicios abnegados en beneficio del prójimo » (2379). La esterilidad puede ser el camino para descubrir una vocación concreta de Dios que no se había descubierto hasta ese momento. La pregunta correcta, por lo tanto, no es ¿por qué?, sino ¿para qué? La esterilidad no es un fracaso, es una oportunidad.

 

©Revista HM; Nº206 Enero-Febrero 2019

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