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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Mamie

El hijo espiritual nº 1 de Mamie

El día 1 de septiembre del presente año, el P. Félix López Lozano, el hno. José Javier Martins de Passos y yo, nos encontrábamos hacia las 11,00 de la mañana concelebrando la Eucaristía en una habitación de un hospital italiano. El nombre del hospital es “Hospital de Borgo Trento”, en la ciudad de Verona.

El día anterior, a las 7,00 de la mañana, habíamos salido de España rápidamente ante la llamada de amigos italianos que nos habían avisado de la extrema gravedad del P. Enzo Bianchi, hijo espiritual de Mamie, y muy querido en el Hogar de la Madre.

Se encontraba en la planta de radioterapia. Entramos en su habitación y saludamos a los presentes, el superior de D. Enzo, D. Giuseppe, dos chicas, un chico, la Dra. Ana, una religiosa que le atendía también y la psicóloga del hospital.

Después de los saludos hablamos un poco bajo la impresión de su estado personal muy deteriorado. Me habían dicho a la entrada que a lo más tendría dos meses de vida. Con dificultad podía hacerse oír y yo casi no conseguía entender sus palabras. Tenía necesidad de que le humedecieran los labios con agua para poder decir algo.

Nosotros llevábamos todo para la misa. Pedimos permiso para celebrar y enseguida organizamos todo. La mesa de altar la trajo la religiosa y el P. Enzo me pide que celebremos en español. Desde su cama de enfermo, D. Enzo concelebra. Le ponemos la estola en la almohada y la dejamos caer a ambos lados de su cuerpo. Él va siguiendo todo el rito sagrado. En la consagración levanta el brazo para consagrar y predico: Debemos ser audaces en la
confianza, en la misericordia divina.

Yo me emociono y lloran también la doctora y la psicóloga. La misa está llena de espíritu. Estamos un rato con él después de la misa. Recogemos y nos vamos.

Al día siguiente, 2 de septiembre, salimos desde Milán donde estamos alojados en la casa de Paolo Braghin, a las 6,30 de la mañana y pasamos todo el día de viaje para regresar a España.

A las 2,40 me llama Andrea Bertotto, hijo de un matrimonio dirigido por el P. Enzo, Silvana y Marco, y me da una noticia que me impresiona: “El P. Enzo ha muerto a las 2,30”. Di gracias al Señor y a Nuestra Madre por habernos movido a hacer este largo viaje de Santander a Milán y de Milán a Verona, para poder llegar a asistir a los últimos momentos de este sacerdote Pavoniano, religioso e hijo espiritual de Mamie. Pensé que nuestra presencia le fue motivo de alegría. Recé por él y se lo comuniqué a todos los que pude para que rezaran por él.

¿ Cuál era la relación del P. Enzo con Mamie?

Conocí al P. Enzo cuando apenas era yo un opositor a cátedra y estudiaba en la casa que la Compañía de Jesús tiene en Villagarcía de Campos (Valladolid). Él era profesor en un colegio que tenían los Padres Pavonianos, en el Barrio del Carmen de esta ciudad. Hombre de espíritu mariano y eucarístico poseía un gran don para ayudar a las almas de los jóvenes, de las que estaba comúnmente rodeado. Tenía un espíritu alegre aunque con cierta tendencia a la melancolía puesto que siendo muy joven se había quedado sin padre.

Era el primer hijo espiritual de Mamie.

Mamie, en agradecimiento por su curación de la parálisis subsiguiente a una operación de cirugía de un embarazo extrauterino, iba todos los años a Lourdes al menos durante un mes, en servicio a los enfermos. Por aquel entonces Mamie conoció a este joven sacer-dote. El momento del conocimiento de este sacerdote se realizó cuando ella empezó a tener una profunda vida interior. Mamie comprendió que su vida debía de dedicarse a los sacerdotes. Este sacerdote era el primero por el cual debía de ofrecer sacrificios y oraciones. Mamie llegaría a tener hasta noventa y nueve hijos sacerdotes, el último de los cuales sería el P. Félix López. Ahora, en aquella habitación, nos encontrábamos unidos en el misterio del sufrimiento, tres de los hijos espirituales de Mamie: el primero, que lo recibió Mamie en Lourdes, el último, en el monasterio de las Victorias, Cuenca, después de ser ordenado diácono, y el número 43 que soy yo, que hubiera querido ser el número uno y que sólo pudo ser el uno bis.

Me quedé impresionado de la Providencia divina y adoro los designios misteriosos por los que Dios gobierna nuestras vidas para gloria suya y para bien de todos.

©Revista HM º127 Noviembre/Diciembre 2005

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