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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Mamie

Mamie y la catedral de Toledo

Por D. Rafael Alonso

Muchas veces fue Mamie a Toledo antes de residir por un tiempo en la ciudad imperial. Le gustaba ir a varios lugares de culto: la catedral, la Iglesia de san Juan (los jesuitas), la iglesia de san Miguel, adscrita a la parroquia de los Santos Justo y Pastor y a una pequeña ermita que era una minúscula parroquia bajo el patrocinio de san Julián. También íbamos ocasionalmente a otras varias. Porque Toledo tiene una rica historia de espiritualidad católica.

Las ocasiones para ir a la catedral eran muchas porque era el lugar de muchas celebraciones litúrgicas, sobre todo de ministerios y de ordenaciones sacerdotales. Allí teníamos siempre una costumbre: ir a rezar en el trascoro, delante de un bajorrelieve policromado representando a Cristo recién descendido de la cruz ante las miradas apenadas de su Madre, la Virgen María, de san Juan y de algunos otros personajes que mostraban como símbolo de la crucifixión unas grandes tenazas negras que ponían espanto en el alma de quien las contemplaba.

Allí en el silencio imponente en el que se oía apenas el ruido del paso de algun visitante orábamos profundamente. Existía en aquel tiempo un reclinatorio para poder quedarse un rato en oración reposada y tranquila. Parecía que se detenía el tiempo.

Era una buena costumbre el poner aquel reclinatorio porque el alma cristiana no sólo ora delante del Santísimo sino también delante de aquellas imágenes que le hieren particularmente en su sentido religioso y que le sirve para recordarse de cuanto le ha costado al Señor. Así lo hacíamos nosotros. Allí mismo, detrás de este bajorrelieve, se encuentra el templete que conmemora el hecho mas importante para el pueblo toledano: la bajada de la Virgen Santísima en medio de ángeles para imponerle a San Ildefonso de Toledo una casulla que se conservó hasta la llegada de la invasión musulmana. De allí pasaría al norte de España venerándose esta reliquia en la catedral de Oviedo hasta un incendio que hubo en el siglo XIII que la destruyó. Ibamos allí para rezar un Avemaría o una Salve en agradecimiento por este don tan grande que hizo la Virgen Santísima a este gran santo que siempre ha sido venerado por el pueblo toledano.

Mamie ha tenido una gran devoción a los santos. Y de hecho siempre que salíamos a alguna parte fue para visitar algún lugar santificado por ellos. Por ello no es de extrañar que estando en Toledo visitara con gran fervor espiritual la catedral tan llena de presencia de estos santos. Pero no sólo era allí donde íbamos sino también a la capilla de la Virgen del Sagrario, que está dentro de la misma catedral. Recuerdo a Mamie arrodillada, con el crucifijo que siempre llevaba en sus manos, profundamente recogida rezando en una intimidad que denotaba el alto vuelto de su espíritu. Verla rezar así en este lugar tan sagrado impulsaba a intentar uno mismo el mismo vuelo del espíritu para llegar también hasta el Señor. Al verla rezar cualquiera pensaba que era fácil orar. Sentía uno también cómo su alma se elevaba y no podía resistir a la fascinación del recogimiento. De tal modo esto era así, que al salir de la capilla se envolvía uno en el silencio, como prolongando un tiempo que no se deseaba que desapareciera.

©Revista HM º135 Marzo/Abril 2007

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