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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Mamie

Mamie y la navidad

Por D. Rafael Alonso

Año tras año la Iglesia celebra la Navidad, es decir, el nacimiento de Nuestro Señor en el portal de Belén. Y año tras año se quiere hacer de la fiesta religiosa un lejano recuerdo sustituido por los turrones, el champagne, y las mesas abundantes en todo tipo de viandas; las calles adornadas por miles o millones de bombillas, según la importancia de la ciudad, las películas a estrenar, y las canciones a lanzar…

Mamie también vivía la Navidad pero de otro modo. Ciertamente la alegría era profunda, no de escaparate. Fundamentada en Dios, en su llegada a este mundo. La celebración religiosa era la que determinaba la alegría.

He vivido con ella las navidades en Santander, en Toledo, en Rielves,…Voy a relatar una de tantas veces como celebramos la Navidad en Rielves, mi parroquia.

Cuando llegaban las fechas del Adviento Mamie sacaba su pequeño nacimiento: una casita de madera, el Niño en su cuna, la Virgen y san José, la mula y el buey, y los tres reyes Magos. Lo ponía en lugar destacado de la casa. Y frecuentemente lo miraba y oraba ante él. Yo he “heredado” ese nacimiento y lo saco también todos los años. Cenábamos en casa una comida algo más extraordinaria de lo común. Y oíamos villancicos. Recogíamos y enseguida nos preparábamos para la Misa del Gallo, es decir, de Medianoche. Generalmente venían los “incondicionales”: Reme, Conchi, Ana, Félix,… y otros. E íbamos a celebrar juntos al pueblo que tenía encomendado pastoralmente: Rielves. Allí el grupo de jóvenes –Luis, Montse, Manolo…- habían preparado un portal de Belén grande y muy bien ambientado con paja, tejidos rotos, ventanas desvencijadas, cestos y capazos, candiles antiguos, una vieja banqueta, piedras, musgo, luces,… Estaba allí mi acólito, hoy el P. Juan, con sus catorce años, colaborando silenciosa y eficazmente en todo lo necesario. Nos estaban esperando. Sonaban villancicos tradicionales en la Iglesia. ¿No es verdad que el hecho de que te esperen con deseo es ya en sí una alegría para el hombre?

Mamie saludaba a cada uno. Les daba un beso. Les animaba y reconocía su trabajo por adornar bien el Portal de Belén. Se establecía enseguida una atmósfera de amistad que hacía olvidar la gélida noche. El frío físico se hace sentir, pero nos podíamos guardar con prendas de vestir apropiadas y suficientes.

He pensado cómo Dios nos espera. Y cuántas veces no vamos. Celebramos algo sin invitar a quien homenajeamos.

Sonaban los toques de las campanas. Llegaba la gente. Ocupaban sus bancos. Yo me revestía. Y comenzaban los ritos de siempre con aire de fiesta e inocencia. Mamie los vivía intensamente. Dando a Dios-Niño su corazón. Se notaba un recogimiento especial. Llevaba su abrigo y su pañuelo en la cabeza, como siempre. Pero el rostro se iluminaba de un modo especial. Era la Navidad. Y en este día ella tenía al Niño Jesús más cerca que nunca. Era Dios con nosotros. Cuando al acabar la misa, después de haberle recibido en la comunión, se acercaba a besar al Niño, mientras sonaban los villancicos, cogida del brazo de Reme, un gozo inusual la embargaba. Verdaderamente para ella era también Navidad.

©Revista HM º139 Noviembre/Diciembre 2007

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