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Mamie

Mamie y Lourdes

Por D. Rafael Alonso

Quizás llegaran a 50 las veces que Mamie y yo hemos visitado el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes a lo largo de su vida. Con amigos, con peregrinaciones organizadas por el Hogar de la Madre, nosotros dos solos,… sanos, enfermos,… Incluso con el pie que se le había gangrenado por la diabetes y la mala circulación de la sangre,… y después cuando ya no tenía el pie, antes de morir.

El Santuario de Lourdes, objeto de tantas peregrinaciones, era para ella el lugar preferido entre todos los que habíamos visitado. Aquí, Nuestra Madre le había hecho la gracia de su curación de la parálisis que sufría por descalcificación de dos vértebras lumbares. Y había ido regularmente todos los años para hacer un mes de servicio a los enfermos, con cargo a sus propios fondos, alojándose en el hotel de la Basilique, muy cerca de la puerta lateral izquierda del Santuario. Para sus gastos su marido François Treuttens que la quería y la respetaba entrañablemente la abastecía sobradamente. Por esos servicios de voluntariado le dieron la medalla de la Hospitalidad de Notre Dame de Lourdes que yo conservo en casa como un tesoro.

Lourdes, tan querido de Mamie, tiene un corazón: la Gruta, el lugar físico de las Apariciones de Nuestra Señora a santa Bernardeta Soubirous. Es una apertura en la montaña en la que se refugiaban una piara de cerdos en tiempos de la santa, con algunos huecos y aberturas a la altura de dos o tres metros. Y en una de ellas, donde está colocada una imagen de la Virgen, santa Bernardeta, el 11 de Febrero de 1858 vio una luz resplandeciente y una forma humana que ella llamaba “Aquero” (Aquello), que le diría su nombre en la 15 aparición, de las dieciocho que tuvo: Soy la Inmaculada Concepción. Fue el párroco Mn. Peyramale que le dijo que si quería que la creyese que le preguntase el nombre a esa señora y que hiciese florecer el rosal silvestre que había en la gruta (era pleno invierno). La Virgen le dijo que esto último no lo necesitaba.

Allí íbamos siempre a orar.
Cuando descubrí el lugar donde ella se colocaba para rezar –actualmente recordado con un pequeño mosaico en el enlosado anterior a la Gruta-, allí me ponía yo también en recuerdo y agradecimiento de la visita que nos hizo la Inmaculada.

Además de la Gruta, la Basílica de la Inmaculada Concepción (Basílica Superior), mandada construir por Mons. Laurence, el obispo contemporáneo de las apariciones, era para nosotros un lugar “obligado” de visita. Especialmente la capilla de los ucranianos que estaba entonces a la entrada a la izquierda y que posteriormente se le dio otros usos.

Este año se celebra el Año Jubilar por el 150 aniversario de las apariciones. Mamie no está. Nos dejó el 4 de agosto de 1994. Pero su recuerdo está presente en nuestros corazones. Ella nos ha contagiado el amor por Lourdes. Nos ha comunicado una misma sintonía. Nosotros no hemos sido curados de enfermedades corporales, pero siempre que vamos allí nos sentimos invadidos de serenidad, de paz, y de impulso espiritual para seguir viviendo nuestra vida cristiana. Lourdes es un foco de curación no sólo física sino espiritual. La presencia de la Madre se hace sentir. La sintió Mamie, la sentimos nosotros y por ello nos alegramos como ella.

©Revista HM º141 Marzo/Abril 2008

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