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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Mamie

Mamie y los sacerdotes

Mamie recibió la misión de rezar y ofrecerse por los sacerdotes.

Era Nuestra Madre quien le daba sus hijos espirituales. Y poco a poco, a lo largo de la vida iban apareciendo, no de manera fortuita sino providencial, aquellos por los que tenía que ofrecerse y rezar. Sacerdote a sacerdote, y hasta tres obispos. Ella fue fiel a su misión. Jamás la abandonaba. Sabía lo que el Señor esperaba de ella y lo realizaba día a día.

Sabía que tendría noventa y nueve hijos sacerdotes. El primero fue en Lourdes, y era un religioso pavoniano de nombre P. Enzo Bianchi y el último fue el P. Félix López, Siervo del Hogar de la Madre, el mismo día en que fue ordenado diácono el 13 de Julio de 1993, el año anterior de la muerte de Mamie. D. Rafael Alonso hacía el número cuarenta y tres y con él comenzó su misión espiritual antes de que entrara en el seminario.

El elenco de hijos sacerdotes en el orden del espíritu lo llevaba en un cuaderno, que era además su agenda personal. Esa agenda se la robaron en Milán, cuando tenía algo más de sesenta direcciones de otros tantos hijos suyos. Fue un día tristísimo para ella. No era el valor material del cuaderno lo que la compungía, sino que en él guardaba su más preciado tesoro: el recuerdo de cada hijo por el cual debía rezar e incluso comunicarse para alentarlos y animarlos en sus tareas ministeriales, a veces tan pesadas. Para ella cada uno era un hijo al que debía sostener, consolar y ayudar con el sacrificio y la oración.

Algo muy curioso y a la vez muy bonito es que en marzo de 2007 recibimos un correo electrónico de un señor mejicano que habíamos conocido en Méjico en el año 2001 con motivo de un campamento que realizamos allí. Nos escribía así:

“... Había estado buscando la manera de contactar con ustedes de nuevo desde hace algún tiempo. Tratando de encontrar información sobre Mamie, estuve buscando en internet el Hogar de la Madre y encontré el Website que tienen ustedes. Encontré algunos artículos, en la sección de la revista, pero no la información que necesito... La parte que buscaba es la que habla de cómo Dios había encomendado a Mamie 100 sacerdotes para que rezara y se sacrificara por ellos... y si ustedes me lo permiten, les voy a explicar por qué necesitaba esta información...
Desde que empecé a leer la historia de Mamie este aspecto de su vida me empezó a rondar por la cabeza. Es muy curioso, porque desde entonces, cuando hablaba con algunos sacerdotes o escuchaba algunas homilías, me pedían que rezara por ellos y la imagen de Mamie resaltaba de manera especial... En 2002 hablando con una señora que tiene un site en internet para brindar apoyo psicológico y humano a los religiosos y sacerdotes, ella me invitó a conocer su trabajo, y al final me preguntó: ¿Qué más podemos hacer por ellos? Y entonces las piezas del rompecabezas cayeron en su lugar inmediatamente: ¡podemos rezar por ellos, como lo hacía Mamie!

Entonces diseñamos un servicio por internet en el que los seglares adoptáramos en oración a un sacerdote específicamente, ofreciendo por él algunas oraciones... Total, comenté la idea con algunos sacerdotes y después de algún tiempo y algunas carambolas de Dios, el site se inauguró en internet en Julio de 2003.
Como puede ver, el ejemplo de Mamie ha dado enormes frutos a nivel mundial para los Sacerdotes...”
Actualmente son 6.262 sacerdotes inscritos y 22.732 las personas que están rezando por ellos.

El 7 de abril de 2004 se publicó en el periódico “La Razón” de España, un artículo explicando esta iniciativa y en uno de su párrafos decía, de forma muy breve: “...Como modelo, sirvió el apostolado que realizaba en España una mujer de origen belga, conocida como Mamie, que tenía la misión de orar y ofrecer sacrificios por más de 100 sacerdotes...”

TESTIMONIOS DE ALGUNOS
HIJOS SACERDOTES

P. Enzo Bianchi.
(Pavoniano. Italia)

Toda su apariencia exterior, el natural alegre del que estaba dotada y el inseparable cigarrillo apartaban la atención de su reservada interioridad...
Sin embargo, fue precisamente aquel simpático cigarrillo el cebo que me hizo abrirme a su corazón e iniciar con ella una sólida amistad hasta llegar a ser yo su primer hijo espiritual.
El primer encuentro sucedió en febrero de 1971 cerca de Fátima... Allí, por ditintas circustancias, habíamos confluído numerosos sacerdotes con el fin de participar en un encuentro de oración. En el tiempo reservado para las comidas, Mamie servía celosamente a los sacerdotes... Pero mientras tomaban el café, la peculiar señora Elisabeth se retiraba. ¿Dónde iba? Movido por la curiosidad una tarde no quise perderla de vista y saliendo de casa fui en su busca. Y he aquí que encontré una sombra que movía un puntito rojo. Escondida entre dos coches, silenciosa, pensativa, con los ojos fijos en la luna de aquella noche que era luminosa y deslumbrante, la encontré. Era Mamie... Hice un ruido para asustarla. ¡Finalmente, te he pillado! exclamé sonriendo. Pero ella salió del apuro confesando que el tabaco era el “pecado” que adquirió siendo muy joven debido a diversas circustancias. Así comenzó a desahogarse contándome toda su vida... Como allí no teníamos demasiado tiempo decidimos quedar para otra ocasión. Quedamos en vernos el 15 de octubre en Lourdes.
En la fecha establecida fui al hospital de la explanada en busca de Mamie... y terminado su servicio de dar de comer a los enfermos, me acompañó a la Gruta donde nos arrodillamos delante de Nuestra Madre. La escena fue para mí indescriptible. Mamie dialogaba con la Santísima Virgen María. La Madre de Dios le encomendaba la misión particular de dedicar su vida a todos aquellos sacerdotes que le fuesen confiados, entre los cuales el primero fui yo... tendría que ofrecer a partir de ahora su vida como víctima por las almas, especialmente por los consagrados, sus predilectos. Alegría inmensa para Mamie e incontenible emoción para mí. A lo largo de veintitrés años no faltó nunca a su promesa.

P. Ángel Mª Rojas, S.I.
España

Desde el comienzo me llamó la atención, la concentración y devoción con que rezaba. A medida que penetré más en su intimidad pude comprobar que sólo era la faceta externa de la entrega total con que se había dado al Señor con todo su ser. No le gustaban las cosas a medias y menos en la vida espiritual...
Era una mujer de trato exquisito, que revelaba un corazón maternal. Su sonrisa cautivaba a todos los que trataban con ella, especialmente a los jóvenes... Esa sonrisa tan habitual en ella semiocultaba otra faceta suya: su enorme capacidad de sufrimiento, que apenas manifestaba al exterior.

D. Ramón Rodríguez Alcalde
Sacerdote diocesano. Su confesor.

Quizás su mayor virtud era soportar el dolor siempre con alegría y sencillez. Nunca pensaba en ella, si no, no hubiese vivido como vivió. Era un alma entregada... La misma víspera de su muerte decía: “Tengo muchas ganas de ir con el Señor...”. Lo decía con frecuencia. Al final de su vida vivía más en la presencia de Dios. Decía: “Que Dios me pida todo lo que quiera, yo le doy lo que me pida”.
D. Joaquín Ferrer Arellano
(Sacerdote diocesano. España)

¡Cuánto bien ha hecho su callada ofrenda de alma víctima, escogida por el Señor, a tantos sacerdotes, entre los que me incluyo! Pero los frutos ocultos de su generosa inmolación no podemos conocerlos hasta el cielo, son el secreto de Dios. Aquellos encuentros me ayudaron muchísimo... Todo cuanto me aconsejó me llevó a la paz y a la realización del querer de Dios para mí.

P. Félix López Lozano
Siervo del Hogar de la Madre

Muchas cosas me han impresionado de Mamie en todos estos años (1982-1994) en que he tenido la suerte de convivir con ella. Me resultan especialmente gratos al recuerdo los últimos años de su vida. Cada vez más débil físicamente, pero con esa seguridad interior, con ese optimismo, con esa sonrisa suya en los labios.
Me impresionaba mucho su capacidad de sufrimiento, su generosidad en el dolor, su saber descubrir el sentido sobrenatural de la cruz. Más de una vez al verla enferma y llena de dolores le decía: “Hoy estás un poco pachucha, ¿verdad? -Sí, hijo mío. Me duele todo el cuerpo. Pero todo se lo ofrezco al Señor. Cuando tú sufras no te mires a ti mismo, no te hagas la víctima. Mira al Señor en la cruz y ofrécele todo con amor”.
Otro aspecto que me impresionaba era su gratitud. Siempre estaba dando las gracias a todos y por todo. Sobre todo al Señor y a Nuestra Madre. Sabía dar gracias por las alegrías y por las cruces...
Era impresionante ver rezar a Mamie. No era la suya una oración de palabras grandilocuentes. Hablaba con Dios con toda sencillez, con sumo respeto, poniendo todo su corazón y toda su alma. Vivía su oración.
Por último diré que Mamie me enseñó también a amar el cielo. Nada permanece siempre, sólo Dios. La enfermedad, el dolor físico, la críticas, las incomprensiones, todo pasará.

Mamie decía siempre: ¡Qué bueno es el Señor! Y en esa bondad divina supo vivir y morir.

©Revista HM º143 Julio/Agusto 2008

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