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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Mamie

Cosas extrañas de Mamie

Alguno de nuestros lectores le habrá sorprendido el título de este artículo. No me extraña que se extrañen. Y no me extraña que deseen saber a qué me refiero cuando digo cosas extrañas de Mamie. Voy a intentar explicarme aunque para ello tenga que remontarme un poco lejos en el tiempo.

Cuando yo estaba en el último curso de la carrera de Filosofía y Letras, sección Geografía e Historia, tuve una “enfermedad” un tanto rara.
Sin saber por qué, yo, que era un chico joven y sano, me vi sorprendido por un sarpullido, es decir, un conjunto de granos que producían gran escozor y desazón y que eran dolorosos cuando se rascaban. Estaba por entonces enfrascado en mis estudios y me vino aquello. Frecuentaba las aulas de la universidad de Salamanca, en el Palacio de Anaya y en aquella ampliación que era llamada Anayita.

Aquel sarpullido, cuando salía, no tenía sitio fijo. Unas veces surgía en la cabeza, otras veces en los brazos, en el tórax… en cualquier lugar en el momento más inopinado. Era tal el escozor y el desazón que me distraía en mis estudios y cuando me concentraba en los libros sin darme cuenta me rascaba y se producía un dolor intenso que excitaba cada vez más.

Recurría yo a pequeñas estratagemas para poder mantener mis dedos sin dirigirlos hacia el lugar dañado. Y para ello cogía la guitarra y me ponía a tocar. Pero a veces ni por esas.

Fui al médico y me puso un tratamiento a base de unas pastillas y un granulado. Recuerdo que aquel granulado era de color amarillo. Y cuando lo tomaba me producía una somnolencia tal que era peor el remedio que la enfermedad. El estudio, aun cuando no se resentían las notas, se me hacía sumamente dificultoso. La modorra era tan fuerte que frecuentemente ponía mis antebrazos en la mesa y me pasaba media hora, y a veces una hora, dormitando.

Cuando conocí a Mamie, en una de nuestras conversaciones le dije esta dificultad que yo tenía. Ella me dijo que rezaría por mí al Señor para que me ayudase. Lo extraño fue que al poco tiempo de los rezos de Mamie a mí se me pasó aquella enfermedad. Ya no sentía aquella picazón ni aquellos síntomas que iban en torno a la enfermedad. Recuerdo que cuando me rascaba se producían unos enrojecimientos, según la dirección de las uñas, que duraba un tiempo excesivo a lo que es normal.

Un día se lo dije a Mamie:
- Mamie, ¿sabes que me ha de-saparecido el picor y el sarpullido que me salía?
Y Mamie con una sonrisa un tanto pícara me dijo:
- Sí, lo he cogido yo.
- ¿Cómo? ¿qué lo has cogido tú?
- Sí.


Y me mostró la parte de su cuello. Y yo me quedé asombrado porque en la parte del cuello que me mostraba había un sarpullido semejante al que yo padecía tiempo atrás.


Yo no salía de mi asombro. Y poco después, en las lecturas espirituales que yo he hecho, he sabido que san Juan Bosco sufría a veces las enfermedades de sus hijos. Y supe también que san Vicente de Paúl cogió una enfermedad de escrúpulos que padecía un sacerdote al cual él quería ayudar. Y he sabido también que una hermana clarisa, en un convento de Valencia, que era hermana de san Francisco Javier, murió con unos sufrimientos terribles que había aceptado para que otra hermana de su convento muriera con paz y sin sufrimiento, cosa que supo por revelación privada.

Son cosas sorprendentes. Son cosas extrañas. Pero quiero decir que en la vida de Mamie había muchas cosas que sin ser irracionales estaban por encima de lo racional.

Por D. Rafael Alonso Reymundo

©Revista HM º118 - Mayo/Junio 2004

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