Menu

Mamie

Mamie, la televisión y la radio

Yo he visto a Mamie muchas veces delante de la televisión y también escuchando la radio. No tiene nada de extraño. Mamie estaba enferma y pasaba días y a veces semanas sin moverse apenas del sillón que hacía también de lugar de reposo nocturno. Lo importante no es que la viese o que la oyese sino, ¿qué veía y cómo lo veía? ¿qué escuchaba y cómo lo escuchaba?

Mamie era una entusiasta de todo lo que fuera bello y hermoso. Le molestaba lo zafio, lo desordenado, lo deforme. Se emocionaba con lo humano porque lo humano lo veía con ojos cristianos. Y nada que sea verdaderamente humano es ajeno a un cristiano.

Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las alegrías, los trabajos y los sufrimientos del hombre son alimento del alma cristiana. No le es indiferente. Y así era Mamie.Ella no había leído el Decreto del Vaticano II sobre los medios de comunicación social que lleva el nombre de Inter Mirifica. Comienza este documento diciendo “entre los maravillosos inventos de la técnica, que sobre todo en nuestros tiempos, ha extraído el ingenio humano, con la ayuda de Dios, de las cosas creadas, la Madre Iglesia acoge y fomenta con peculiar solicitud a aquellos que miran principalmente al espíritu humano, y han abierto nuevos caminos para comunicar con extraordinaria facilidad noticias, ideas y doctrinas” (IM 1).

Gracias a Dios la Iglesia está presente también en los medios de comunicación social.

Mamie no tenía posibilidad de ver una cadena de televisión tan importante y limpia como la EWTN de la Madre Angélica, pero no desaprovechaba nunca los momentos en que a través de la televisión o de la radio podía ponerse en comunicación con lo mejor del mundo espiritual.

Por esta razón sus programas preferidos eran la retransmisión de la Misa de los domingos, cuando no podía asistir por estar impedida por la enfermedad, y la escucha de la radio en los programas de los domingos por la mañana.

Los programas que no se perdía nunca eran los referentes al Papa: las retransmisiones que se hacían desde RTV (Radio televisión Vaticana), que conectaba por convenio con RTVE. Pero muchas veces la vi lamentarse de que sabiendo que el Papa hablaba a la cristiandad, los domingos a la hora del Ángelus, y los miércoles en la audiencia general que el Papa celebra habitualmente en la plaza de S. Pedro o bien en la Sala Nervi o de Paulo VI, no llegaba esa palabra de vida del Sumo Pontífice hasta ella. Y no se lamentaba sólo por ella sino por tantos ancianos y enfermos que siendo católicos no tenían la suerte de poder acceder a la palabra del Pontífice.

Yo estoy seguro que si Mamie viviese ahora estaría “enganchada” a la televisión H.M. y a la Radio H.M.

Porque el lema de esta televisión “Ayer, hoy y siempre: la verdad” coincidía perfectamente con la vibración anímica de su persona. Mamie era una mujer íntegra, le gustaba lo que es sí, sí y lo que es no, es no. No era una mujer política, a no ser que se entienda sus silencios como política, pero no sería sino forzando en la interpretación la realidad de sus actitudes. Mamie iba derechamente a la verdad. Mamie iba derechamente a lo bello. Mamie iba derechamente hacia el bien. Por esta razón, cuando repaso el documento Inter mirifica en el que se da primacía al orden moral, a los deberes de justicia y de caridad, no dejo de reconocer que Mamie asentiría plenamente a lo que se expresa en este documento y que posteriormente ha sido reafirmado y ampliado por su Santidad Juan Pablo II. Este Sumo Pontífice nos ha animado a no tener miedo a los medios de comunicación social, a empeñarnos en ellos, a hacer una información justa y veraz, imbuida de caridad hacia las personas y hacia las instituciones, presentando la realidad de modo honesto y conveniente.

Cuántas veces vi a Mamie estremecida por la realidad de Dios y de los hombres delante del televisor, y cuántas veces la vi apagar el televisor ante un programa sucio y desordenado.

Mamie tenía la televisión y la radio más apagada que abierta. Ojalá que poco a poco podamos tenerla más abierta que cerrada.

Por D. Rafael Alonso Reymundo

©Revista HM º119 - Julio/Agosto 2004

Hermana Clare

Hermana Clare

Es mi hermana mayor

Carl : Me estoy convirtiendo al catolicismo en parte por la Hna. Clare Crockett.

Buscar

Redes sociales

Elegir idioma

Las cookies facilitan la prestación de nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, usted acepta que utilizamos cookies.
De acuerdo