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Mamie

Mamie y los jóvenes

Por P. Rafael Alonso Reymundo

Mamie poseía una delicadeza especial para tratar con los jóvenes. Su trato cercano no servía para asumir decisiones que no le correspondía. Su labor era orientar, sostener, animar, comprender, estar a su lado, seguirles en sus problemas y escucharles, sobre todo escucharles. Sabía respetar su libertad. Pero no dejaba de dar los consejos pertinentes cuando veía la posibilidad por la apertura del corazón joven.

Su condición de mujer anciana y enferma, su simpatía natural, su ejemplo sencillo y constante de donación en las manos de Dios para hacer siempre y en todo su voluntad, eran condiciones positivas para atraer la confianza. No tenía nada que ver con ese reconcentrado egoísmo o de aparente virtud agriada que espanta más que atrae. Era alegre hasta reirse junto a los jóvenes participando en sus juegos.

Era orientadora precisa por su unión con Dios que la había dotado de una capacidad nada común para abrir los corazones heridos yendo en sus palabras siempre a los esencial, expuesto con un gracejo propio de los grandes santos como santa Teresa de Jesús. Se acercaban a ella como los pollitos a su madre, en busca de protección y ayuda. Y ella tenía la habilidad de hacerlo sin herir nunca y sin suplantar a los que debían tomar las decisiones de sus propias vidas.

Nunca empujaba a la consagración, ni desanimaba a hacerlo. Siempre animaba a que se pusieran en actitud interior de escuchar a Dios y pedirle que les mostrase qué es lo que el Señor quería de ellos. Me parece tenerla aquí cerca del ordenador en el que escribo, oyendo sus palabras:

-Hijo mío, busca en tu corazón. Eres tú quien tiene que decidir. Mira bien qué es lo que el Señor espera de ti. Y hazlo. Y si ves que el Señor te pide que formes una familia, es un magnífico modo de servir al Señor. Pero no te apartes de Él. Cuida de tu alma.

Más o menos estas podrían ser sus palabras que no traicionan su espíritu. Porque ella, aunque instrumento elegido por Dios de modo extraordinario, había estado casada, madre de una hija y viuda. Y anciana, sabía ir a lo esencial sirviéndose de su rica experiencia tanto natural como sobrenatural.

No es extraño que de aquellos jóvenes surgiera el deseo de entregarse a Dios, a quien esta anciana manifestaba tan atrayente y cercano. Y otros, no llamados a una vida consagrada, formaran familias ejemplares que guardan en su corazón un agradecimiento y cercanía a quien ejerció de madre espiritual durante un tiempo borrascoso. De los jóvenes que conocieron a Mamie, unos sirven a Dios en órdenes contemplativas, otros en activas, algunos como seglares consagrados, otros como sacerdotes. Y también han surgido dos instituciones, una femenina, las Siervas del Hogar de la Madre y otra masculina, los Siervos del Hogar de la Madre. Y las dos tienen una clara vocación de acercar a los jóvenes a Jesucristo.

©Revista HM º123 Marzo/Abril 2005

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Carl : Me estoy convirtiendo al catolicismo en parte por la Hna. Clare Crockett.

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