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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Mamie

Mamie y Josefina

 

maxkolbe

Por Hna. Beatriz Liaño, SHM

De la mano de Mamie, Josefina conoció
el amor del Señor y de nuestra Madre la Virgen

El pasado 19 de mayo de 2016 fallecía Josefina Rossi, una querida y fiel amiga de Mamie y de todo el Hogar de la Madre. En España se celebraba la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Y en esta sección de la Revista HM, a través de la cual vamos conociendo la vida de Mamie, tenemos que abrir un pequeño paréntesis para hablar de ella, aunque suponga dar un salto hacia delante en la vida de Mamie. Josefina se lo merece.

Josefina conoció a Mamie en el año 1959, apenas cinco años después de la conversión de Mamie. Ella tenía diecinueve años, Mamie cincuenta y dos años. Como Josefina decía con gracia, la conoció “por una botella de leche”. En efecto, Josefina en ese tiempo trabajaba como repartidora de una lechería. ¡Qué poco se imaginaba ella lo que iba a cambiar su vida desde ese día en que se convirtió en la “lechera” de Mamie! Esa señora de modales amables y con tanto sentido del humor le pareció encantadora desde el primer día. Cuando se ponían a hablar, parecía que la diferencia de edad y de posición social se desvanecía. De la mano de Mamie, Josefina conoció el amor del Señor y de nuestra Madre la Virgen. Y Josefina se convirtió en una amiga fiel de Mamie. Cuando llegue el momento en nuestra narración, la veremos al lado de Mamie en momentos cruciales de su vida, como su curación en Lourdes y otros muchos. De hecho, ya la vimos en la última parte del relato sobre Mariechen, acompañando a Mamie a la tumba de su amiga alemana. Y si a Mamie la llamamos Mamie, a Josefina se debe. ¿Que por qué? Es muy común en ambientes francófonos el uso de apelativos familiares. Josefina quería tener su propia forma de llamar a esa señora a la que en Bruselas llamaban “Madame Elisabeth Treuttens”, a la que en su hogar materno llamaban “Lisette”, y a la que su esposo llamaba “Lulú”. Y se le ocurrió “Mamie”, que en el francés antiguo significaba “mi amiga”. Lo que Josefina no podía imaginar en ese momento es que, pasado el tiempo, “su forma” particular de llamar a Mamie, se convertiría en el nombre por el que todo el mundo la conocería.

En 1966, Mamie y su esposo François, se trasladaron a vivir en Santander (Cantabria, España) buscando alivio para la salud de él. Esta decisión fue motivo de un gran sufrimiento para Josefina que veía marchar tan lejos a su amiga del alma. Cada verano, en cuanto cogía las vacaciones, Josefina hacía el largo viaje de Bélgica a España para pasar unas semanas con Mamie. A las jóvenes del Hogar nos encantaba que viniera, porque siempre traía la maleta llena de deliciosos bombones belgas con los que nos obsequiaba. Solía venir en el mes de julio, cuando el P. Rafael Alonso – fundador del Hogar de la Madre – debía acompañar como capellán los campamentos de jóvenes. A medida que Mamie fue haciéndose mayor, la presencia de Josefina mientras el Padre estaba de campamento fue haciéndose más necesaria, porque Mamie necesitaba más ayuda y no podía quedarse sola. Estando Josefina en casa, el Padre podía marchar tranquilo.

Cuando Mamie murió, el 4 de agosto de 1994, Josefina continuó viniendo a España, pero no ya en verano, sino coincidiendo con la Semana Santa, para vivir esos días en el Encuentro de Semana Santa del Hogar de la Madre. Después se quedaba un par de semanas en nuestra casa de Zurita, antes de regresar a Bélgica. Así lo fue haciendo año tras año, cada vez más deteriorada físicamente. Hace unos meses la diagnosticaron una grave enfermedad en el hígado, que vino a sumarse a otras importantes dolencias. Al llegar la Semana Santa no se echó atrás y tomó de nuevo el avión para venir a España. Pasó esas últimas semanas de su vida ayudándonos a clasificar las cientos de fotos que tenemos guardadas de Mamie.

Estaba ya a punto de regresar a Bélgica cuando sufrió un serio empeoramiento de su salud y tuvimos que ingresarla en el Hospital de Sierrallana, en Torrelavega. Un par de días después de su ingreso la trasladaron a la UVI donde estuvo más de un mes en estado crítico. Ante la gravedad de su estado, su familia vino desde Bélgica. La veíamos sufrir mucho. Si no estaba sedada, hablábamos con ella y tratábamos de ayudarla a vivir momentos tan duros muy unida al Señor. Si estaba sedada rezábamos y cantábamos junto a ella. Y rezábamos y pedíamos rezar, como se debe hacer por todos los moribundos, para que no perdiera la paz ni la confianza en Dios ante tanto sufrimiento, para que supiera aprovechar ese momento para purificarse y preparar el cara a cara con el Señor, que cada día estaba más cerca.

En la siguiente entrega de nuestra revista volveremos a retomar la historia de Mamie donde la dejamos, allá por el año 1947. De vez en cuando Josefina aparecerá junto a Mamie, acompañándola en las más diversas circunstancias. No se olviden de rezar por ella cuando esto suceda, por si necesita todavía de nuestras oraciones.

©Revista HM; º191 Julio-Agosto 2016

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