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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Mamie

La conversión de Mamie a través de sus cartas

Por Hna. Beatriz Liaño, SHM

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"Te pedimos al menos la ayuda de tus oraciones, pues te aseguro que con frecuencia las necesito." (Mamie a su hermana religiosa)

La conversión de Mamie –como vimos con detalle en el pasado número de la Revista HM- comenzó a fraguarse en torno al verano del año 1954, en esa experiencia tan difícil de explicar que vivió en la Iglesia de Sta. Gertrudis, en Etterbeek. Desgraciadamente, Mamie no nos dejó un testimonio escrito de su evolución espiritual de esta época, pero podemos rastrear su proceso de manera indirecta a través de las pistas que ha dejado en las cartas a su hermana.

La primera referencia a que algo está pasando, la encontramos el 26 de noviembre de 1954: Mamie está descubriendo el valor y la necesidad de la oración, por eso dirige una vehemente petición de oraciones a su hermana, Sor Helena: “Nosotros, Francisco y yo, cuidamos de mamá por ti, y te pedimos al menos la ayuda de tus oraciones, pues te aseguro que con frecuencia las necesito”.

Poco más tarde, el 8 de diciembre, relata emocionada, a la misionera, el radiomensaje de L Pío XII desde la Basílica de Santa María la Mayor en Roma, en la clausura del Año Mariano que había sido convocado por el Santo Padre con motivo del centenario de la proclamación del Dogma de la Inmaculada. Escribe: “Su Santidad está hablando ahora, es emocionante”. El Espíritu Santo está trabajando en ella el amor al Papa y a la Iglesia. Es un comentario sorprendente, sobre todo cuando sabemos que, no mucho tiempo antes, el Papa y la Iglesia eran objeto de sus críticas más acérrimas. Lo comprobaremos en breve, en el artículo que dedicaremos a su amiga Conchita.mamie2

En las cartas de Navidad y Pascua hay nuevas referencias que evidencian su acercamiento a Dios. Vibra con las ceremonias litúrgicas, de las que descubre ahora toda su belleza, porque descubre a Cristo presente a través de ellas.

En la carta del 17 de abril de 1955 anuncia a su hermana que al día siguiente sale, junto con su esposo François, a un largo viaje de cinco semanas que tiene por objeto visitar a su hija Simone, que desde enero de 1953 trabajaba en España. Con ella visitarán varias ciudades de Marruecos, en el norte de África: “Sabes que salgo mañana, día 18. Haré el viaje en pequeñas etapas. Llegaré el 23 por la mañana a casa de Simone. De regreso iremos a Lourdes”. En efecto, salen desde Bruselas en dirección París. Y después: Irún, Madrid, Sevilla, Algeciras, Tánger, Tetuán, Chauen, Ceuta, Jerez, Madrid, Lourdes, Hendaya y, de nuevo, París y Bruselas. De vuelta a casa, Mamie relata a Sor Helena los pormenores del viaje, en carta del 29 de mayo de 1955. Entre otras muchas cosas, le habla de su visita al Santuario de Lourdes. Mamie recorrió esos lugares bendecidos por la presencia de la Virgen uniendo a su oración una fuerte carga de sufrimiento físico: una herida en el pie se había infectado provocando un importante absceso. Pero Mamie –siempre fuerte ante el dolor- está descubriendo además el valor salvífico del sufrimiento. Por eso le dice a su hermana: “Sabes que he hecho la peregrinación a Lourdes. He rezado mucho para que tengas el ánimo y la fuerza necesarias, mi querida hermanita. Y si los sufrimientos pueden dar mayor peso a la oración, te prometo que he sufrido, pues mi pie no era más que una llaga y, sin embargo, he aguantado hasta el final de la procesión”. No se imaginaba Mamie, cuando escribía estas líneas, que su misión en la Iglesia iba a estar tan estrechamente ligada al “Evangelio del sufrimiento” (Salvifici Doloris 25).

Gracias a su buena disposición, Mamie madura en la fe y recupera el tiempo perdido. Nos queda mucho todavía por conocer de esta vida que, a partir de este año 1954, comienza su personal “peregrinación en la fe”.

"El sufrimiento debe servir para la conversión, es decir, para la reconstrucción del bien en el sujeto, que puede reconocer la misericordia divina en esta llamada a la penitencia. La penitencia tiene como finalidad superar el mal." (Salvifici Doloris III, 12)

©HM Revista; nº195 Marzo-Abril 2017

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