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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Mamie

La "segunda" Primera Comunión

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Por Hna. Beatriz Liaño, SHM

El 23 de noviembre de 1955, Mamie escribe a su hermana Sor Helena, Hija de la Caridad y misionera en esos momentos en el Congo Belga. Su emoción se transparenta en cada línea, mientras abre su corazón a la religiosa. La que hoy conocemos como Mamie, llamada por los suyos Lisette (de Elisabeth), acaba de completar una importante etapa en su camino de fe.

A la edad de cuarenta y siete años, Mamie acaba de hacer la que considera su «segunda» Primera Comunión. La expresión es literalmente suya: «Y ahora, mi hermanita querida, la sorpresa: Lisette Treuttens, no la que tú conocías antes, ha hecho ¡su segunda Primera Comunión! Estoy feliz, hermanita. ¿Y sabes dónde? En Obourg. Y mi primer confesor ha sido el P. Bastin».

Claro que Mamie había hecho la Primera Comunión cuando le correspondía, durante su infancia. Y seguramente siguió comulgando durante algún tiempo, hasta que dejó de frecuentar la Iglesia y los Sacramentos. Pero ella misma confesará que: «(En casa) nunca hemos oído hablar de Dios». Seguramente por eso, esa Primera Comunión no dejó un sello profundo en su alma, porque faltaba la preparación adecuada: la tierra de su alma no estaba suficientemente trabajada. Pero ahora, cuarenta años más tarde, Mamie se ha preparado cuidadosamente a lo largo de todo un año. Y el fruto fue extraordinario: «Otros granos cayeron en buena tierra y produjeron cosecha. Unos el ciento, otros el sesenta, y otros el treinta por uno» (Mt 13, 8).

mamie240El lugar elegido para un acontecimiento tan grande fue el Convento de las Hijas de la Caridad de Obourg, donde estuvo destinada su hermana antes de partir rumbo a África, y donde es superiora Sor Van Gobbelschroy, esa magnífica religiosa a la que Mamie considera su «mamá espiritual». Así lo explica en su carta: «Nuestra Sor Superiora se ha alegrado mucho de que haya elegido su casa, pero es que yo se lo había prometido a Dios, ya que es de allí de donde ha venido una gran parte de mi conversión, ¿no es así?». Ciertamente, la religiosa se había ganado el agradecimiento de Mamie con la solicitud con la que estaba velado por su alma: «Ella me ha mimado mucho, ¿sabes? Me ha regalado como recuerdo de este bonito día un nuevo Misal y una palabra de vida al margen del Misal». Su primer confesor fue el P. Bastin, ese bondadoso sacerdote que sacaba tiempo de donde no lo tenía para acoger a la desconcertada conversa y guiarla en sus dudas y perplejidades iniciales. De él había dicho Mamie en cartas anteriores a su hermana: «Me entiende muy bien y me aconseja », y meses después afirmaba: «Realmente me ha hecho mucho bien mostrándome tanta amabilidad al principio».

Sobre el bueno de François Treuttens, su esposo, Mamie comenta con su prudencia y delicadeza habitual: «François estaba conmigo en Obourg. Tengo muchas esperanzas de llevarle pronto a hacer lo mismo que yo. Él está feliz de lo que me ha sucedido y, como conoces a François, no me será difícil convencerle, pero tampoco quiero precipitarme. Es mejor que sea él quien se vaya acercando cuando quiera».

Mamie está tan contenta que una y otra vez su alma se desborda de alegría: «Que día tan bonito ha sido para mí, hermanita mía. He ofrecido mi comunión por Monette (su hija Simone), por mi hermanita, y por la Sor Superiora, que es también mi mamá espiritual». La carta termina exultante de gozo porque, como decía Sta. Teresa de Jesús al morir, ya es hija de la Iglesia. Lo era desde su bautismo pero, como tantos otros, a causa de su ignorancia religiosa había crecido huérfana en su dimensión espiritual. Pero ya no es más huérfana. Ha vuelto a casa. Y esta vez para siempre: «Pues esta es, hermanita querida, la noticia. ¿A que es buena? ¿Estás contenta de tu hermana? Ahora, ella forma parte de la gran familia, y lo hace con todo su corazón».

«Con todo su corazón». ¡Qué bien describe a Mamie esta sencilla frase! Los que conocimos a Mamie al final de su vida, podemos dar testimonio de que perseveró hasta la muerte en su entrega al Señor y a la Iglesia con esta actitud: «con todo su corazón». Lo iremos viendo.

©HM Revista; nº198 Septiembre-Octubre 2017

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