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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Este recuerdo-vivencia sobre Mamie me lo ha sugerido la lectura espiritual de un magnífico libro que recomiendo a los lectores de H.M.: "Sólo Dios Basta", de Slawomir Biela, editada por Ediciones Paulinas. En este libro hay un pequeño apartado con el título "Bendita Debilidad" que me impresionó vivamente y me impulsó a escribir así.

La debilidad del hombre es congénita. No se aparta nunca de él. Y Mamie supo que lo era y supo aceptar con fe viva su propia debilidad. Ya desde niña su gran tendencia que la hacía vulnerable era su timidez. Lo era en extremo. Y esta condición de su carácter la inhibía en sus reacciones y la hacía aparecer contumaz y orgullosa a los ojos de sus padres.

Después de la muerte de Mamie ocurrida el 4 de agosto de 1994, yo heredé todos los libros de carácter religioso que ella poseía en su biblioteca. No son un número excesivo de ejemplares. La mayoría son de lengua francesa puesto que ella era belga francófona. Libros sobre el beato Juan XXIII; La infancia de la cruz; Catecismo de increyentes; El día en que Cristo murió; El crucificado; El joven en la cruz; Una lámpara en el camino; La noche privada de estrellas; En el corazón de las masas; Sta. Catalina de Siena; Sta. Bernardette, etc. Pero también tenía algunos otros títulos en español y entre ellos un libro de Mons. D. José Guerra Campos titulado “el octavo día” en el que se recogen sus intervenciones en la televisión española que se emitían todos los días desde el 17 de abril de 1972.

Yo he conocido a Mamie siempre con dentadura postiza. Hablar de sus dientes a algunos les parecerá una bobada, una bufonada, una pérdida del tiempo y de la oportunidad de escribir sobre algo interesante. ¿Qué me puede aportar a mi vida espiritual una reflexión en torno a mis dientes?

Así podemos pensar si no caemos en la cuenta de que los dientes pueden ser causa de dolores, y por tanto de sufrimientos y penalidades. Y como todo lo corporal está en relación con nuestra alma, ese hecho del sufrimiento, puede ser, si es aceptado, fuente de méritos.

Antes de adentrarnos a profundizar si Mamie era o no fervorosa y en qué sentido lo era, debemos precisar los conceptos.

El fervor es el afán, devoción o entusiasmo e interés que se pone en una práctica, un sentimiento o una actividad. El cristianismo ha querido designar con la palabra devoción, sinónima de la de fervor, una fidelidad al servicio de Dios a través de la oración tanto personal como litúrgica.


Se utiliza familiarmente para designar las prácticas de piedad y el celo con que se realizan: hacer sus devociones. Designa también a la persona que está ligada sinceramente a la oración y al servicio de Dios, como lo señala San Francisco de Sales en “La introducción a la Vida devota”.

He encontrado un papel escrito por Mamie, con letra temblorosa. Su modo de escribir delata claramente que es del final de su vida. Estaba entre otros muchos en los que iba escribiendo día a día sus pequeños quehaceres. Voy a transcribir los correspondientes al sábado 9/10. Están escritos en francés que era su lengua natal. Como ella murió el 4 de Agosto de 1994 supongo que corresponderá al 9 de Octubre de 1993.

“Me levanto a las 9 y media (ella tenía 85 años). Salida de Rafael a las 2 (del Instituto “Jose María de Pereda” en el que impartía clases de Historia). Jeannot (su hermana que era hija de la Caridad) hace las compras hasta las 11. Comida a las 2 y media hasta las tres y media. Sale Rafael a las 4. Y he dormido hasta las 6. Jeannot (estuvo de misionera entre los pigmeos del Congo, en Vietnam y finalmente en la República de Haití) me ha contado de su vida hasta las 9 y cuarto.

Mamie no ha sido nunca misionera en el sentido de ir personalmente a las misiones. No obstante, asistí a muchas conversaciones entre ella y su hermana Jeannot, que tenía el nombre de Sor Elena como Hija de la Caridad. Hablaban de este modo:

Sor. Elena: - Qué cosa más extraña Lulú (así se refería cariñosamente a su hermana a la que nosotros llamamos Mamie). Yo que soy religiosa me ha tocado siempre estar ocupándome de dinero para las misiones, de proyectos, de trabajos en enfermería… no he parado nunca de trabajar, y tú, que no lo eres, Dios te ha dado el encargo de rezar y rezar. Yo creo que mi misión ha sido sostenida tantas veces por ti.

Mamie la miraba con ojos cariñosísimos desde su sillón de enferma.

Mamie tenía un gran humor. No era negro. Pero a veces iba muy fuerte cuando se trataba de ella. Tenía una fina ironía que la hacía resultar especialmente inteligente. Sus ironías a veces no eran captadas por la persona a la que iba dirigida, debido al estado pasional de la persona.

Recientemente hemos tenido la suerte de estar con don Ramón Rodríguez Alcalde, que durante mucho tiempo fue su confesor. Y nos contó cómo conoció a Mamie cuando vino a Santander, en la casa que poseían los padres de una joven que estudiaba francés en Bruselas, y que ella había hospedado en su casa de la c/ Tervuren. La casa estaba situada en la Ciudad Jardín, en el piso de arriba de los padres de don Ramón. Aquella señorita se llamaba Paquita, y sería andando el tiempo la esposa de un buen amigo del Hogar de la Madre, director de banco, ya difunto, don Pablo Concepción Fernández, primer secretario general de la Fundación Hogar de la Madre.

Recuerdo como Mamie decía como exclamación: ¡Qué pobre soy, qué pobre soy!. “Dios me lo ha quitado todo”. Pero no lo decía lamentándose.

Desde el punto de vista material no tenía posesiones. Todo lo daba al apostolado, gastaba lo poco que poseía para realizar las misiones que la Virgen le encomendaba, sobre todo, en bien de sus hijos sacerdotes.

Al final de su vida el Señor la quitó todo, incluso su salud. Se volvió casi sorda, casi no veía. Sus movimientos estaban restringidos.

Hermana Clare

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