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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Misiones

Rumbo a Ecuador

Siervos del Hogar de la Madre

El martes 24 de abril de 2007, partieron para Ecuador algunos Siervos del Hogar de la Madre con destino a Playaprieta y Chone, dos de los lugares donde actualmente tienen comunidades las Siervas del Hogar de la Madre.Su objetivo era tanto apostólico como de trabajo. Pudieron atender a las comunidades de adultos y jóvenes del Hogar de la Madre y trabajaron en los proyectos misioneros que se están llevando a cabo en estas ciudades.
En Playaprieta, donde las Siervas dirigen un colegio para 300 alumnos, trabajaron en la habilitación de una planta para poder acoger a los voluntarios que ayuden en la misión.
En Chone sigue avanzando el proyecto de creación de una finca para la cría de ganado y cultivo de frutales que pueda abastecer de alimentos a los comedores infantiles. Allí, los Siervos trabajaron en la construcción de una casa que servirá de residencia a la familia que se encargue del cuidado de la finca.



El martes 24 de abril, algunos de los Siervos salimos del aeropuerto de Madrid rumbo a Guayaquil, Ecuador. Íbamos a pasar un mes en un país que era totalmente nuevo para la mayoría de nosotros. Un mes dedicado a hacer trabajo apostólico y a ayudar a nuestra comunidad en los diferentes proyectos que estamos intentando llevar a cabo y que van a ser de gran beneficio para los pobres. Llenos de grandes esperanzas y entusiasmo por cumplir la voluntad de Dios, salimos con espíritu alegre. Al frente iba el P. Juan Antonio, y con él, tres hermanos entonces novicios, que ya han profesado, los hermanos: Greggy, José Luis, y René; Kevin, candidato y yo, P. Dominic.

Después de un largo viaje de 14 horas, nuestro avión gradualmente descendía sobre la ciudad de Guayaquil. Los que estábamos sentados en los asientos de la ventanilla estiramos nuestros cuellos para poder ver ya algo de Ecuador. Fue una vista inolvidable: un mar de casas bajas de aspecto pobre y un cielo nublado de atardecer. Los coches y la gente se movían como pequeñas hormigas, cada uno en su propio mundo. Eran las 18:00 h. en Guayaquil, la 1 de la madrugada hora española.

Fuimos a recoger nuestras maletas, que eran grandes y bien llenas. En realidad nuestros objetos personales eran pocos, nuestro equipaje consistía fundamentalmente en una gran cantidad de medicinas para los niños y las familias pobres que carecen de medios. También llevamos libros para los niños del colegio que nuestras hermanas están dirigiendo en Playaprieta. Pues bien, cargando con el equipaje, sintiendo el apretón del cansancio y medio sordos por el ruido del motor del avión, llegamos a la sala de llegadas donde nos dieron la bienvenida la hna. Inmaculada y Eliana una de las candidatas de las Siervas. Dejamos el edificio del aeropuerto para ir a buscar nuestra furgoneta y no pudimos no notar inmediatamente la ola de intenso “calor mortal”.

 

Siguiendo cuidadosamente las instrucciones de la hna. Inmaculada, emprendimos nuestro viaje. Otros dos hermanos y yo estábamos sentados dentro de la furgoneta, mientras que el resto estaba sentado en el remolque al aire libre. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que ciertamente aquello no era España. El motor arrancó y nuestra furgoneta se sumergió en el tráfico caótico de la ciudad que pronto dejamos para llegar a una preciosa isla de paz donde estaba la comunidad de Schoenstatt. Después de organizarnos y rezar nuestras oraciones, llegó la hora de acostarnos. Dormimos muy bien esa noche. Había sido un largo día, noche y mañana.

Al día siguiente, ya algo recuperados, podíamos oír los distintos trinos de los pájaros desde nuestras habitaciones. Al poco tiempo, y antes de darnos cuenta, estábamos todos en la furgoneta haciendo nuestro camino hacia el norte, rumbo a Chone y antes de llegar, hicimos una parada en Playaprieta, donde nuestras hermanas llevan un colegio para niños entre 4 y 16 años de edad. Este iba a ser nuestro lugar de trabajo de lunes a viernes.

Pronto llegamos a Chone, donde vive la otra comunidad de Siervas. Este primer día, después de comer, fuimos a visitar la finca María Elisabetta. Allí conocimos a Renan, un chico muy amable y alegre, que nos hizo todo un recorrido por el terreno. Era realmente fascinante. Vimos los pollos, cerdos, y una enorme cantidad de frutas y plantas cuya finalidad principal es proveer de comida a los muchos niños pobres de Chone.

Al día siguiente, ya todos con nuestra ropa de trabajo, nos fuimos a la finca a ayudar en todo lo que pudiésemos. Tuvimos una gran variedad de experiencias: dar de comer a los cerdos, matar a pollos, plantar plátanos, hacer vallas, construir y tirar muros, cavar desagües y pozos, dar de llana a las paredes, poner azulejos, hacer cemento y hormigón, etc. También pasamos por nuestra parte de purificación: fiebres, picaduras de mosquitos y otros insectos, cortes y rasguños, digamos, una oportunidad ideal para ofrecer al Señor.

Desde el punto de vista espiritual, creo que nuestro viaje ha dado fruto. Participamos de las reuniones de los jóvenes y los adultos del Hogar. El último día, en el colegio se les impuso el escapulario a muchos niños. Se percibe claramente que la gente ecuatoriana tiene verdaderamente mucha sed de Dios. Cuando celebrábamos Misa en la parroquia, entre semana, había mucha participación en la Eucaristía y mucha gente pudo confesar.

Hubo un acontecimiento en particular que me impresionó mucho: Una tarde, un hombre mayor vino a la iglesia cuando la Misa iba a empezar. Como había confesiones y algunas personas estaban esperando, yo le sugerí a aquel hombre que se confesara después de la Misa, porque se estaba haciendo tarde, pero él, amablemente insistió que prefería confesarse antes de Misa. Él me dijo que estaba muy enfermo y que no se había confesado hacía treinta años. Empezamos la Misa un poco más tarde, ¡bendito sea Dios! pero seguramente en el cielo había mucha alegría por la reconciliación de esta alma.

La hermanas nos cuidaron mucho. El trabajo apostólico que ellas están realizando es verdaderamente maravilloso. Adondequiera que van, irradian el amor y la alegría de la Virgen. El Hogar de la Madre está realmente vivo en Ecuador, entre las hermanas, los adultos y los jóvenes. Es maravilloso ver los frutos de fidelidad, generosidad y entrega a la voluntad de Dios. No tengo duda de que Dios continuará bendiciendo abundantemente la gran labor que ha sido emprendida.

El mes pasó muy rápido, fue muy intenso, lleno de muchas experiencias y emociones. Todos trabajamos duro, fue un mes lleno de gracias. Entre nosotros había una maravilloso espíritu de alegría, unidad y participación.
Casi no nos lo podíamos creer cuando nos encontramos de nuevo en el aeropuerto de Guayaquil en la cola para el check in. Dos horas más tarde nuestro avión se levantaba por encima de la ciudad. Por última vez vislumbramos el cielo al atardecer y la amplia ciudad. Gracias Dios. ¡Adiós, Ecuador! ¡Hasta pronto!

©Revista HM º137 Julio/Agosto 2007

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