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Misiones

Viven en la miseria...

Misiones en Tablón

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Las Siervas del Hogar de la Madre, misioneras en Playaprieta (Ecuador), donde dirigen uncolegio para niños, nos han escrito contándonos una de sus últimas “expediciones misioneras” en Tablón, que se encuentra a unas dos horas de Playaprieta. En en este poblado viven 18 familias muy pobres y algunos niños han muerto por desnutrición. Nos dejó impresionadas cuando nos hablaba de la miseria en la que viven: piojos, garrapatas, carencia de alimentos, no tienen agua corriente y la luz ha llegado allí hace poco. Reproducimos aquí parte de la crónica que nos envían nuestras Hermanas.

 Visitamos un lugar llamado Tablón perteneciente a S. Plácido, perdidísimo en la montaña. Antes de la Navidad tuvimos conocimiento de este lugar por Denny, un padre de familia de nuestra escuela que trabaja en una Institución llamada INFA y que lleva a cabo un programa de estimulación temprana para niños por esa zona. Nos dejó impresionadas cuando nos hablaba de la miseria en la que viven: piojos, garrapatas, carencia de alimentos, no tienen agua corriente y la luz ha llegado allí hace poco. En el invierno, con las lluvias, tienen la posibilidad de coger agua más cerca, en una cascada que baja de treinta metros de altura, pero el resto del año deben caminar treinta minutos para llegar a un estero donde deben coger agua para el consumo, la cocina y el aseo personal.

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Denny nos contaba también que en su labor de estimulación un día tenía a un bebé en brazos. Como le quedaban grandes los pantaloncitos veía que le caían por las piernecitas directamente los parásitos y lombrices. También ha muerto algún niño de desnutrición y otro por comer plásticos.

En una reunión que tuvimos decidimos guardar los alimentos que los alumnos iban a traer durante la novena de Navidad para llevárselos a estas personas. Y los niños estaban de acuerdo. Pasada la Navidad, iríamos allí con los alumnos más mayores, profesores y miembros de los Laicos del Hogar de la Madre.

Pues bien, un domingo fue el día elegido. Nos avisaron que la subida era difícil y estaba bien feo por las lluvias, que ya habían llegado. Avisamos a todos que vinieran con deportivas, o botas de caucho, y con una mochila vacía para meter dentro las 17 canastas de alimentos que se formaron. Empezó a apuntarse gente y en total fuimos tres camionetas repletas de jóvenes, adultos y las cuatro Hermanas. La subida con el coche fue impresionante. El paisaje espectacular y las oraciones fervorosas cuando el camino estaba enlodado. Después de hora y media de viaje en coche, dejamos estos resguardados en una casa y con la mochila al hombro continuamos el camino a pie, montaña abajo durante veinte minutos.

Al llegar al sitio, las familias nos estaban esperando. La mayoría mujeres y niños, pues los esposos no estaban. Las madres eran muy jóvenes. La mamá más joven tenía dieciseis años con un bebé de dos años y medio, aunque parecía tener sólo meses. Se fueron presentando uno a uno. Podíamos observar a los niños con las ropas sucias, rotas, y las cabezas de algunos llenas de piojos. Todos guapísimos y con síntomas de una clara desnutrición.

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Uno de los niños se había hecho un corte muy profundo en el dedo gordo del pie con una hoja de zinc. Su mamá le había echado un poco de alcohol, y con el pie descalzo se le había hecho un amasijo de lodo y sangre en el dedo.Estuvimos curando la herida con agua y un clínex, porque no teníamos otra cosa. Como no teníamos nada para tapar la herida, uno de los chicos que venía con nosotras rompió su propia camiseta con un machete.

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También una hermana les estuvo hablando de la bondad de Dios como Creador y como Padre, e hizo un repaso de los diez mandamientos. Atendían con ojos como platos. Muchos no están bautizados, ni han hecho la primera Comunión, y por supuesto no están casados por la Iglesia. Cuando la Hermana les decía si les gustaría casarse, que nosotras las podríamos preparar y que además organizaríamos nosotros la fiesta y ellos no tendrían que gastarse nada, se les iluminaron los rostros de la alegría y comenzaron a aplaudir: “¡Sí, sí,..!”. Casi no sabían rezar. La Hermana empezó a recitar el Padrenuestro y el Avemaría y ellos lo repetían.

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Quedamos con ellos en que íbamos a regresar para darles más cosas y les repartimos las canastas de comida, cosa que nos agradecieron muchísimo.

Nos despedimos y comenzamos la subida de la montaña. No sabemos si por la altura a la que estábamos, por la humedad o la vejez, el corazón nos latía a cien por hora y no podíamos respirar, resultando un momento muy duro para todos. Gracias a Dios llegamos a los coches, descansamos unos minutos y bajamos con el corazón lleno de agradecimiento a Dios y la mente llena de proyectos de ayuda para estos hermanos nuestros. Nos fuimos con mucha alegría y ganas de volver.

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 En Chone, una señora ya nos ha dado 100$ para estas familias y se nos ha ocurrido emplearlo en conseguir un botiquín básico para cada familia. Sería también ideal conseguirles un pozo, o ver qué posibilidades hay mediante bombas para llevar el agua hasta sus terrenos, de modo que pudieran plantar y recoger suspropios alimentos para que puedan tener algo para comer. En fin, queremos volver con ropa, ya tenemos un saco lleno, juguetes, y también queremos volver con las dos doctoras españolas que vendrán próximamente. ¡Bendito sea Dios!”

©Revista HM º165 Marzo/Abril 2012 

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