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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Misiones

Dios mío que no se excusen...

Grupos misioneros del Hogar de la Madre

Hace algo más de un año que el Señor llevó a las Siervas del Hogar de la Madre a Playa Prieta (Ecuador) para que se hiciesen cargo de una escuela destinada especialmente a niños con escasos recursos económicos. En esta zona de Playa Prieta se ha continuado también con el Proyecto de apadrinamientos familiares que ya se venía haciendo en Chone (Ecuador).

"...Socorrer a los necesitados es un deber de justicia aun antes que un
acto de caridad".
(Benedicto XVI. Mensaje de Cuaresma 2008)

Cuando el hombre está cerca de Dios descubre la necesidad del hermano, pues ya no mira desde el egoísmo sino desde la caridad. Conmueve, Señor, el corazón de los hombres para que no se queden indiferentes, para que no justifiquen su egoísmo en la generosidad de otros, para que no digan ¡no puedo! cuando les sobra de todo y ya no saben qué hacer, qué comprar, qué tener para alcanzar la felicidad que están buscando en un lugar equivocado. Dios mío, que no se excusen, que no se excusen.


Escribo desde Playa Prieta (Ecuador). Ya son doce las familias que se están beneficiando a través del proyecto de apadrinamiento familiar de los Grupos Misioneros del Hogar de la Madre. Todos los meses les entregamos una canasta de alimentos: arroz, azúcar, sal, maíz sabrosa, leche, pollo, carne, artículos de limpieza, verdura… hasta donde alcanzan los 20 euros mensuales que personas generosas nos dan para este fin.

 

Por Navidad se les da además una canasta especial con algunos dulces, más arroz, queso… para que puedan celebrar la Nochebuena un poco mejor. Pues bien, este año, además, pudimos por Reyes hacerles un regalo. Tendrían que haber visto la cara de sorpresa de cada uno de los niños de esas familias. Era la primera vez que recibían un regalo tan bonito. Al dárselos, los niños no podían creer que fueran para ellos, y nos pedían permiso para poder abrirlos, sin asimilar del todo que de verdad fueran suyos. No paraban de sonreír y de dar las gracias. Habían renunciado un año más a tener un juguete por Navidad, y este año “Diosito” se lo había dado gracias a la generosidad de personas de otros países, a las que ellos no conocen pero por las que rezan cada día.

En época de lluvias muchas familias en el campo, que es la zona en la que nosotras estamos, se quedan incomunicadas a causa del lodo. Sólo pueden salir a comprar algo con botas de caucho, pero más avanzado el invierno es prácticamente imposible, pues si lo intentas te quedas literalmente pegado y con barro hasta las rodillas.

Gozo cada vez que me toca ir a repartir las canastas a las doce familias. Preparamos las bolsas, cargamos el coche, y en tres viajes hemos cumplido el cometido. Esta última vez a causa de las lluvias, regresamos a casa después de dos horas con el hábito empapado, llenas de barro, con los músculos contraídos por la tensión de ver cómo el coche se deslizaba de un lado a otro del camino por el lodo… pero radiantes de felicidad, pues con nuestras botas de caucho y a pesar de algún que otro resbalón conseguimos que este mes estas doce familias pudiesen comer un poco mejor.

Cuando nos veían llegar no paraban de mirar nuestros hábitos manchados y nuestras botas con cuatro pisos de lodo, y sólo decían: “gracias, gracias Hermanas…”. Les interrumpíamos diciéndoles: “recen por esas familias que desde España, Italia, EE.UU., Irlanda y otros lugares hacen posible que les llegue a ustedes esta ayuda”. Y ellos respondían: “Ya lo hacemos, Hermana, ya lo hacemos”. Mientras decía esto, yo pensaba para mis adentros, “no me den las gracias, ¿por qué? Gracias a ustedes que con su pobreza y sencillez me hacen salir de mí misma, me hacen superar cualquier obstáculo por ayudarles, y me hacen palpar que hay más alegría en dar que en recibir”.

No me da vergüenza pedir porque no es para mí, es para nuestros pobres. No me da vergüenza pedir, porque sé que cuando ustedes dan se hacen un bien a sí mismos; no me da vergüenza pedir porque es de justicia que el que tiene comparta con el que carece, y en ocasiones, hasta de lo imprescindible ¿o no?

Si no me creen vengan y vean. No es cuento del misionero, no necesito ni quiero mentir, es una realidad. No es una fábula conmovedora, es una necesidad, y mientras yo dudo en dar, un hermano mío pasa necesidad. Quien no lo ha vivido no sabe lo que es.

Vemos a los niños de estas familias salir de la desnutrición, y a los padres sonreír agradecidos porque tienen algo que darles. Y les vemos compartir, sí, porque el pobre no es egoísta, sabe lo que es pasar necesidad y por ello sabe el bien que hace el compartir.

Si lees este artículo no te quedes indiferente. Tú puedes apadrinar a una familia por sólo 20 euros mensuales. Un perfume menos, un pantalón menos, un pintalabios menos, un capricho menos, se convertirá en un plato más de arroz para una familia de acá.

El Señor es quien mueve los corazones, y yo espero que mueva el de muchos. Muchas gracias por adelantado. Que Dios les bendiga y les pague cuanto hacen por aquellos que necesitan de su generosidad. Por aquellos que les necesitan.

Ha sido un año lleno de muchas alegrías, pero también de luchas y de esfuerzo hasta poner en marcha el colegio. Son cada vez más los niños que el Señor nos envía para que les ayudemos a crecer humanamente, y sobre todo, para que les enseñemos dónde encontrar la felicidad a través del encuentro con Dios. Sabemos que el campo de la educación es un lugar privilegiado para llevar a los niños al Señor. Los años de la infancia y primera juventud, son años decisivos para la formación humana y espiritual de la persona.

Preveemos que en el próximo año escolar, que comienza en abril, contaremos con unos 300 alumnos. De la misma manera que crece el número de niños matriculados, crece también el número de niños que necesitan una beca por falta de recursos. Cada vez que viene una madre diciéndonos que quiere traer a su hijo a esta escuela, pero que no tiene medios para pagar la matrícula ni las pensiones, se nos encoge el corazón. Por un lado no queremos que el dinero sea un motivo que prive a un niño de recibir una buena educación en una escuela católica; por otro lado, vemos la responsabilidad de sacar la escuela adelante. Es necesario poder dar unos sueldos dignos al profesorado, arreglar las instalaciones en la medida de lo posible, etc.

¡Por ello, queremos apelar nuevamente a vuestra generosidad!

Necesitamos de vuestra ayuda para becar a estos niños, que vienen con tanta ilusión pero sin posibilidades de acudir a otra escuela. Las mensualidades ciertamente son muy bajas. Pero en esta comunidad hay familias que tienen lo justo para la alimentación, y algunas ni siquiera para eso. ¿Quieres ayudarles?

Becar a un niño supone la cantidad de 10 euros mensuales para los alumnos de Primaria y 1º de la ESO. 12 euros mensuales para los alumnos de 2º y 3º de la ESO.

Contamos con vuestra ayuda. Que el Señor os dé un corazón generoso para ayudar a los niños a acercarse a Él.

Desde aquí queremos agradecer a todos aquellos que nos habéis ayudado, ya sea con vuestras aportaciones económicas, ya con vuestras oraciones.

©Revista HM º141 Marzo/Abril 2008

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