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Misiones

Crónicas ecuatorianas

En medio de la lluvia... la generosidad.Las hermanas trabajando con las señoras

Hna. Paqui Morales, S.H.M.

Una vez más nos llegan noticias de las misioneras de Ecuador. Son las Siervas del Hogar de Playa Prieta las que nos cuentan una de las vivencias en las que han podido palpar la generosidad de las personas y la alegría de hacer el bien.

Un domingo, dos hermanas fueron a repartir las canastas (bolsas de comida para las personas que no tienen recursos). La Hna. Ruth Mª llegó casi llorando. Nos contó que unas abuelas a las que tenemos apadrinadas, una señora mayor y su madre muy viejita, estaban durmiendo en la calle. Antes estaban en casa de su hermana pero ésta las había echado a la calle para meter ahí a su hijo, nuera y nietos, así que se quedaron literalmente en la calle.

En un terrenito que tenían pusieron unos tablones en el suelo, y allí dejaron todas sus cosas y la cama que tenían. Clavaron unos maderos y pusieron el zinc, pero no tenían paredes, así que con las lluvias que estaban cayendo se empapaban completamente.
 
Fuimos a ver cómo era la situación, y más terrible que la falta de paredes, era la suciedad en la que vivían, parecía un basurero, y las circunstancias en las que estaban lo agravaban todo. Tenían toda la ropa sucísima, por el suelo, platos con restos de comida también por el suelo, las gallinas encima de la cama, comiendo y haciendo de todo, era una auténtica porquería que revolvía el estómago al estar allí, imagínense vivir así. Le pedimos permiso a la señora y nos llevamos toda la ropa para lavarla en casa y le dijimos si nos dejaba ir por la tarde a limpiar un poco. Y así lo hicimos. Fueron dos hermanas junto con tres chicas: Gema, Liceth, Mercedes y una compañera de Gema que se llama Gabi. Ella aún no ha hecho la Primera Comunión y nos ha pedido que la preparemos.
 
Dejaron todo recogido y lo más limpio que pudieron en esas circunstancias y quemaron todo lo que tuvieron oportunidad, ya que la señora no les dejaba demasiado. Nos dijeron que les iban a ir a poner las paredes al día siguiente, así que nos quedamos más tranquilas.
 
La compañera de Gema se fue muy impresionada y lo contó en su casa. Su hermana, muy maja también, lo contó en su clase, está en el último curso de medicina, y el sábado siguiente se presentaron en casa veintitantos jóvenes con canastas de comida y ropa para repartir en Playa Prieta. Eran majísimos, sin mucha formación religiosa, pero con un corazón generoso. Fuimos en busca de las familias más necesitadas, y cuando llegamos a la casa de las abuelas, todavía no les habían puesto las paredes, estaba de nuevo todo sucísimo, y empapadas de agua, porque esa semana había sido de lluvias torrenciales. La abuelita me abrazaba y lloraba como una niña, yo la consolaba haciéndome la dura y diciéndole bobadas para hacerle reír, y a las chicas que venían también se les saltaban las lágrimas.

Dos siervas trabajandoVimos que no podían seguir así. Hablé con Naum, un miembro del Hogar, y le dije si se animaba a que fuésemos esa misma tarde a ponerles las paredes. Naum, que es muy bueno, dijo de inmediato que sí. Cuando estábamos comiendo se puso a llover a cántaros, así que le llamé y le pregunté si lo dejábamos mejor para el día siguiente y dijo que no, que por él iba con lluvia y todo, así que las Siervas no nos íbamos a echar atrás. Y esa misma tarde allá fue un equipo compuesto por Nahum, Cecilia, Lenin, Liceth y las hermanas. Le pregunté a otro señor, Demetrio, si quería venir a ayudar, ya que se necesita gente con fuerza y trabajadora, y también se vino. Otros dos hombres fueron también a ayudar, y otro al vernos trabajar, también se unió a la “cuadrilla”.

Demetrio y Nahum tenían el trabajo más duro, era picar las cañas, consiste en dar martillazos hasta que la caña se va astillando, pero sin romperla. Hay que tener muchísima fuerza y saber hacerlo. Los otros dos hombres las iban colocando, las señoras limpiaban, y las hermanas acarreábamos las cañas, que estaban un poco lejos y había que ir trayéndolas, también nos ayudaron las señoras. Después, con el machete, sacábamos los dientes a las cañas, es muy divertido. Todo esto en medio de la lluvia y metidos en el lodo, pero con una gran alegría. Uno de los señores decía cómo de esta manera hasta el trabajo más duro se hace como si nada. No pudimos terminarlo porque ya se hacía de noche, pero se dejó bastante avanzado.

Durante el trabajo nos moríamos de la risa, porque si ya decimos bobadas normalmente, cuando estamos cansadas empeoramos. Decían que las hermanas parecíamos hormigas trabajando. No sé si porque íbamos juntas una detrás de otra, o por lo embarradas que estábamos ya. Cuando volvimos a casa, llenas de lodo, nos metimos debajo del canalón (como suelen hacer los niños aquí), así con la fuerza del chorro se nos quitó el lodo, pero casi nos ahogamos de la risa.
 
Decía al principio que ha sido una experiencia dura, porque es triste ver el sufrimiento de algunas personas, pero también ha sido muy hermosa, en el sentido de ver la generosidad de los miembros del Hogar y de los demás, trabajando en medio de la lluvia, y sin pedir nada a cambio.

Si tú también eres generoso, puedes colaborar: http://www.hogardelamadre.org/grupos-misioneros-del-hogar-de-la-madre/icomo-puedes-ayudar

©Revista HM º166 Mayo/Junio 2012

Hermana Clare

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¡Feliz cumpleaños, Hna. Clare!

Hoy la Hna. Clare hubiera cumplido 37 años. Desde su conversión solo tuvo un deseo: consolar al Señor con su vida.

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