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Misiones

El retorno a la misión

El Puyo

mision3sized“Lo que hagáis por uno de estos pequeños, por Mí lo habéis hecho.”

Hace aproximadamente un año, se publicó en esta revista un artículo sobre una experiencia misionera realizada en el Puyo (Ecuador) por las Siervas del Hogar de la Madre y los alumnos de la Unidad Educativa Sagrada familia. La experiencia fue tan enriquecedora que decidimos repetirla en cuanto fuese posible.

El 17 de febrero, un nuevo grupo misionero salimos rumbo a Musuyacta, parroquia perteneciente a la Provincia de Pastaza. La diócesis de Manabí tiene allí un equipo misionero, con el P. Pedro a la cabeza, al cual pertenecen unas 80 comunidades. Entre ellas varias comunidades indígenas Shuar (los conocidos con el nombre de Jíbaros).

El equipo estaba formado por 8 Hermanas, 4 sacerdotes y 23 jóvenes de Chone y Playa Prieta. Antes de salir, el P. Vicente Saetero nos dirigió unas palabras de ánimo que nos hicieron mucho bien. Nos recordó que ni un pelo de la cabeza se cae sin consentimiento de Dios, y que si Él había animado esta misión, Él la sostendría. Estas palabras dieron tranquilidad a nuestros corazones un poco atemorizados e inquietos.

Tras 10 horas de viaje, con interesantes conversaciones, risas y oraciones, llegamos a nuestro lugar de destino. En la parroquia nos esperaban con una rica cena. Tuvimos la misa y después una reunión para planificar el trabajo de los días posteriores.

mision6sizedEl Señor se encargó de demostrar que era Él quien conducía nuestra misión y no nosotros, así que puso del revés todos los planes. En lugar de visitar 4 comunidades que estaban planificadas, íbamos a ir a 11. Esto supuso modificar todos los equipos, abrir todos los sacos de comida y volver a reorganizar todo el trabajo hecho a lo largo de una semana entera. El Señor era el jefe, Él decidía. Nosotros aprendimos que debemos ser dóciles y estar dispuestos a que el Señor nos cambie los planes (qué difícil enseñanza).

A la mañana siguiente, salimos cada equipo rumbo a su comunidad de destino.

El 1º se quedó en Chanpinza. Esta comunidad, físicamente no supone una gran dureza pero espiritualmente sí, porque no se experimenta una gran apertura, además de estar muy dividida con la presencia de los protestantes. Mientras los católicos pueden estar dos veces al mes, ellos tienen allí una presencia constante.

El siguiente equipo se dirigió a San José, una comunidad a 3 horas de camino. Esta comunidad presenta una dificultad. El trabajo realizado se centró más en los niños, ya que los padres de familia salen a cazar y las madres al trabajo del campo, quedándose los niños todo el día solos.

Después de una jornada entera jugando con los niños, por la noche les esperaba la apasionante tarea de matar tarántulas, un total de 18 en 4 días de estancia. Todo un récord. Desde allí visitaron también la comunidad de Kunki. Esta es una realidad totalmente distinta. Es una comunidad en su totalidad católica, deseando recibir la visita de los misioneros. Les recibieron con gran generosidad.

Otro de los equipos visitó Sharup, a 2 horas de bajada en un camino enlodado, que tiene de terrible que al regreso se convierte en subida, terrible subida que parece que no va a terminar nunca.      

Esta comunidad es muy fría espiritualmente, el trabajo también se centra en los niños. Todavía no sabemos a qué se debe esta frialdad frente a los misioneros, pero están dispuestos a seguir trabajando, ya que el Señor puede calentar los corazones más fríos. ¿No ha calentado los nuestros?

Desde esta comunidad, cada día el P. Rafael y Enrique visitaban otra comunidad a hora y media de un durísimo camino entre lodo y troncos. Esa comunidad se llama Shakay, y es una maravilla. Allí, como ellos dicen: “Nosotros ser comunidad católica Shuar”.Todos son católicos, todos se confesaron y comulgaban. Recibían a los misioneros con muchísimo cariño y con la comida que podían, además de gran cantidad de chicha masticada.

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Otro de los equipos fue a Yampís, a 6 horas de camino durísimo adentrados en la selva. A lo largo del camino atravesamos 3 ríos, no podía ser en canoa porque se la había llevado la corriente. En un trecho del camino el caballo que cargaba con todas las mochilas y la comida se cayó de un puente y se quedó sepultado en el lodo, era todo un peliculón ver cómo los indios, ayudados por Ariel, el joven que iba en ese equipo, y acompañados por los rezos del resto del equipo misionero, intentaban sacar al caballo.

Después de media hora de esfuerzos bajo la lluvia, y de muchas Avemarías, el caballo consiguió salir, pero quedó tan debilitado que no podía llevar la carga, así que los indios, con una generosidad tan grande como su fuerza, se cargaron con todo el peso y continuaron selva arriba. 

Cuando llegamos estábamos exhaustos, pero se olvidó casi todo cuando escuchamos que a través de un altavoz anunciaban nuestra llegada. Entre palabras en Shuar, oíamos decir: “P. Pedro”… “misioneros”, y ante este anuncio, toda la comunidad salió de sus casas, se dirigió a la casa comunal con cubos llenos de Chicha y comenzaron a ofrecernos una y otra vez. Fue un recibimiento muy cercano, se nota muchísimo el trabajo hecho allí por el equipo misionero.

La experiencia en esa comunidad de indígenas fue muy distinta al año pasado. El año pasado eran fríos, casi no establecimos una relación personal con la gente, pero este año nos recibieron como si fuéramos de la familia. Es precioso ver el cambio, cómo a partir del impulso del año pasado, y de la continuidad del P. Pedro, esta comunidad Shuar ha cambiado muchísimo. Cuánta sed de Dios, cuánta pobreza material, pero cuánta riqueza humana (en algunos aspectos), cuánta generosidad… De verdad era impresionante oírles decir: “cuando ustedes ir, nosotros quedar tristes. Nosotros querer oír hablar de Dios, de la Santa Virgen, cuando ustedes ir, ya no oír eso”. Se nos ponían los pelos de punta.  Me impresiona cómo el Señor quiere llegar también allí, a esas comunidades.

No hay más que 13 familias, pero el Señor quiere que un misionero se desgaste en el camino, llegue hecho polvo (porque el P. Pedro llega muerto de cansancio) para poder llegar a ese pequeño grupo de almas. Para el Señor ciertamente no hay números, el alma de esos indios es queridísima para Él, y hace que también sea queridísima para nosotras.

mision11sizedExperimentábamos que les queríamos muchísimo, también me impresiona ver cómo ama el Señor a cada uno, cómo quiere que cada alma le llegue a conocer y se salve, y me encantaba ver la respuesta de la Iglesia a ese deseo de Dios.

Nos ofrecieron una cena y después tuvimos la misa y el rosario. Nuestras almas estaban ya esponjadas con todo lo que estábamos viviendo, pero nuestros músculos no participaban de ese mismo bienestar, así que nos fuimos a dormir a nuestras tablas con muchísimo gusto.

Los días siguientes fueron de evangelización intensa. Catequesis hasta la hora de comer, catequesis después de comer. La misa, el rosario, etc.

Estaban con un deseo inmenso de conocer a Dios, eran esponjas. Incluso tomaban apuntes de lo que decíamos, y cuando hicimos un concurso, cuyo premio eran estampas de la Virgen, descubrimos que realmente estaban aprendiendo.

El último día tuvimos dos bautizos y 4 primeras comuniones. Era muy bonito ver el entusiasmo de todos. Ciertamente allí no se pueden distraer con los regalos, la fiesta y cosas externas. Allí la alegría era recibir a Dios en su corazón, y alguna de las niñas temblaba de emoción.

Aunque es una comunidad muy, muy pobre, en la que carecen de todo lo básico para vivir, y en la que se ven signos de desnutrición, de infecciones de todo tipo y miseria por todos los lados, tuvieron el detallazo de organizar una comida todos juntos. La sorpresa es que todas las familias nos ponían a nosotros de comer, de modo que nos juntamos con un montón de platos, mientras ellos se quedaban sin comer (evidentemente repartimos lo que a nosotros nos pusieron).

Por la noche vivimos quizá uno de los momentos más bonitos.

mision12sizedTuvimos una reunión en la que los líderes de la comunidad nos exponían sus necesidades para ver si podíamos ayudar en algo, pero curiosamente se centraron sobre todo en solicitar ayuda espiritual. Nos pidieron ayudarles a la construcción de una capilla para que Dios tuviese entre ellos una casa decente, Biblias para leer la palabra de Dios y rosarios.

Al preguntar a quién querían consagrar la capilla, todos miraron a la gigantografía de la Virgen que habíamos llevado. Se comprometieron a hacer ellos mismos la estructura de madera y a rezar para que Dios mueva corazones que donen el zinc para el tejado.

Nos despidieron con muchísimo cariño y nos decían: “Cuando ustedes marchar, nosotros quedar tristes, porque ya no oír de Dios. Nosotros querer saber de Dios, de la Santa Virgen, ojalá no marchar”. Nosotras también queríamos quedarnos.

Han sido unos días preciosos, en los que se palpaba el amor de Dios.

El regreso fue muy duro, porque había tormenta y llovió muchísimo. Llegamos totalmente empapados, pero también era signo de la lluvia de gracias que habíamos recibido.

El reencuentro con todos los equipos fue muy emotivo, todos hablábamos a la vez, entusiasmados por la experiencia vivida.

Por la noche tuvimos una reunión en la que cada uno contó su experiencia. Para todos había sido una gracia. Uno de los chicos decía: “Ha sido la mejor experiencia de mi vida”. Otro dijo: “He comprendido que no hay verdadero sacrificio hasta que das más de lo que pensabas que eras capaz de dar”.

mision9sizedAntes de terminar este artículo, me gustaría pedir para ellos. Ellos pidieron para hacer la casa de Dios. Ellos pensaron en la “necesidad” de Dios, y Dios piensa en la de ellos. Así que aquí va una lista de necesidades que con vuestra ayuda podríamos paliar. 

Que al leerlas nos dejemos mover por el Señor, que no se deja ganar en generosidad.

-Este año murieron dos jóvenes por picadura de serpientes, ya que están a muchas horas caminando del Centro de Salud más cercano. Se necesitaría una batería de radio, que se les ha estropeado, para pedir ayuda.

-Sueros que contrarrestan el veneno.

-Nos han hablado de un succionador de veneno (esto tenemos que investigarlo).

-Biblias.

-50 hojas de Zinc para la capilla.

 

Si quieres ayudar, no dudes de que recibirás más de lo que hayas dado.

©Rivista HM º178 Maggio-Giugno 2014

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