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Santos

Mártires de Drina

5 Hermanas

Conocidas como las mártires de Drina, estas cinco religiosas pertenecientes a la orden de la Divina Caridad, fueron asesinadas por las milicias nacionalistas de Serbia durante la Segunda Guerra Mundial. Fueron beatificadas el sábado 24 de septiembre de 2011  en Vrhbosna, Sarajevo, en una ceremonia presidida por el cardenal Angelo Amato, en representación del Papa Benedicto XVI.

Ellas son Jula Ivaniševi, croata, que era la superiora de la comunidad ubicada en Pale; Krizina Bojanc y Antonija Fabjan, provenientes de Eslovenia, la austríaca Berchmana Leidenix, la mayor del grupo con 76 años, y Bernadeta Banja, húngara, la más joven, con 29 años.

Vivían en una población llamada Pale, ubicada al suroeste de Sarajevo que hoy cuenta con 30.000 habitantes. Allí tenían una comunidad, llamada la Casa de María en la que se dedicaban al cuidado de los enfermos y a alimentar a los niños huérfanos de la Casa del Niño, un orfanato que pertenecía al Estado. También daban socorro y medicina a todos los pobres y mendigos que venían de la montaña de Romanija. La hermana Krajacic relata que “su compromiso desinteresado con la gente necesitada era conocido por todos los habitantes de esa región”, lo que les valió ser también muy respetadas por la comunidad ortodoxa. 

En 1941, después de la rendición de Yugoslavia ante los nazis, el ejército de los chetniks, bajo la idea de la creación de un gran estado serbio, quería expulsar a todos los grupos minoritarios de su territorio, incluyendo los religiosos.

Muchos aconsejaron a estas hermanas huir a un lugar seguro. Pero ellas rechazaron la propuesta: “No les hemos hecho nada malo a esta gente”, decían las hermanas. “Sólo hemos hecho el bien sin tener en cuenta su credo, nacionalidad. Debemos permanecer aquí con ellos, y apoyarlos en este momento difícil”, insistieron. 

En la nevada mañana del 11 de diciembre de 1941 un grupo de chetniks (guerrilleros serbios) rodearon la Casa de María, atacando  el convento donde vivían. Antonija recibió un disparo. Además de ella estaban presentes en ese momento Berchmana, Bernadeta y Krizina junto con el sacerdote católico Franc Ksaver Meško. El convento fue saqueado y quemado.

La hermana Jula, por su parte, se encontraba fuera haciendo algunas compras. Al regresar se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo, y a pesar del peligro que corría, decidió entrar para acompañar a sus hermanas. Los oficiales del ejército se sorprendieron al verla pues pensaron que escaparía.

dos hermanas

Ellos, amenazándolas con revólver, las obligaron a dejar la casa sin ponerse ningún abrigo, pese al intenso frío que hacía afuera. Caminaron durante cuatro días y cuatro noches unos 65 kilómetros, al cuartel de Gorade a través de las montañas de Romanija después de haber sido insultadas, atacadas y sometidas a severos interrogatorios. “Ninguna se quejó ni se lamentó. No pedían concesiones. Estaban en silencio y en oración constante”, recuerda la hermana Krajacic.

A medio camino los chetniks abandonaron a la hermana Maria Berchmana Leidenix, de 76 años de edad, que sería luego asesinada el 23 de diciembre. 

Llegaron el 15 de diciembre y los soldados les obligaron a renunciar a sus votos pero ellas se negaron a hacerlo. Ellos les dieron un tiempo para reconsiderar su decisión. Luego regresaron borrachos, quisieron abusar de ellas, les rasgaron sus ropas y comenzaron a golpearlas. Las hermanas gritaban: “¡preferimos la muerte a aquello que quieren!”.

Las religiosas, que resistieron así a los intentos de violación, fueron insultadas, amenazadas y golpeadas durante aproximadamente una hora. Las hermanas se desataron de los brazos de los agresores diciendo “Jesús, sálvanos” y saltaron por las ventanas del segundo piso del cuartel. Tras saltar, heridas y agotadas, trataron de huir pero los chetniks corrieron frente a los cuarteles y vieron que estaban todavía vivas pero muy lastimadas. Comenzaron a acuchillarlas una a una hasta que murieron. Sus cuerpos fueron arrojados al río Drina.

Por su parte, la hermana Berchmana permaneció en Sjetlina cerca de diez días y luego le concedieron la libertad. Se fue en un carro a Gorade junto con otros aldeanos, supuestamente a ver a sus hermanas, pues no sabía que habían muerto; pero al ver que tenía un rosario en el cuello, la asesinaron el 23 de diciembre de 1941. 

En la primavera europea de 1942, dos hermanas de la congregación en Sarajevo comenzaron a buscar la tumba de la hermana Maria Berchmana sin éxito.

“Este año, la alegría del nacimiento de Cristo se mezcla con la ansiedad por las noticias sobre nuestras hermanas desaparecidas”, escribía la superiora general de las hermanas de la Divina Caridad, Lujza Reif, antes de conocerse la noticia del asesinato de las  religiosas. 

El 13 de febrero de 1942 llegó un informe militar del puesto de mando de Vojna Krajina, que confirmó el asesinato.

“Las hermanas quedaron afectadas por un profundo dolor por sus mejores hermanas”, dice la página oficial de su beatificación. “Pero al mismo tiempo, ellas dieron ejemplo de perseverancia y fidelidad. Por su muerte, la Iglesia católica se enriquece con cinco vírgenes mártires, y la Congregación de las hijas de la Divina Caridad se enriquece por cinco intercesoras en el cielo”.

Krajacic afirma que “la noticia de la muerte de las cinco hermanas se difundió rápidamente en Sarajevo. Pese a ser tiempo de guerra, la gente las recordaba y las invocaba como intercesoras a estas mártires de Drina, como las llamaron”.

“Entre los católicos se dijo rápidamente que eran mártires de la fe, mártires de la propia vocación y de los votos religiosos”.

peregrinos rezando

Peregrinos rezando en la ventana por donde se tiraron las religiosas.   

©Revista HM º165 Marzo/Abril 2012

Hermana Clare

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Carl : Me estoy convirtiendo al catolicismo en parte por la Hna. Clare Crockett.

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