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Santos

Tierra de Cristo Rey

 

En 2011 se cumplieron 85 años del inicio de las hostilidades entre el gobierno de Plutarco Elías Calles y la población de fieles católicos mexicanos. Por ello, actualmente se está hablando mucho de este acontecimiento de la historia mexicana. 

tierracristo

No era la primera vez que gobernantes mexicanos intentaban quitar de la historia mexicana a la Iglesia Católica, pero el 31 de julio de 1926, se iniciaría la persecución más grande, dura y cruel de la historia del país.

Calles, presidente del país, decidió poner en funcionamiento sus propias reformas a la constitución laical de 1917, de manera brutal. Prohibió cualquier forma de culto a la Iglesia Católica, cerró todos sus templos y sancionó con multas y prisión a quienes diesen enseñanza religiosa, vistiesen como clérigo, religioso o religiosa, indujesen a la vida religiosa o realizasen actos de culto fuera de los templos; prohibió la presencia de sacerdotes y religiosos extranjeros en el país, cerró y prohibió todos los colegios, hospitales y centros de ayuda católicos. La “Ley Calles” (como se la conocía) convertía, pues, a los sacerdotes en delincuentes y a los católicos en una especie de lepra que había que extirpar a toda costa del suelo nacional.

Movido y apoyado por la masonería local y estadounidense, Calles estaba convencido de que con el Ejército Federal y las armas que Estados Unidos daría en el transcurso de la guerra, exterminaría a una Iglesia débil, sin poder y con una feligresía pobre e ignorante (según creían los masones), en tan sólo tres días. Su sorpresa sería encontrarse con una Iglesia viva y practicante, fiel y dispuesta a morir si era necesario por Cristo, la Virgen de Guadalupe, la Iglesia y la patria. Y para su mayor sorpresa, con una feligresía culta en la vida y tradición de la fe católica. Por lo que se extendería todo el movimiento a tres años de persecución cruel e injusta. 

Al proclamar Calles sus reformas, los Obispos mexicanos reaccionaron inmediatamente con una enérgica Carta pastoral. Fue una protesta unánime, manifestando su decisión de trabajar para que “ese Decreto y los Artículos antirreligiosos de la Constitución sean reformados”. El presidente Calles respondió frí     amente: “Nos hemos limitado a hacer cumplir las leyes que existen: una desde el tiempo de la Reforma, hace más de medio siglo y otra desde 1917... Naturalmente que mi Gobierno no piensa siquiera suavizar las reformas y adiciones al código penal”. 

Los Obispos, al recibir esta respuesta y al consultar con la Santa Sede, decidieron obedecer y el Episcopado ordenó la suspensión del culto público en todo el país, con la esperanza de que el gobierno modificase la ley. Pero la reacción del gobierno no fue la que esperaba la Iglesia, inmediatamente enterado Calles de la decisión de la Iglesia, una docena de Obispos, entre ellos el Arzobispo de México, fueron sacados bruscamente de sus sedes y expulsados del país sin juicio previo.

Los partidarios de Calles veían la suspensión del culto religioso como una victoria completa y rápida, pero nunca se imaginaron, ni mucho menos esperaron, una reacción como la que tuvo el pueblo cristiano al verse privados de la Eucaristía y de los sacramentos, al ver los altares sin manteles y los sagrarios vacíos, con aquella puertecita abierta...

mapa mexico

El cristero Cecilio Valtierra nos cuenta aquella experiencia: “Se cerró el templo, el sagrario quedó desierto, quedó vacío, ya no está Dios ahí; ya no se oyó el sonar de las campanas que llaman al pecador a que vaya a hacer oración. Sólo nos quedaba un consuelo: que estaba la puerta del templo abierta y los fieles por la tarde iban a rezar el Rosario y a llorar sus culpas. El pueblo estaba de luto, se acabó la alegría, ya no había bienestar ni tranquilidad, el corazón se sentía oprimido y, para completar todo esto, prohibió el gobierno la reunión en la calle como suele suceder que se para una persona con otra, pues esto era un delito grave” (Meyer I,96). 

Y a pesar de todos estos acontecimientos el gobierno de Calles inicia una persecución cruel asesinando a varios curas y seglares por todo el país, simplemente por el hecho de ser católicos. Muchos de ellos fueron cruelmente torturados antes. Por ello, en el estado de Zacatecas, a mediados de agosto de 1926, se alzó el primer grupo de cristeros armados. Y enseguida, por todas partes en el país, con el grito de la fidelidad: ¡Viva Cristo Rey!...

Pero estos no actuarían solos ni de manera incorrecta, el 18 de octubre de 1926, en Roma, Pío XI recibe una Comisión de Obispos mexicanos, que le informa de la situación de persecución y de resistencia armada. Y el 18 de noviembre de 1926, el Papa publica su encíclica Iniquis afflictisque, en la que denuncia los atropellos sufridos por la Iglesia en México: “Ya casi no queda libertad ninguna a la Iglesia [en México], y el ejercicio del ministerio sagrado se ve de tal manera impedido que se castiga, como si fuera un delito capital, con penas severísimas”. El Papa alaba con entusiasmo la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, extendida por todo el país, donde sus socios trabajan concorde y asiduamente, con el fin de ordenar e instruir a todos los católicos, para oponer a los adversarios un frente único y solidísimo. Y se conmueve ante el heroísmo de los católicos mexicanos: “Algunos de estos adolescentes, de estos jóvenes se han lanzado a la muerte, con el rosario en la mano, al grito de ¡Viva Cristo Rey! Inenarrable espectáculo que se ofrece al mundo, a los ángeles y a los hombres”.

Por lo que el 17 de mayo de 1927, con la petición de algunos obispos mexicanos, Roma envía el siguiente documento: “Otro rescripto que hemos recibido concede a los que están en México, indulgencia plenaria in articulo mortis, si confesados y comulgados, o por lo menos contritos, pronuncien con los labios, o cuando menos con el corazón, la jaculatoria ¡Viva Cristo Rey!, aceptando la muerte como enviada por el Señor”. 

Durante los tres años de guerra cristera, cientos de miles de católicos fueron martirizados. Los obispos desterrados a los Estados Unidos hicieron fuertes reclamos a nivel mundial junto con el Cardenal Gasparri, secretario de Estado.

El gobierno mexicano, con el embajador estadounidense y la Iglesia llegaron a un acuerdo, en el que permitían nuevamente la apertura del culto católico en las iglesias y el regreso de los Obispos mexicanos y sacerdotes extranjeros al país.  Pero el país siguió siendo regido por las mismas leyes de Calles, solamente que el gobierno “toleraría” algunas cosas constitucionalmente ilegales. 

En el año 2000, el gobierno masónico acabaría, después de 71 años gobernando, para dar paso a una nueva etapa de la historia de México, llegando al poder el primer presidente contemporáneo de la derecha conservadora, de principios abiertamente católicos. 

©Revista HM º164 Enero/Febrero 2012

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Carl : Me estoy convirtiendo al catolicismo en parte por la Hna. Clare Crockett.

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