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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Santos

Beato José Luis Sánchez del Río

Un mártir de Cristo Rey
Alan J. Saldaña
primera-comunion
El beato José Luis nació en un pequeño pueblo de Michoacán en 1913, proveniente de una familia honrada y reconocida por su gran fe. Un año antes de su martirio decidió ingresar en las fuerzas cristeras del general Prudencio Mendoza. Dos de sus amigos serían testigos de su martirio, uno de siete años y el otro de nueve años, que después se convertirían en fundadores de congregaciones religiosas.

 

Sus vecinos eran la familia Picazo, según estos “eran buenos amigos y compadres” de la Familia Sánchez.  El Sr. Picazo era diputado y no podía tolerar el hecho de que los tres hijos de sus compadres se hubieran levantado en armas en contra del supremo Gobierno que él representaba en la región.

Así pues, el diputado decidió apresar a su ahijado José Luis, quien fue llevado a una parroquia-prisión de Guadalajara. El ejército avisó a su padre y le informó que si quería liberarlo tendría que pagar cinco mil pesos oro. El afligido padre de inmediato viajó a Guadalajara con la intención de hacer todo lo que fuese posible por salvar la vida de su hijo y buscar la manera de reunir esa cantidad, vendiendo todos sus bienes si fuese necesario, porque no era fácil pagar semejante suma. Los familiares de José Luis le avisaron que iban a pagar el rescate por su libertad, pero nuestro beato les pidió por Dios que no lo hicieran, que no se pagara por él ni un solo centavo porque él ya había ofrecido su vida a Dios.

En su primera noche de prisión en aquella iglesia, vio con gran tristeza el lamentable estado en que el Gobierno la tenía al haberse apoderado de ella. Se podían ver todo tipo de desórdenes y libertinajes del ejército dentro de ella. Además servía también de albergue para los caballos del diputado Picazo y el presbiterio era un corral de finos gallos de pelea que tenía amarrados al manifestador (lugar donde se expone el Santísimo). Así que el Beato José Luis decidió hacer algo ante tal barbarie. Por la noche logró desatarse y mató a todos los gallos de su padrino, además, con un golpe certero en los ojos dejó ciego al caballo. Al terminar se recostó en un rincón del templo a dormir. Al día siguiente, al enterarse su padrino de la matanza de sus gallos llegó al templo furioso y le gritó a José Luis si sabía lo que había hecho. Él respondió: “La casa de Dios es para venir a orar, no para refugio de animales”. Se enfadó tanto que le comenzó a amenazar y José Luis le contestó: “¡Fusílame para que yo esté luego delante de Nuestro Señor y pedirle que te confunda!”. Ante esta respuesta, uno de los ayudantes de Picazo le dio un fuerte golpe en la boca y le rompió los dientes. Su muerte y la de su compañero de celda, Lázaro, era segura. Ese día, su tía María les envíó el almuerzo. Su compañero no deseaba comer pero José Luis le animó diciéndole: “Vamos a comer bien, nos van a dar tiempo para todo y luego nos fusilarán. No te eches para atrás, duran nuestras penas mientras cerramos los ojos”.

Ese mismo día, a las 5:30 de la tarde, sacaron a los dos prisioneros de la parroquia y los llevaron a la plaza principal para colgarlos. José Luis fue obligado a estar junto a un árbol y presenciar la muerte de su amigo.Viendo el acontecimiento, José Luis se acercó a los verdugos y les dijo: “¡Vamos, ya mátenme!”. Luego, cuando creyeron muerto a Lázaro, bajaron el cuerpo y lo arrastraron al cementerio. Allí, el encargado del panteón, Luis Gómez, les dijo que podían irse, que él se encargaría del entierro, porque se había dado cuenta que todavía estaba vivo y quería salvarlo. Al caer la noche sacó del panteón a Lázaro y logró escapar.

jose-luisA José Luis no le colgaron ya que su padrino deseaba solamente asustarlo. Lo volvió a encerrar en la parroquia, donde pasó varios días en los que se asomaba por una pequeña ventana de vez en cuando para ver pasar a la gente. Algunas personas lo reconocían y a veces hablaban con él. Ellos aseguraron que José Luis estaba tranquilo y pasaba el tiempo rezando el rosario y cantando alabanzas a Dios. Pero el 10 de febrero, a las 6 de la tarde, José Luis fue sacado del templo y trasladado a un cuartel. Allí le fue anunciada su muerte. Él pidió inmediatamente un papel y tinta para escribir a su tía María: “Sahuayo, 10 de febrero de 1928. Sra. María Sánchez de Olmedo. Muy querida tía: Estoy sentenciado a muerte. A las 8,30 llegará el momento que tanto he deseado. Te doy las gracias por todos los favores que me hiciste, tú y Magdalena. No me encuentro capaz de escribir a mi mamá, si me haces el favor escribe también a María. Dile a Magdalena que conseguí con el teniente que permitiera verla por último. Yo creo que no se negará a venir. Salúdame a todos y tú recibe, como siempre y por último, el corazón de tu sobrino que mucho te quiere y verte desea. ¡Cristo vive, Cristo reina, Cristo impera! ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe! José Sánchez del Río que murió en defensa de su fe. No dejen de venir. Adiós”.

Cerca de las 11 de la noche el joven fue llevado a golpes a la calle, uno de los soldados sacó un cuchillo y desolló la planta de sus pies. Fue obligado a caminar por toda la calle de Constitución hasta el cementerio municipal, mientras le golpeaban. Los que le llevaban intentaron hacerle apostatar a fuerza de crueldad inhumana, pero no lo consiguieron. Sus labios solo se abrieron para gritar: ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe! Una vez llegado al panteón, viendo los soldados su fe y fortaleza al no acobardarse ante aquel tormento, el jefe de la escolta ordenó a sus hombres que le apuñalasen en todo su delgado cuerpo. A cada puñalada José Luis gritaba con más fuerza: ¡Viva Cristo Rey! Luego, el Jefe de la escolta se le acercó y le preguntó al joven con crueldad y burla si quería enviarle un mensaje a su padre. José Luis le respondió indoblegable: “¡Que nos veremos en el cielo! ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Santa María de Guadalupe!”.  Para acallar aquellos gritos que tanto le enfurecían, él mismo sacó su pistola y le disparó en la cabeza, cayendo José Luis bañado en sangre. Eran las 11:30. Su cuerpo quedó sepultado sin ataúd y sin mortaja, recibiendo directamente las paletadas de tierra.

Tiempo después sus restos mortales fueron trasladados a la cripta de los mártires del templo del Sagrado Corazón y en 1996 nuevamente fueron trasladados a la Parroquia de Santiago Apóstol. Fue beatificado por el Papa Benedicto XVI el 20 de noviembre de 2005.

©Revista HM º167 Julio/Agosto 2012

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