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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Santos

SANTIAGO MOSQUERA Y SUÁREZ DE FIGUEROA


santiago mosquera-color16 AÑOS. Estudiante y Congregante mariano.

«Porque yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente. He competido en la noble competición, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe» (2 Timoteo 4, 6-7).

Santiago había nacido el 3 de febrero de 1920 en Villanueva de Alcardete (Toledo, España). Según declara su propia hermana, era de carácter extrovertido, travieso, simpático... Eran ocho hermanos y como los tres mayores, pertenecía a la Congregación de San Luis Gonzaga de Madrid. Habían estudiado en Colegios de la Compañía de Jesús: Ramón tenía 24 años, hizo el bachillerato en el Colegio de Nuestra Señora del Recuerdo en Chamartín de la Rosa (Madrid), era artillero y estudiaba el último curso de Leyes en la Universidad; José María y Luis, habían estudiado en Areneros (Madrid), se preparaban para ingresar en la Academia General de la Marina y en la Academia General Militar respectivamente. Santiago estaba estudiando en el Colegio que los PP. Jesuitas tenían en Estremoz (Portugal).

Cuando Santiago tenía 16 años estalló la guerra. El 25 de julio de 1936 los milicianos se presentaron en casa de los Mosquera. Iban buscando armas y encontraron dos escopetas de caza. El padre se encontraba fuera del pueblo, pero inmediatamente fueron detenidos sus hermanos Ramón y Luis.

Santiago indignado ante la injusta detención gritó a los milicianos:

-”¿Por qué?... si todos en el pueblo tienen escopetas para ir a cazar conejos y perdices”.

Bastó este atrevimiento del joven para que también él fuera arrestado. Los tres hermanos fueron conducidos a la iglesia parroquial de Santiago Apóstol, que como en tantos otros lugares hacía de cárcel y donde estaban otros detenidos. Encerrados en las capillas laterales que tenían verjas de hierro y puertas con candados, fueron salvajemente maltratados. Permanecieron en este lugar hasta el 15 de agosto, solemnidad de la Asunción. Ese día, en la madrugada, fueron seleccionados 12 de los detenidos y fusilados a unos tres kilómetros de La Villa de Don Fadrique. En el grupo estaban, junto a otros, Ramón y Luis, hermanos de Santiago y el párroco de Villanueva de Alcardete.

Entretanto también fue detenida la madre de Santiago, a la que los milicianos maltrataron física y verbalmente, para que les dijera dónde se escondía su esposo. Luego la dejaron regresar a su casa, dejándole en el corazón la amenaza de que su hijo Santiago seguiría detenido hasta que apareciera su marido. Éste, ajeno a cuanto estaba sucediendo, se encontraba en Portugal realizando un trabajo.

El otro hermano de Santiago, José María, logró huir al campo durante las primeras semanas, pero también sería asesinado en la carretera de Valencia.

b n-santiago mosqueraEn la iglesia-prisión quedaban todavía seis personas: junto a Santiago estaba el coadjutor de la parroquia de Villanueva, el Siervo de Dios Eugenio Rubio Pradillo, quien contempló destrozado el martirio infringido al joven adolescente: Amarraron a Santiago a una estaca y le conminaron a blasfemar.

-¡Blasfema!

-Nunca. Aunque me matéis. (Le pegan).

-¡Blasfema!

-Puedes pegarme otra vez. Yo no blasfemo.

Otra bofetada le producía sangre sobre sangre. Atado a la estaca estuvo dos días sin comer ni beber. El niño gemía dolorosamente...

-Si haces lo que nosotros hacemos... comes y te perdonamos la vida.

El joven cerraba los ojos y no respondía.

-Abre los ojos o te pego un tiro. Y uno de aquellos criminales le aplicaba una pistola al vientre.

-No quiero veros.

-¿Qué no quieres vernos? Ahora sí que vas a ver. Pero las estrellas.

Y con un látigo, cruzaron repetidamente el rostro de Santiago. Y así se sucedieron los tormentos.

Al fin en la noche del 24 al 25 de agosto de 1936 los seis detenidos que quedaban fueron conducidos al cementerio de Villanueva de Alcardete (Toledo) para ser fusilados.

Los ponen contra el paredón. Disparan una descarga, dos descargas, y el crimen ha sido consumado.

Santiago no murió, pero fue gravemente herido en sus piernas por la metralla de los fusiles. Cuando los milicianos se marchan Santiago intenta escapar pero no puede, tiene las piernas destrozadas. Así pasa la noche entera, entre los cadáveres de sus amigos. Espera a que amanezca. Oye los pasos de alguien que se acerca, es el sepulturero: “Crece la confianza en el pecho de Santiago, se ensancha su fe y su corazón late con más ansiedad, y exclama: ¡Piedad, buen hombre, piedad!”.

Lejos de tener piedad el sepulturero le contesta de forma soez y le grita sin piedad que blasfeme contra Dios y María. Santiago se niega, no podía hacer eso, pues era pecado contra Dios; la ira del sepulturero va en aumento y le amenaza vivamente con matarle sin no blasfema.

“Prefiero morir antes que ofender a Dios”, contestó Santiago.

El cruel asesino entonces, tomó con violencia un pico y de un golpe acabó con la vida de Santiago.

Según cuentan los diferentes testigos, tras la guerra, el cuerpo de Santiago, que no se sabía dónde lo habían enterrado, fue hallado casi milagrosamente... tenía su rosario en la mano izquierda y su rostro reflejaba la serenidad del encuentro con Dios.

Santiago permaneció fiel a Jesucristo hasta el final y recibirá la corona que no se marchita.

©Revista HM º170 Enero-Febrero 2013

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