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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Santos

Bendecida desde la cruz

Edith Stein

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Por Hna. Emma Haynes S.H.M.

“Tú, con inmenso amor, hundes tu mirada en la mía e inclinas tu oído a mis calladas palabras y llenas el corazón de profunda paz. Tu cuerpo penetra misteriosamente el mío, y tu alma se une con la mía: ya no soy lo mismo que era antes. Tú llegas y te vas, pero permanece la semilla, echada por Ti” .

Introducción A Su Vida

Edith Stein nace en Breslau el 12 de octubre de 1891 en el seno de una familia judía de profunda fe. Es la pequeña de once hermanos. Su madre, Augusta Stein, era una mujer de una fe fuerte, que la inculcaba en sus hijos. Su padre falleció repentinamente a los 48 años de edad cuando Edith tenía tan solo 1 año y 9 meses. Enseguida la inteligencia de Edith se hizo notar y desde los 6 años frecuentaba la escuela y mostraba gran facilidad para aprender. Tuvo desde pequeña una conciencia muy despierta.

Con los años, el ansia de Edith por encontrar la verdad crecía. No la satisfacían las creencias judaicas de su madre, ni los conocimientos intelectuales. En la universidad emprendió el camino de la psicología con la esperanza de encontrar el sentido de la existencia humana, pero solo se encontraba con una ciencia marcada por el ateísmo. Entonces tomó el camino de la filosofía y pareció encontrar alguna respuesta a sus interrogantes en las clases y pensamiento de Edmundo Husserl y la fenomenología. Pero aun así, le faltaba algo, sentía que no había encontrado todavía la verdad. Hablando de su tiempo de estudiante dice de sí misma: “Mi ansia de verdad era una única oración”.

El Salto Hacia La Fe

 El Señor la fue llevando poco a poco a la fe católica. Debió su salto final a una de las grandes santas del siglo XVI, Sta. Teresa de Jesús. En 1921, durante una noche veraniega en Bergzabern, donde se estaba quedando en casa de unos amigos, Edith, toma de entre los libros de la estantería uno titulado: “Vida de Santa Teresa de Jesús”. Se trata de una autobiografía. Edith se entrega a la lectura durante toda la noche y cuando termina de leer dice para sí: “Esto es la verdad”. En esa autobiografía descubre que Dios no es un Dios de la ciencia, sino que Dios es amor. La oscuridad que sentía Edith en su interior se ve iluminada, encuentra en los escritos de esta Santa palabras que son un himno a la misericordia de Dios, que saca el alma de las tinieblas, la aleja de las sombras de la muerte y la lleva a la luz y a la vida. Habla de un camino que no se puede recorrer si no se abraza a la cruz.

Recibe el sacramento del bautismo el 1 de enero de 1922. Ese mismo día recibe la Sagrada Comunión y el 2 de febrero la Confirmación.

Por Fin Carmelita

Después de una larga espera, el 15 de abril de 1934, toma el hábito en el Carmelo de Colonia- Lindenthal, Alemania. Recibe el nombre de Sor Teresa Benedicta de la Cruz. Nombre que recoge el resumen de toda su vida: Teresa bendecida desde la Cruz. Vive su noviciado con gran fervor y delicadeza de conciencia. “Es preciso esforzarse por vivir cada vez con más fidelidad y pureza la vida que se ha elegido, para ofrecerla como un sacrificio aceptable por todos aquellos con los que se está unido.” (Cartas de Edith Stein). El provincial, P. Teodoro de san Francisco, no tarda en expresar sus deseos de que Sor Benedicta vuelva a ejercitar sus facultades literarias y científicas.

Un año después de la toma de hábito se entrega a Dios en la primera profesión. Destaca en Edith en estos primeros años de vida religiosa su sencillez e infancia espiritual. El Domingo de Resurrección, 21 de abril de 1935, Sor Benedicta, pronuncia sus primeros votos ante la Madre priora.

edith2Manos A La Obra

Recién profesa sus superiores le piden que termine de redactar el manuscrito ya comenzado sobre “Acto y potencia”. En cuanto a su labor intelectual escribe: “El intelectual ve que las verdades supremas y definitivas no se descubren mediante la razón humana y, por consiguiente, en la configuración práctica de la vida, una persona sencillísima, por iluminación de lo alto, puede aventajar al mayor sabio”. El 14 de septiembre de 1936 culmina su obra que titula “Endliches und Ewiges Sein” (Ser Finito y Ser Eterno).

Durante la ceremonia de renovación de votos, su madre, en Breslau, tras una penosa agonía, entrega su alma a Dios. Sor Benedicta nunca había podido esclarecerle a su madre el sentido de su vocación religiosa, pero después de su muerte siente una gran confianza, e incluso nota una proximidad espiritual. Después de la muerte de su madre, su hermana, Rosa, pudo por fin bautizarse y recibir la primera Comunión, motivo de gran alegría para Sor Benedicta.

Ama Y Haz Lo Que Quieras

Aprovecha cualquier oportunidad para demostrar su amor a las Hermanas. Por un tiempo se encargó del oficio de tornera, tarea que ejerció con mucha sencillez y amabilidad. Una Hermana dice de ella: “siempre que la caridad lo exigía, se mostraba dispuesta a ayudar. Creo que su lema era éste: ama et fac quod vis (ama y haz lo que quieras)”.

Hágase Tu Voluntad

Sor Benedicta estuvo siempre atenta a lo que Dios quería y pedía. No temía el sufrimiento ni la cruz, porque procuraba mirar todo con ojos de fe e imitar a Jesús que, aun cuando estaba sumergido en las tinieblas, repetía al Padre: “hágase tu voluntad”. Ella misma escribe: “Adherirse a Cristo: esto no es posible sin seguirle al mismo tiempo”. Quiere imitar a Cristo en su voluntaria soledad, su silencio y su entrega amorosa.

Una Pequeña Ester

Los años de 1938 a 1942 son años en los que el Señor le pide una entrega cada vez más profunda. La persecución contra los judíos se agrava. Sor Benedicta reconoce su propio peligro. Es carmelita, pero pertenece a la raza judía que Hitler quería a toda costa exterminar. Consideran la posibilidad de emigrar a Palestina, al monasterio de Belén, para no poner en peligro a su comunidad, pero no es posible. El 21 de abril de 1938, jueves de Pascua, hace sus votos perpetuos. A finales de este mismo año, Sor Benedicta siente en sí misma cada vez más fuerte la vocación de padecer por su atribulado pueblo. Escribe a la Madre Petra: “Tengo confianza... en el hecho de que el Señor ha aceptado mi vida por muchos. Pienso constantemente en la reina Ester, la cual fue escogida de entre su pueblo precisamente para interceder por él ante el rey. Yo soy una pequeña Ester, pobre e impotente, pero el Rey que me ha escogido es infinitamente grande y misericordioso. Esto es un gran consuelo”.

A La Sombra De La Cruz

En noviembre de 1938 arden las sinagogas, los judíos son expulsados a golpes de sus casas y nadie alza la voz. Sor Benedicta se queda petrificada por el dolor y exclama: “Esto es la sombra de la cruz que cierne sobre mi pueblo. Ciertamente hoy tengo un conocimiento más exacto de lo que significa estar desposada con el Señor bajo el signo de la cruz”. (Cartas de Edith Stein) La Madre Teresa Renata pide al convento carmelitano de Echt (Holanda) que acoja a Sor Benedicta y el 31 de diciembre abandona el convento de Colonia camino a Holanda. Para Sor Benedicta es un momento de gran dolor que ofrece generosamente a Dios y escribe: “Él, que impone la cruz, sabe hacer la carga dulce y ligera”. Poco antes de estallar la segunda guerra mundial, escribió a su priora, la Madre Ostilia: “Querida madre, permítame su reverencia que me ofrezca al Corazón de Jesús como víctima expiatoria por la verdadera paz, para que se derrumbe, a ser posible sin una guerra mundial, el dominio del Anticristo y pueda establecerse un nuevo orden en el mundo. Quisiera hacerlo hoy mismo, y ya estamos en la hora duodécima. Sé que no soy nada, pero Jesús lo quiere, y Él en estos días va a llamar a lo mismo a otros muchos”. Aprovecha cada minuto para preparar su corazón para el encuentro con el Señor, profundizando, cada vez más, en el misterio de la Cruz. Llegan desde Alemania y Luxemburgo noticias aterradoras. Sor Benedicta escribe: “Naturalmente, podemos pedir que no tengamos que pasar tal experiencia, pero añadiendo siempre con seriedad y sinceridad: “¡No se haga mi voluntad, sino la tuya!”. En 1940 los alemanes ocupan Holanda. Tratan de buscar un nuevo traslado pero no hay posibilidad.

Vamos Por Nuestro Pueblo

El 2 de agosto a las 5 de la tarde, dos oficiales de las SS llegan al convento y preguntan por Sor Benedicta. Le dan 5 minutos para recoger sus cosas y salir con ellos. Sor Benedicta entra al coro por última vez y pide a las Hermanas que recen por ella. A la puerta de la clausura la espera su hermana Rosa, también detenida. De rodillas reciben la bendición de la superiora. Al salir, la calle está llena de gente indignada por lo sucedido. Un conocido oye cómo Sor Benedicta se dirige hacia su hermana, le coge la mano y le dice: “Ven, vamos a sacrificarnos por nuestro pueblo”. Su destino terrenal sería Auschwitz pero su eterno: el Cielo. Entre el 8 y el 10 de agosto muere en las cámaras de gas junto con su hermana Rosa. Testigos presenciales aseguran que los días desde su detención hasta su muerte los vivió con inmensa paz. Paz que transmitía a su alrededor. Tiempo antes había escrito: “Ciertamente es difícil vivir fuera del claustro y sin el Santísimo. Pero dentro de nosotros está Dios, toda la Santísima Trinidad. Si sabemos construir en nuestro interior una celda bien cerrada y retirarnos a ella todas las veces que podamos, entonces en ningún sitio del mundo puede faltarnos nada”.

Murió convencida de que su muerte era un testimonio de la verdad, de Jesucristo. Esto lo expresó en una de las últimas cartas que escribió el 6 de agosto: “Si es verdad que nuestros sufrimientos se han intensificado un poco, también la gracia correspondiente será mucho mayor, y una magnífica corona nos está preparada en el Cielo. Alegraos conmigo. Voy con ánimo y confianza. Podemos dar testimonio de Jesús”.

©Revista HM; º192 Septiembre-Octubre 2016

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