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Santos

San Esteban, Protomártir

Por Hna. Gema Díaz, SHM

"Quien entrega su vida por amor, la gana para siempre" (Himno de la Liturgia de Mártires)

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Esteban significa: “coronado” (stéfanos: corona). Se llama “protomártir”, porque tuvo el honor de ser el primer mártir que derramó su sangre por proclamar su fe en Jesucristo.

"Dichoso tú, Esteban, que por proclamar tu amor a Cristo en la tierra, mereciste alcanzar la corona del martirio y poseer la Gloria del Cielo junto a Él. Haz que muchos obtengamos esta misma gracia, de nuestro Señor Jesucrito, para poder imitar tu amor a nuestros enemigos, siendo capaces de dar nuestra vida perdonándolos de corazón."

Después de Pentecostés, los apóstoles dirigieron el anuncio del mensaje cristiano a los más cercanos, a los hebreos, despertando el conflicto por parte de las autoridades religiosas del judaísmo.

Como Cristo, los apóstoles fueron inmediatamente víctimas de la humillación, los azotes y la cárcel, pero tan pronto quedaban libres, continuaban la predicación del Evangelio.La primera comunidad cristiana, para vivir integralmente el precepto de la caridad fraterna, puso todo en común. Repartían todos los días cuanto bastaba para el sustento. La comunidad crecía. En los Hechos de los Apóstoles se narra que en Jerusalén hubo una protesta de las viudas y pobres que no eran israelitas porque, en la distribución de las ayudas, se les daba más preferencia a los que eran de Israel que a los pobres que eran del extranjero. Los doce apóstoles dijeron: “No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas” (Hch. 6,2).Y pidieron a los creyentes que eligieran por voto popular a siete hombres de muy buena conducta y llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, para que se encargaran de la repartición de las ayudas a los pobres como ministros de la caridad. “Eligieron a Esteban, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, y también a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás, prosélito éste de Antioquía” (Hch. 6,7).Todos ellos fueron presentados a los apóstoles que oraron por ellos y les impusieron las manos, quedando así ordenados diáconos (palabra que significa “ayudante”, “servidor”).

De entre este grupo, sobresalía el joven Esteban, quien, además de desempeñar las funciones de administrador de los bienes comunes, no renunciaba a anunciar la buena noticia. Así, con estos nuevos y decididos predicadores, la palabra evangélica crecía y los cristianos se multiplicaban.

Los judíos provenientes de otros países, al llegar a Jerusalén, empezaron a discutir con Esteban que les hablaba de Jesucristo, y no podían resistir a su sabiduría y al Espíritu Santo que hablaba por medio de él. Al no poder rebatir sus palabras, lo llevaron al Tribunal Supremo de la nación, el Sanedrín, para acusarlo con falsos testigos, que dijeron: “Este hombre no cesa de proferir palabras contra el lugar santo y contra la Ley; pues le hemos oído decir que este Jesús, el Nazareno, destruirá este lugar y cambiará las costumbres que nos transmitió Moisés” (Hch. 6,13-14). Los del tribunal al observarlo vieron que su rostro brillaba como el de un ángel.

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San Esteban pronunció ante el Sanedrín un impresionante discurso en el cual fue recordando toda la historia del pueblo de Israel (capítulo 7 de los Hechos de los Apóstoles): “¡Hermanos y padres mios, escuchad! El Dios de la Gloria se apareció a nuestro padre Abraham...”. Con estas palabras cercanas y amables del vocabulario humano, les recuerda la comunidad de su origen; no es entre ellos Esteban un desconocido. Es de la raza de Abraham; es partícipe de las mismas promesas y de las mismas esperanzas. Y, posteriormente, con amargura de su alma despliega ante sus ojos, con precisión geográfica, con exactitud cronológica, la larga cadena de sus infidelidades, echándoles en cara que ellos siempre se habían opuesto a los profetas y enviados de Dios, terminando por matar al más santo de todos, Jesucristo el Salvador. “¡Duros de cerviz; incircuncisos de corazón! Siempre habéis resistido al Espiritu Santo. Como vuestros padres fueron, habéis sido vosotros. ¿A qué profeta no persiguieron? Dieron muerte a quienes les anunciaban la venida del Justo, a quien vosotros ahora traicionasteis y crucificasteis; vosotros, sí, vosotros, que por ministerio de ángeles recibisteis la Ley y no la observasteis...” (Hch. 7, 51-53)

Más que ninguna otra acusación, les exaspera esa tajante ofensa, directísima, que para ellos es insoportable: la desobediencia a la Ley. Por eso, al oír esto, empezaron a rechinar de rabia. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba en pie a la derecha de Dios y exclamó: “Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre en pie a la derecha de Dios” (Hch. 7,56). Entonces ellos llenos de rabia se taparon los oídos y se lanzaron contra él. Lo arrastraron fuera de la ciudad y lo apedrearon. Los que lo apedreaban dejaron sus vestidos junto a un joven llamado Saulo (el futuro S. Pablo) que aprobaba aquel delito.

Mientras lo apedreaban, Esteban decía: “Señor Jesús, recibe mi espíritu” (Hch. 7,59). Doblando las rodillas bajo la lluvia de piedras, el primer mártir cristiano repitió las mismas palabras de perdón que Cristo pronunció en la cruz y dijo con fuerte voz: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado” (Hch. 7,60). Y diciendo esto, murió. Unos hombres piadosos sepultaron a Esteban y la comunidad hizo gran duelo por él.Si Esteban no hubiese orado y Dios no le hubiese oído, Saulo no se hubiera convertido en Pablo ni la Iglesia tendría el Apóstol de los Gentiles.

Posteriormente, en el año 415, el descubrimiento de sus reliquias suscitó gran impacto en el mundo cristiano.

Cuando parte de estas reliquias fueron llevadas más tarde por Pablo Orosio (Historiador y sacerdote-teólogo visigodo) a la isla balear de Menorca, fue tal el entusiasmo de los isleños que, ignorando la lección de caridad del primer mártir, pasaron a espada a los hebreos que se encontraban allí.

La fiesta del primer mártir siempre fue celebrada inmediatamente después de la festividad navideña, es decir, entre los “comites Christi”, los más cercanos a la manifestación del Hijo de Dios, porque fueron los primeros en dar testimonio de él.

©Revista HM; nº193 Noviembre-Diciembre 2016

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