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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Santos

El olvido de la sangre martirial

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 El olvido de la sangre martirial

 Por Hna. María Fuentes, SHM

Recientemente hemos estado en la beatificación de un centenar de mártires de la persecución religiosa de principios del s. XX en España. Fue una ceremonia muy bonita, muy bien preparada. Antes de la celebración de la Sta. Misa se rezó un Rosario intercalado con la lectura del testimonio de algunos de los mártires que iban a ser beatificados. Toda la celebración estuvo llena de unción y las palabras del Cardenal Ángelo Amato nos ayudaron a penetrar en el misterio que estábamos celebrando. No hay duda que un acontecimiento como este ha sido una gracia inmensa para la diócesis en la que se realizó, y para la Iglesia entera. Pero… ¿Pero?... Pues sí, hubo un “pero”, y no pequeño. Un pero que tenía que ver con la cantidad, condición y actitud de los presentes. Cantidad, porque hubo muchas sillas vacías. Teniendo en cuenta que estamos hablando de 115 mártires, y que una buena parte de la concurrencia eran familiares de los beatificados, había muy poca gente. Esa es la verdad… Ni siquiera se llenaron las plazas previstas por la organización.

Condición, porque observando la concurrencia, enseguida nos dimos cuenta de que la media de edad de los presentes era de cincuenta o sesenta años. Gracias a las grandes pantallas que nos permitían ver de cerca los rostros de la gente cuando las cámaras hacían sus barridos, pudimos comprobar que no era solo una sensación, era una realidad que los que habían acudido a la cita eran mayoritariamente abuelos. No tenemos nada en contra de los abuelos, evidentemente, pero ¿y los demás? ¿Solo los mayores habían sido capaces de ponerse en movimiento? ¿Qué significa eso?

Y actitud, porque si éramos pocos en proporción al acontecimiento, encima una buena parte no sabía muy bien ni qué estaba haciendo. Sí sabían que venían ‘a eso de los mártires’; pero ¿sabían en qué consistía el acto? Pues más bien no. Cuando nuestro grupo se puso de pie en el comienzo de la Sta. Misa, la gente sentada detrás nuestro empezó a hacer comentarios y a llamarnos la atención, porque no les dejábamos ver: “¡pero por qué no se sientan esos!” decían, sin caer en la cuenta de que ya estábamos en el ‘Señor, ten piedad’. Durante toda la celebración hubo un movimiento de gente que entraba y salía como quien está en un espectáculo que se comienza a hacer pesado y necesita salir a tomar el aire. Por supuesto que había gente muy buena, muy centrada, que estaba viviendo todo como Dios manda… pero no era la actitud general, la verdad.

Quizá alguien piense que fijarse en estas cosas es tener un pensamiento muy negativo, que hay que ver todo más positivamente, y que no hay que dar importancia a estos pequeños inconvenientes que suceden en torno a una celebración.el olvido de los martires32

A esto habría que responder que más bien es la capacidad de analizar y profundizar en lo que uno tiene delante, la que nos lleva a poner un “pero”; porque quizá esos “pequeños inconvenientes” sean como un indicador de algunas realidades bastante graves que estamos viviendo en nuestro tiempo.

Con motivo del Jubileo del año 2000 se llevó a cabo una celebración jubilar de “los testigos de la fe en el siglo XX”. En ella, S. Juan Pablo II pidió: “Que permanezca viva la memoria de estos hermanos y hermanas nuestros a lo largo del siglo y el milenio recién comenzados. Más aún, ¡que crezca!”.

Pues visto lo visto en la beatificación en la que estuvimos, se diría que más que permanecer viva su memoria, se ha producido un olvido de la sangre martirial.

¿Por qué este Santo Papa nos pedía no olvidar a los mártires y que creciera su memoria entre nosotros? A lo largo de toda la Historia de la Iglesia ha habido siempre mártires, testigos dispuestos a dar su vida por la fe, por amor y fidelidad a Cristo. Y hoy, como siempre, no es posible a los cristianos ser fieles a Cristo y a su Iglesia sin ser mártires. No todos estamos llamados a derramar la sangre, pero sí a vivir en una actitud martirial. Los cristianos verdaderos saben que con frecuencia se ven en la alternativa de: o dar testimonio de Cristo con sus palabras y obras, como mártires-testigos suyos ante los hombres, o ceder ante las exigencias del mundo y renegar, ser infieles, vencidos. Sabemos que no es posible seguir a Cristo en este mundo sin tomar la Cruz un día y otro hasta la muerte. Por eso necesitamos que permanezca viva, que crezca en nosotros, la memoria de aquellos hermanos nuestros que permanecieron fieles hasta la muerte. Ellos nos enseñan con su ejemplo cómo vivir nuestra fe. Encienden en nosotros el deseo de una entrega generosa hasta dar la vida. Y como están vivos en el Cielo, interceden solícitos y esperan que les llamemos en nuestra ayuda. Una iglesia en la que se olvida o se descuida la memoria de los mártires no es la Iglesia de Jesús. Y poco a poco, o mucho a mucho, perderá el vigor y la fidelidad.

Y ahí tenemos ante nuestros ojos la realidad: vivimos en nuestro tiempo una apostasía tan grande como quizá nunca antes se ha visto en la historia del cristianismo. Son incontables los cristianos que han apostatado de su fe, que han abandonado la Iglesia. La mayor parte no han cedido por la persecución del mundo, sino seducidos por él. Y les parece que quien está dispuesto al martirio es un fanático. Cristianos que en lugar de tomar su cruz de cada día y seguir al Señor, tienen auténtico horror a cualquier tipo de sufrimiento o contradicción y la evitan como sea. Cristianos que viven al servicio de las riquezas y el materialismo. Cristianos muy “razonables” que callan y ceden ante las exigencias del mundo. Cristianos comodones, hedonistas… para los que es un deber absoluto el conservar la propia vida, el no ser excluidos, el no chocar con la mentalidad actual.

¿Nos hemos olvidado de los mártires y por eso hemos perdido la fuerza de la verdadera vida cristiana?... ¿O es que porque hemos perdido ya la vida no damos importancia a los mártires? Quizá sean ambas cosas a la vez.

El Sr. Cardenal A. Amato, en la homilía de la beatificación, nos animó a “imitar el ejemplo de los mártires, que nos invitan a no tener miedo y perseverar con valentía en la fe”. Nos insistió en que “nos incumbe el deber de la memoria, para no descuidar este patrimonio incomparable de obediencia al Dios de la vida”... “Los mártires, nos dijo, son para la Iglesia un tesoro espiritual al que acudir frecuentemente para fortalecer el testimonio cotidiano, frente a una persecución quizá no violenta, pero igual de miserable, que busca desacreditar la herencia cristiana”.

Bien, pues movámonos. Que crezca el número, que aumente la condición, que recuperemos esta actitud martirial en nuestra vida y en nuestras iglesias. No dejemos en el olvido la sangre de los mártires de toda la historia, los tan cercanos del s. XX y la de tantos hermanos que están, ahora mismo, sufriendo alegres y muriendo por su fe, en tantas partes del mundo. Conozcámoslos e imitemos su generosidad y su fidelidad hasta la muerte. A su intercesión nos confiamos, sabiendo que la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos. Nuevos en su amor ardiente, generoso y fiel hasta la muerte.

©HM Revista; nº197 Julio-Agosto 2017

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