Menu

Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Santos

La prueba más grande de su amor

guido885

Vida del siervo de Dios Guido de Fontgalland

Por P. Dominic Feehan, SHM

El famoso escritor francés Leon Bloy escribió una vez: «La única verdadera tristeza, el único verdadero fracaso, la única gran tragedia en la vida es no llegar a ser santo».

Mientras que muchos de nosotros, adultos, estamos todavía “en construcción”, tenemos el ejemplo de niños jovencitos que llevaron vidas tan santas que, sin llegar a la edad adulta, dieron grandes ejemplos de virtud heroica y de amor a Cristo y a la Iglesia.

A continuación, os ofrezco un breve resumen de la biografía de un joven francés que murió a la tierna edad de 11 años y manifestó una santidad extraordinaria en su corta vida.

Guido de Fontgalland, Siervo de Dios, fue considerado en el período de entreguerras como el más joven candidato a santo católico no mártir. Nació el 30 de noviembre de 1913 en París, Francia. Su proceso de beatificación se abrió el 15 de noviembre de 1941.guido240

Era hijo del conde Pierre Heurard de Fontgalland, abogado, y de Marie Renée Mathevon. Ella se había planteado entrar de carmelita y él era un católico militante. El obispo de Gibergues, amigo de la familia, les presentó y les unió en matrimonio. Bautizó a su hijo con el nombre de Guy Pierre Emmanuel el 7 de diciembre de 1913 en la iglesia de S. Agustín.

Guido tenía las cualidades y defectos de un niño normal. Resultó ser caprichoso con su madre y enfadadizo con su hermano Mark, que nació en 1916; pero también era sensible y afectuoso. Era especialmente sincero y leal, confesaba sus faltas aun a pesar de exponerse al castigo. Murió con la reputación de no haber dicho jamás una sola mentira.

Reflejaba una fe confiada, inspirada en Sta. Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. En enero de 1917 visitó su tumba en Lisieux, en una peregrinación con su madre. Aunque era muy jovencito, intentaba imitar a Jesús en todo. «Charlaba con Él» en la intimidad de su habitación y después de recibir la Comunión. Ofrecía cada día pequeños sacrificios para intentar «agradar a Jesús». Solo tenía 5 años cuando manifestó el deseo de hacer la primera Comunión y al año siguiente, el de ser sacerdote. Aprendió a leer y escribir en dos meses y se inscribió en la catequesis de la parroquia. El día de su primera Comunión, Jesús le dijo que pronto le llevaría al cielo; Guido respondió: «Sí».

Después de su primera comunión, Guido solía decir: «Cuando se quiere comulgar es preciso pensar en ello desde la víspera y prepararse, “echando flores al Nino Jesús”, como decía sor Teresita, ofreciendo pequeños sacrificios por su amor». No escatimaba momento ni tiempo en propaganda para la Comunión. Quería que todos participaran de esta fiesta, de este manjar divino… que nadie se quedara sin recibir a Dios vivo como alimento.

En octubre de 1921, entró en el colegio de S. Luis Gonzaga, en el que fue un estudiante mediocre, vago y perezoso en los estudios, a pesar de su inteligencia y curiosidad. Se le corrigió y mejoró su carácter. No atraía la atención hacia sí mismo, pero destacaba por su caridad y compañerismo. Protegía a los estudiantes más débiles, mas no se defendía si le atacaban a él, perdonaba a sus oponentes y no mantenía rencores ni sentimientos de dureza, nunca se enfurruñaba y rehusaba acusar a otros o causar problemas.

En julio de 1924, la familia fue de peregrinación a Lourdes. Ante la gruta, tuvo una confirmación de su anterior revelación de que moriría pronto; era sábado, día dedicado a la Virgen Santísima.

En la noche del 7 al 8 de diciembre, cayó enfermo con difteria. Siguió un período de crisis y mejorías durante el cual, sabiendo que moriría a pesar del optimismo de los doctores, desveló su “doble secreto” a su madre y para consolarla le dijo: «Querida mamá, tengo que contarte un secreto: estoy a punto de morir. La Virgen vendrá a llevarme con Ella. La idea de dejar a papá, a Mark y sobre todo a ti me hizo sufrir. Solo porque Dios lo quiere, me dejo llevar. La Virgen me dijo que desde tus brazos pasaré a los suyos. No llores, mamá, va a ser tan dulce morir así». Afrontó el dolor con valentía y murió de asfixia el sábado 24 de enero de 1925 a la edad de 11 años.

Su muerte causó conmoción. A finales de 1925, el rector del colegio S. Luis Gonzaga escribió: «Es verdaderamente asombroso cómo se difunde la historia de esta pequeña vida; el dedo de Dios está aquí». Hubo una procesión continua de padres, amigos y religiosos para ver por última vez sus restos, que fueron expuestos durante 52 horas con un permiso especial.

Después de una ceremonia en la iglesia de Nuestra Señora de Gracia en Passy, el ataúd fue llevado a Gare de Lyon y colocado en un carro con el escudo de armas de la familia Fontgalland. El funeral tuvo lugar en la catedral de Die, Drôme, el viernes 30 de enero de 1925, en presencia de una gran multitud.

Del 23 al 25 de marzo, la madre de Guido escribió una breve biografía de su hijo que fue publicada en otoño, en una primera edición de 400 ejemplares; la siguiente fue de 4.000 y la tercera de 95.000. Fue traducida a 13 idiomas. Se escribieron diferentes libros sobre él en varios idiomas.

En 1936, el 25 de marzo, su cuerpo fue trasladado a la capilla Sainte Paule en Valence, Drôme, al sudeste de Francia, para que velase por la vocación de los seminaristas. El 11 de septiembre, sus padres y su hermano fueron recibidos por el Papa Pío XI, que había promovido su causa. Para entonces ya habían sido enviadas a Roma cientos de firmas de niños y adultos pidiendo al Papa que acelerase la causa de beatificación de Guido.

En la inauguración de la estatua de Cristo Redentor de Río de Janeiro en octubre de 1931, el episcopado brasileño y más de 500 sacerdotes pidieron la beatificación del niño. Se hacían eco así de las 650.000 firmas enviadas a Roma o París entre 1926 y 1931. El 15 de junio del año siguiente, el arzobispo de París constituyó un tribunal para investigar su causa. De los informes resultó lo siguiente: hasta el 1 de marzo de 1934 había 244 conversiones, 698 vocaciones religiosas, 742 curaciones atestiguadas por médicos y aproximadamente 85.000 gracias y favores documentados y atribuidos a él.

La llamada a la santidad comienza en el bautismo; no tenemos que esperar a tener canas y ser ancianos para servir a Dios. Los santos jóvenes nos dicen algo de la santidad, y su ejemplo es especialmente luminoso, pues dedican sus jóvenes vidas a Dios. La juventud necesita héroes que admirar, cuya valentía, determinación y gran amor a Dios y a la Iglesia fueron el incentivo para superar tentaciones y dificultades. El ejemplo de los santos se contrapone al de los ídolos de paja que son, con demasiada frecuencia, los únicos que se proponen hoy en día.

Anécdotas de su vida

EN EL JUEGO: Era tiempo de la preparación para su primera Comunión y entre juegos Guido le hizo un desaire a su pequeño hermano. La madre, molesta por esta actitud, le sentenció severamente: «El Señor no está más en tu corazón». Ante estas palabras de su madre, Guido se inquietaba e interrumpía el juego para ir a su madre, hacía que ella apoyara el oído en su pecho, sintiera su corazón y le dijese si el Señor había vuelto ya. Ella respondía: «todavía no». Por dos ocasiones repitió este acto. En la tercera ocasión, el pequeño se impacientó ante la respuesta negativa de su madre y le dijo con autoridad: «tú no lo sientes, pero yo siento muy bien que Jesús ha vuelto».

SACRIFICIOS: Acostumbrado a las pequeñas penitencias por amor a Dios, destacamos la que solía hacer en las épocas de frío. Como él deseaba ser como Jesús, se quitaba el calorífero de agua caliente que le ponía su madre por las noches debido al frío que sufría en los pies y se lo ofrecía al Niño Jesús.

EUCARISTÍA: El amor de Guido por la Eucaristía se recoge en sus propias palabras: «El buen Dios nos ha dado la prueba más grande de su amor al instituir la Eucaristía y querer habitar con nosotros. No hay que tener miedo en ir a visitarle a la Iglesia y hablarle como a nuestro mayor amigo; es necesario recibirle con frecuencia en nuestro corazón preparándonos a su visita».

Una tarde, fue con su hermano a un circo ecuestre. Su institutriz le preguntó qué había visto en el paseo. Guido dijo: «en lugar de mirar los ejercicios ecuestres, traté de contar cuántos niños y adultos había, y cuántos de ellos amaban al buen Jesús. Mañana en mi comunión oraré por las personas del circo». Sus oraciones convirtieron a un chico de nombre Hugh y con él a un joven de la compañía ecuestre llamado Tom Pouce Tim.

VIRGEN: Guido sentía un amor muy especial y tierno por la Santísima Virgen María. Decía de Ella: «¡Y pensar que la Virgen es más buena que todas las mamás juntas!».

©HM Revista; nº199 Noviembre-Diciembre 2017

Hermana Clare

Hermana Clare

«Solo una pregunta. ¿El Señor lo quiere?»

Carolina Aveiga (Ecuador): A la Hna. Clare le dolía realmente cuando alguien no hacía la voluntad de Dios, porque amaba al Señor y también...

Buscar

Redes sociales

Elegir idioma

Las cookies facilitan la prestación de nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, usted acepta que utilizamos cookies.
De acuerdo