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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Santos

Adolescencia heroica

CARLOYALEXIA

Carlo Acutis y Alexia González

Por Hna. Ana Mª Cabezuelo, S.H.M.

La santidad no tiene edad. No se mide por la estatura física sino por la estatura que Cristo alcanza en nosotros. Muestra de ello es el nutrido grupo de vidas heroicas que a lo largo del tiempo nos han ido dejando en plena niñez o juventud y que han dado la talla de cristianos modélicos.

Fueron niños y jóvenes normales: jugaron, rieron, amaron, sufrieron… Todo en sus vidas cobró valor desde el momento en que conocieron de cerca a Cristo y se animaron a seguirle con todas las consecuencias. Fueron débiles, pero la fuerza del Espíritu Santo los arrolló de tal modo que cuando Dios les pidió sus vidas, ni dudaron en darle lo que sabían que a Dios le pertenecía ni tuvieron miedo de que Dios les pidiera demasiado.

Las causas de jóvenes santos han ido proliferando y actualmente hay en el Vaticano más de 150 causas abiertas en la Congregación para la Causa de los Santos. Recientemente, la Iglesia ha puesto en el candelero dos vidas ejemplares. En una audiencia mantenida con el cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el pasado 5 de julio de 2018 el Papa Francisco autorizaba el Decreto que reconoce las virtudes heroicas de los Siervos de Dios Alexia González-Barros, fallecida con 14 años, y Carlo Acutis, fallecido con 15 respectivamente. De esta forma, los dos adolescentes son declarados Venerables, paso previo a la beatificación.

 

«Jesús, que yo haga siempre lo que Tu quieras»

Alexia González-Barros y González

alexia nuevo 2Nació en Madrid el día 7 de marzo de 1971 en el seno de una familia del Opus Dei. Era la menor de siete hermanos, dos de los cuales habían fallecido antes de que ella naciera.

Estudió desde los cuatro años en el colegio Jesús Maestro, de la Compañía de Santa Teresa de Jesús. El 8 de mayo de 1979 hizo su Primera Comunión en Roma, junto al lugar donde reposa san Josemaría Escrivá, al que tenía mucho cariño y devoción. Y al día siguiente, durante una audiencia pública en el Vaticano, tuvo la alegría de que el papa Juan Pablo II le hiciera la señal de la cruz y le diera un beso en la frente.

Alegre y extrovertida. Así creció Alexia. De sus padres, Francisco y Moncha, había aprendido muchas virtudes humanas y cristianas que hicieron de ella una niña muy normal, cariñosa, amante de la vida, muy buena amiga. Y por encima de todo, un alma que había puesto plena confianza en la voluntad de Dios.

A los trece años se puso a prueba su fe, esperanza y amor a Cristo. Y Alexia dio la talla de cristiana auténtica cuando la enfermedad —un sarcoma de Ewing—, llamó a su puerta dejándola en poco tiempo paralítica. Será un periodo de duro calvario que ella afrontará con paz y alegría. Con impresionante madurez no solo aceptó plenamente su enfermedad sino que hizo de ella un tesoro espiritual, ofreciendo todos sus sufrimientos y dolores por la Iglesia, el Papa y tantas personas que llevaba en su corazón.

Tenía una relación muy especial con su Ángel Custodio al que bautizaba con el nombre de «Hugo». La jaculatoria que con frecuencia repetían sus labios ante el Sagrario para saludar al Señor era: «Jesús, que yo haga siempre lo que Tú quieras». Y no eran solo palabras bonitas. Realmente lo demostraba día a día con su vida durante la enfermedad.

Todos los días el capellán del hospital le llevaba la Comunión que tanto le confortaba. Desde allí escribirá una carta a sus compañeras de clase donde les diga: «Aunque no lo creáis, Dios da las fuerzas necesarias y todavía te dan ganas de reír un poquito».

El 15 de diciembre de 1985 falleció en Pamplona. Su fama de santidad surgió de forma inmediata y espontánea, acrecentándose desde entonces. Su testimonio sigue ayudando especialmente a muchos enfermos. Como escribió Mons. José Ignacio Munilla, «la vida de Alexia es mucho más luminosa de lo que suponíamos, especialmente en el momento histórico actual, en el que se introduce la eutanasia y el suicidio asistido».

Desde 2004 su cuerpo descansa en el madrileño Templo Eucarístico Diocesano de San Martín de Tours, en una urna que fue regalo de 26 devotos de diversos países.

 

«Estar siempre unido a Jesus, ese es mi proyecto de vida»

Carlo Acutis

CARLOACUTISNació el 3 de mayo de 1991 en Londres (Inglaterra), aunque era oriundo de Milán (Italia). Para entender la vida de este niño y su intenso amor por la Eucaristía, nadie mejor que Antonia, su madre, para explicarlo: «Mi hijo, siendo pequeño, y sobre todo después de su Primera Comunión, nunca faltó a la cita cotidiana con la Santa Misa y el Rosario, seguidos de un momento de Adoración Eucarística».

Ni un solo día faltaba a Misa. Porque Carlo era un niño como cualquier otro pero además tenía una pasión: Jesucristo. A los once años dejó escrito esto: «¡Cuantas más eucaristías recibamos, más nos pareceremos a Jesús y ya en esta tierra disfrutaremos del Paraíso!».

Esta cercanía a la Comunión le llevó, siendo adolescente, a investigar todo lo relacionado con la Eucaristía, especialmente los milagros eucarísticos, y fue tal su pasión por ello que llegó a crear una exposición que recopilaba todos los milagros eucarísticos ocurridos en el mundo y que ha visitado ya los cinco continentes, miles de parroquias, los principales santuarios marianos del mundo y más de 100 universidades de Estados Unidos. Todavía hoy se puede consultar a través de la web http://www.miracolieucaristici.org/.

A sus amigos solía decir: «Nuestra meta debe ser el Infinito, no lo finito. El Infinito es nuestra Patria. Desde siempre el Cielo nos espera».

Suya es también la frase: «Todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias». Para dirigirse hacia esta meta y no «morir como fotocopias», Carlo explicaba que nuestra brújula debe ser la palabra de Dios, con la que tenemos que confrontarnos. Pero para alcanzar una meta tan alta hacen falta medios muy especiales: los sacramentos y la oración. Carlo situaba en el centro de su vida el sacramento de la Eucaristía, al cual llamaba «mi autopista hacia el Cielo».

A los 15 años le sobrevino una leucemia fulminante, acompañada de terribles dolores: «¡Hay gente que sufre mucho más que yo!», decía él. Y con gran fe y valentía sobrehumana, ofrecía –de modo similar a Alexia- todos sus sufrimientos por la Iglesia y por el Papa.

En el periodo final de su leucemia, Carlo había afirmado: «Estoy contento de morir porque he vivido mi vida sin malgastar ni un solo minuto de ella en cosas que no le gustan a Dios».

El «apóstol de la Eucaristía en internet» falleció en Monza (Italia) el 12 de octubre de 2006. Antes incluso de saber que estaba enfermo había grabado un vídeo en el que decía que si moría le gustaría ser enterrado en Asís, la tierra natal de San Francisco. Y precisamente sus restos descansan allí.

«La modernidad y la actualidad de Carlo —explicaba el cardenal Angelo Comastri— conjugan perfectamente con su profunda vida eucarística y devoción mariana, que han contribuido a que llegase a ser un chico muy especial al que todos admiraban y amaban».

Alexía y Carlo Acutis recorrieron su propio camino. Ellos tuvieron su molde concreto de santidad. Nosotros debemos encontrar el nuestro, el que Dios quiere para nosotros. Y todos, sea cual sea nuestro camino, deberíamos hacer nuestro el programa que se trazó Carlo: «Estar siempre unido a Jesús, ese es mi proyecto de vida».

©Revista HM; nº204 Septiembre-Octubre 2018

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