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fusilamientointroNo era la primera vez que gobernantes mexicanos intentaban quitar de la historia mexicana a la Iglesia Católica, pero el 31 de julio de 1926, se iniciaría la persecución más grande, dura y cruel de la historia del país.

En 2011 se cumplieron 85 años del inicio de las hostilidades entre el gobierno de Plutarco Elías Calles y la población de fieles católicos mexicanos. Por ello, actualmente se está hablando mucho de este acontecimiento de la historia mexicana.

 

LA GRAN PROMESA

Él y el Corazón de JesúsEl Padre Bernardo de Hoyos fue declarado Venerable por el Papa Juan Pablo II el 12 de enero de 1996. El próximo 18 de abril de 2010 tendrá lugar en Valladolid (España), la  beatificación  del Padre Bernardo Francisco de Hoyos, joven jesuita que impulsó la devoción al Sagrado Co­ra­zón de Jesús por toda España, His­pa­no­améri­ca y Filipinas.

El padre Brian Kolodiejchuk, postulador de la causa de Madre Teresa, ha afirmado que en el caso de la Madre Teresa fue una experiencia más profunda aún que una prueba de fe, cabe hablar más de “una prueba de amor”.

La Madre Teresa de Calcuta fascinó y sigue fascinando a pesar de que han pasado ya más de diez años de su muerte. Esta mujer que se definía a sí misma diciendo: “de sangre soy albanesa. De ciudadanía, india. En lo referente a la fe, soy monja católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús”, era muy conocida y admirada, y sin embargo, a pesar de esta popularidad fue capaz de esconder su vida más íntima, su vida de relación con Dios y la profunda desolación y prueba interior que vivió durante casi toda su vida, incluso a sus mismas hermanas.

"Vosotros sois la luz del mundo" (Mt 5,14)

"Atraídos por el ejemplo de Jesús y sostenidos por su amor, muchos cristianos, ya en los orígenes de la Iglesia, testimoniaron su fe con el derramamiento de su sangre. Tras los primeros mártires han seguido otros a lo largo de los siglos hasta nuestros días" -Benedicto XVI

El siglo XX puede ser definido como un siglo de mártires debido a que ha sido el siglo más sangriento de la historia del cristianismo. Ya el Papa Juan Pablo II hizo hincapié en que no se podía perder la memoria, más aún debía crecer, de cuantos han dado su vida por la fe en "los coliseos" que se han sucedido a lo largo del siglo XX. Habla de “legiones innumerables” que han caminado sobre las huellas del Rey Crucificado, que han sabido manifestar cómo “el amor es más fuerte que la muerte”.

A la entrada de la basílica de San Pedro, el Papa Pío IX colocó el pasado siglo dos impresionantes figuras de los apóstoles Pedro y Pablo, ambos fácilmente reconocibles por sus atributos: las llaves en la mano de Pedro, la espada en las manos de Pablo. Quien sin conocimiento de la historia del cristianismo contempla la vigorosa imagen del apóstol de los gentiles, podría llegar a pensar que se trata de un gran general, de un guerrero, que con la espada habría hecho historia y se habría sometido a los pueblos. De ese modo sería uno de los muchos que se han ganado fama y riqueza a costa de la sangre de los demás. El cristiano sabe que la espada que se encuentra en las manos de este hombre tiene el significado contrario: es el instrumento con el que fue ejecutado. Como ciudadano romano que era, no podía ser crucificado, como Pedro; murió a espada. Pero, aun cuando ésta pasaba por ser una forma noble de ejecución, Pablo pertenece, dentro de la historia universal, a las víctimas de la violencia, y no al número de sus autores.

Quien se adentra en las cartas de Pablo para encontrar en ellas algo así como una autobiografía encubierta del apóstol, enseguida se dará cuenta de que con el atributo de la espada, el instrumento de la pasión, no se dice simplemente algo sobre los últimos instantes de la vida de san Pablo; la espada puede perfectamente servir como atributo de su vida: "He peleado la noble pelea", le dice ante la muerte a Timoteo, su discípulo predilecto, al mirar retrospectivamente al camino de su vida (2 Tm 4, 7). Según tales palabras, Pablo queda bien descrito como luchador, como hombre de acción, incluso como una naturaleza violenta.

Tomás de Aquino, según cuentan sus biógrafos, era un joven de alta estatura y recia complexión. A primera vista un luchador, como sus padres y hermanos. Y, sin embargo, se dice de él que era un hombre amable y gentil. Basta considerar que, con haber tenido una inteligencia privilegiada, muy por encima de lo común, no es su inteligencia lo que más destacaron en él quienes le conocieron, sino su humildad.

De sus compañeros de Universidad durante sus años de estudiante en Colonia conservamos algunos recuerdos de su vida que rezuman discreción, dulzura y mansedumbre. Una vez, para reirse de él, que andaba ensimismado en sus pensamientos, le quisieron gastar una broma. Un compañero se asoma a la ventana y le dice: "Fray Tomás, mira, ¡un buey volando!". El joven Tomás, saliendo de su concentración, se acerca a la ventana restregándose los ojos y mira fíjamente intentando ver el prodigio. Todos los estudiantes estallan en una sonora carcajada, comprobando la simplicidad de Tomás.

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