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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Categoría: Testimonios

Un alma de "aquella legión de almas pequeñas"

Icíar Ganuza es un alma de “aquella legión de almas pequeñas, instrumentos y víctimas del Amor Misericordioso de Dios, objeto de los deseos y las esperanzas de Santa Teresita del Niño Jesús”. Como se le presentaba al Padre Orlandis, fundador de Schola Cordis Iesu, así a Icíar, “conocedora de la realidad, profundamente desengañada de sus propias fuerzas y valer”, Dios le fue dando “una comprensión íntima de la devoción genuina al Corazón de Jesús”, le hizo estar llena de celo “de la salvación de la almas”, y fue haciendo que pusiera “para su apostolado toda la confianza en la… devoción al Sagrado Corazón de Jesús”. Todo esto por Misericordia del Corazón de Cristo que se enamora de quien quiere y hace maravillas con las almas que se saben débiles y confían en su Amor. Por eso hablar de Icíar es cantar las Misericordias del Señor.

Icíar nace el 18 de Enero de 1983, en el seno de una familia cristiana, familia de Schola Cordis Iesu, deseosa de trasmitir a los hijos el tesoro recibido del Padre Orlandis. Ella misma se presentaba así en una carta que escribió al Santo Padre Benedicto XVI el día 26 de junio de 2006:
“Santo Padre. Me llamo Icíar, soy una joven española de 23 años... Pertenezco a una familia numerosa, soy la sexta de doce hermanos. Mi familia es el mejor regalo que me ha dado Dios porque en ella me han transmitido la fe, el amor a María, al Sagrado Corazón y a la Iglesia. Pertenezco al grupo Schola Cordis Iesu, del Apostolado de la Oración… Santo Padre,…Yo cada día en el Ofrecimiento diario del Apostolado de la Oración y en el Rosario pido por Ud. y por la Iglesia.  Muchísimas gracias, afectuosamente, Icíar Ganuza Canals”.
Icíar muere santamente el día 4 de Octubre de 2007, después de luchar durante año y medio con un cáncer.

SUS ÚLTIMOS DÍAS

Los últimos días de la vida de Icíar en este mundo fueron muestra de la acción de Dios en ella, se mostraba muy palpablemente la Caridad: Una semana antes de morir, el 25 de Septiembre, ella estaba ya muy débil, hablaba muy despacio, tenía continuos temblores, acababan de decirle que le quedaban pocos días de vida, y al preguntarle: ¿Quieres que les diga algo a la gente que está rezando por ti?, respondió: “No, creo que tengo todos los deberes hechos. Mi hermano Antonio agradeció de mi parte las oraciones de todos en JRC (Jóvenes por el Reino de Cristo). Más adelante, tú les dices así: Icíar se ha marchado, queríadespedirse de cada uno y agradeceros las oraciones a cada uno pero no era posible, así que me dijo que os dijera a todos que gracias por todo, y que desde el cielo pedirá por vosotros”.

La última novena que habíamos hecho pidiendo su fortaleza y curación era al Beato Pío IX. Ese mismo día bromeando decía: “Pío IX tenía muchos boletos para curarme, pero no ha sido así… lo mío está muy claro”. Después con aire serio preguntó: “¿cómo me preparo para esto?” Al escuchar la respuesta de que todos estos meses con la oración y los sacramentos ya le habían servido de preparación y que ahora tenía que pensar qué les iba a decir a Jesús y a María cuando se encontrase con ellos en el cielo, ella contestó sonriendo: “claro, claro” ¿Estás tranquila interiormente?: “Sí, muy tranquila. Lo ofrezco todo. Hago varios ofrecimientos al día, la oración de las tres (de la divina Misericordia) y el rosario. Me gustaría ser más cariñosa con el Señor, con la Virgen, con mi familia, con los médicos y enfermeras, con la gente que viene a verme…”. En ese momento se echó a llorar, viendo que no podía, pues estaba físicamente agotada. Eran los deseos del Amor de Dios que ya estaba viviendo y del amor del prójimo que era palpable. Cuando venía alguien intentaba sonreírle, quitarse importancia..., olvidada de sí misma. Decía: “Lo mío va a ser rápido, pienso en esos pobres enfermos que están 20 años así como estoy yo... ¡pobrecillos!”…

El día 1 de Octubre, día de Santa Teresita, le pregunté: “¿Estás bien?”. “Sí, si no es por la fatiga, estoy bien, tengo paz”. Ese mismo día se confesó, con mucho fervor, totalmente consciente y con mucha paz y recibió la comunión que cada día le administraban en la clínica.
No quería hacer sufrir a nadie, días antes había dicho: “Yo me quiero ir al cielo, si no fuera por Julen (mi novio) y por mi familia, lo que más me hace sufrir es verles sufrir a ellos. Cuando ellos están delante intento no llorar para que no sufran más, … De todas formas sigo pidiéndole a Dios que me cure, aunque estoy convencida de que Él me quiere allí”. Ella notaba el dolor de su familia por la despedida, por eso se entiende su alegría cuando ese lunes día 1 de Octubre dijo: “¡Qué bien! Miguel [mi hermano] me ha dicho que se alegra de que me vaya al cielo. Me lo dijo ayer en una conversación”.

Al día siguiente, día de los Santos Ángeles le pregunté: “¿Quieres confesarte?”, respondió tranquila y sonriente: “siempre va bien ¿no?... Ahora ya cada día…” . Se confesó consciente y al final se quedó mirando al crucifijo, lo señaló y dijo: “mira, qué piadoso”. ¿Lo miras mucho? “Sí” dijo. ¿Te ayuda? “Sí mucho”. Te vamos a administrar la unción. Ella dijo: “Es la tercera vez”. Como diciendo a la tercera va la vencida. Y después dijo: “no sé cuánto tiempo me queda”. No te preocupes, lo que Dios quiera y Él está contigo. Rodeada de la familia recibió la unción, después rezamos juntos el Padre nuestro, el Ave María. Tras esto recibió la comunión, consciente de que era anticipo del cielo y ella iba repitiendo: “Te quiero Jesús”, “gracias Jesús”, “ayúdame Jesús”, “te ofrezco mi vida Jesús”. (...)
Recibió la Bendición Papal con Indulgencia plenaria con el crucifijo grande de su cuarto que ella tanto había mirado. Antes ella besó el crucifijo, primero en los pies, después en el rostro. Tras la bendición volvió a darle un beso en el rostro. Éste sería de los últimos gestos conscientes que se le vio hacer, poco a poco fue perdiendo la cabeza. Esa tarde Icíar, inquieta físicamente, ya no respondía ni con la palabra ni con gestos, aunque parece que sí se enteraba. Con los ojos entreabiertos pero sin fijar la mirada, fue escuchando los cantos al Corazón de Jesús y a la Virgen, las letanías, jaculatorias y las oraciones que su familia y amigos le dirigían. Así pasó todo el día tres de octubre hasta las cuatro de la madrugada del día cuatro en que su alma fue al encuentro de Cristo Misericordia.

UNA CHICA NORMAL

Los que la habéis conocido sabéis que Icíar era una chica muy normal, simpática, buena, alegre, bromista, inteligente, seria en sus estudios de historia y con una gran fe recibida de la familia que poco a poco iba creciendo en ella. Pero a la vez no estaba exenta de las tentaciones y vanidades de este mundo nuestro, con defectos y miserias. Ella misma ha sido siempre consciente de su debilidad. Decía: “no soy una santa, he hecho tonterías en mi vida”. Al principio de la enfermedad, ella les decía a los médicos que si podían pincharle una vez en lugar de dos que lo hicieran y se quejaba cuando tardaban los resultados de las pruebas…, vamos, algo normal. En los últimos meses, en una conversación con una amiga, a través del Messenger, al preguntarle hablaba Icíar de la Santidad.
-Amiga: “lo sé... la santidad es lo primero, Icíar, pero es que tú puedes enseñarnos tanto de la Misericordia divina si el Señor te mantiene con nosotros… pienso si te hace o no daño que te diga estas cosas”.
-Icíar: “Igual es mejor que no hablemos de esto porque te vas a pensar que soy buena y soy una petarda cualquiera, sólo que me toca pensar más, pues muchas veces las conversaciones de este tipo te llevan a vanidad. De esto se habla con el director espiritual”.

Cuando el 28 de Mayo pasado le dieron la mala noticia de que no había arreglo, porque crecía el tumor en los pulmones y se extendía en el cerebro... Ella dijo: “tengo paz, acepto lo que Dios quiera… me viene muchas veces a la cabeza la canción que se ha hecho con la frase de Santa Teresita: Lo que agrada a Dios de mi pequeña alma es que ame mi pequeñez y mi pobreza, es la confianza ciega que tengo en su Misericordia”. Pedía muchas veces que le pusieran esta canción y era descanso para su alma.

Al contarle la eficacia de su ofrenda en muchas personas que se estaban ofreciendo, y muchas personas que estaban rezando las novenas, personas que antes no rezaban nunca, se alegraba mucho pero también decía: “¡qué vergüenza!, todos rezando por mí. Como si yo fuera protagonista”. Al responderle que el que quedaba bien en todo esto era Dios. Ella se alegró y dijo: “Ah, entonces sí”. (...)
En un ocasión dijo: “yo no me considero de la clase de personas a las que le puede suceder un milagro, porque yo tuve miedo de ofrecerme al Señor, cuando en Lisieux sentí aquel abrazo tan fuerte de Dios”.

DIOS FUE HACIENDO
SU OBRA EN ICÍAR

Icíar, ya con 19 años empezó a sentir un deseo mayor de que los que le rodeaban conociesen y amasen más al Señor, y le pedía al Señor por ellos, y se ofrecía. Con esta preocupación de la salvación de los que Dios le había dado, fue a la peregrinación a Colonia, al encuentro con el Papa. Al regresar de allí, la peregrinación pasó por Lisieux, lugar donde vivió y murió Santa Teresita. Icíar muy vinculada a esta santa, a su doctrina y a su vida (providencialmente muere en la octava de Santa Teresita, habiendo vivido como ella 24 años), entra en la basílica y se ofrece a Dios rezando el acto de ofrenda al Amor Misericordioso. “Para vivir en un acto de perfecto amor, me ofrezco como víctima de holocausto a vuestro Amor Misericordioso, suplicándoos que me consumáis sin cesar, dejando desbordar, en mi alma, las olas de ternura infinita que tenéis encerradas en Vos y que, de ese modo, me convierta en mártir de vuestro amor, ¡oh, Dios mío!” (Santa Teresita, 9 de junio de 1895).

Tras esto ella recibió una consolación muy fuerte que dio sentido sobrenatural a toda su ofrenda. La semana antes de morir a la pregunta de si se acordaba de lo que ocurrió en Lisieux respondió: “Sí, perfectamente, el Señor me hizo arder por dentro, con un fuego muy intenso, dándome mucha paz. Recuerdo que cuando lo sentí pensé que Dios me iba a pedir algo muy grande, me dio mucha alegría y le dije que sí. Después me dio miedo y le pedí que me diera tiempo. Ya me ha dado tiempo, dos años… No me arrepiento de haberme ofrecido”.

Al poco de recibir esta gracia ella sintió miedo, y aunque le repetía “no soy mía, soy tuya y haz con lo tuyo lo que quieras”, se moría de miedo y se agobiaba pensando en la entrega de su vida, que tendría que dejar a su novio, a su familia y hacerse religiosa… y así estuvo mucho tiempo sin tener paz, hasta que en Mayo de 2006 le diagnosticaron el cáncer y entonces dijo: “Antes de esto no tenía paz y ahora tengo una paz y una alegría interior inmensa porque estoy segura de que estoy haciendo lo que Dios quiere”. Dios le pedía desprenderse de su novio y de su familia, pero de otra manera. Cuando entendió la voluntad de Dios, la aceptó con la fuerza que venía del mismo Dios.

DIOS LE FUE DANDO
SU FORTALEZA

Estando ya avanzada la enfermedad, decía: “Dicen que Dios te lleva en brazos en los momentos difíciles, pero a mí me parece que me lleva en coche y contándome chistes de lo feliz que soy,… Vaya tontería te acabo de decir, ya me perdonarás, pero es que ya no son horas...” (Correo electrónico del día 16 de junio 2007 a las 12:56 de la noche, no podía dormir). El don de Fortaleza se manifestó mucho, especialmente en los últimos días, por la paz que ella tenía ante todo lo que iba ocurriendo. Esa fortaleza y paz la trasmitía ella a todo el que se acercaba.

DIOS LE LLENÓ DE CONFIANZA EN ÉL

Estuvo hablando de su tumor y su metástasis en los pulmones, decía:  “Antes de saber lo de la metástasis aún confiaba en la solución médica, pero ahora ya sólo me queda confiar en Dios. Por otra parte es Dios el que me ha concedido tener una vida tan feliz … por eso tiene que comprender que ahora me cueste tanto dejarla y que le pida que no sea así, que quiero seguir con mi familia, realizar un futuro con mi novio Julen, ...

Pero estoy ofrecida a lo que Dios quiera" (16 de Junio a las 4 de la tarde 2006).


DIOS LE HIZO ACEPTAR SU VOLUNTAD

Poco a poco su voluntad se iba uniendo cada vez más a la del Señor. Decía en el encuentro nacional de Juventud en Pamplona: “Lo normal es que yo hubiese estado con vosotros de voluntaria,… pero Dios me ha pedido otra cosa: [… ] un tumor, un cáncer”. En Febrero de este año a los jóvenes que iban de peregrinación a Fátima les mandó una carta diciendo: “Por favor, pedid también por mí a nuestra Madre, nuestra Señora de Fátima, para que me cure y otro año vuelva con vosotros a verla o para que me ayude a ser fuerte y me reciba en el Cielo”.
A los amigos más cercanos les iba comunicando el estado de su enfermedad, así el 1 de Junio de 2007, a los que rezaban por ella les decía: “Como veis, seguiremos luchando con todos los medios que el Señor nos ponga en nuestras manos, pero más que nada seguiremos confiando en su Misericordia. Cielo, enfermedad larga o curación, lo que Él disponga será lo mejor y ahora más que nunca nos sentimos totalmente abandonados en su Corazón”. Y el 30 de Agosto en una conversación decía: “Si Dios me cura quiero ser santa y hacer cosas por Él y por los demás, y si no me cura y me toca ir al cielo desde allí seguiré pidiendo por todos vosotros”.

DIOS LE ENSEÑÓ A OFRECERSE CON ÉL

Jesús le fue uniendo a sí: “Me quedo muchos ratos mirando a la cruz que hay en mi habitación y esto me ayuda”. Ante esa cruz, que señalaba en cada cambio de habitación, es ante la que recobraba sentido todo. De ella recibía la fuerza para decir: “Cada pinchazo, cada momento en que se me pinzaban nervios en la pierna... lo ofrezco por una persona, o por una intención” (Icíar 16 de Junio 2006).

El 5 de Agosto del 2006, ya con la metástasis en los pulmones, decía en la Catedral de Pamplona ante cientos de jóvenes: “hemos de darnos cuenta que tenemos mucha suerte de tener fe, pues ésta nos hace tener la esperanza en el cielo, entender que estamos aquí de paso y que tenemos que vivir mirando al cielo y eso te ayuda a llevar la enfermedad [como cualquier cruz que toca sufrir]. Doy gracias a Dios que me ha dado la fe y a mi familia que me la ha trasmitido (…)
“Como Jesús nos salvó por medio de la Cruz así nosotros podemos ofrecer los sufrimientos, yo los ofrezco por un montón de cosas, la gente me dice reza por tal, o por cual, y yo los ofrezco por eso y Dios te escucha, es muy grande que Dios, que lo puede todo, se valga de nosotros que somos tan poca cosa, tan inútiles, para ofrecer cualquier cosa...” (aquí se emocionó)  “y de verdad se ve que da resultado. Dios coge esas cosas y hace pequeños milagros. Gente por la que yo rezo, amigos ateos de la universidad que han ido a poner una vela a la Virgen, o gente que no sabía rezar y que está rezando, hay tantas cosas por las que rezar …”
“Yo le pido al Señor que me cure, no quiero que parezca que me quiero morir, quiero curarme y se lo pido con lágrimas, y a la Virgen... también son momentos de prueba en los que uno dice: ¿pero Dios me quiere y me hace esto?…, pero hay que entender que los momentos duros son cosas que Dios nos manda por nuestro bien y que aunque no lo entendamos… ¡que confiéis en Dios! Yo nunca había dudado de Su Amor, siempre había tenido todo lo que había querido. He tenido amigos buenísimos, una familia buena, un novio bueno, nunca me había faltado de nada,… y no vale estar seguro del Amor de Dios en las cosas buenas, y en las malas no. Supongo que Él entiende que dudemos en las cosas malas, pero tenemos que confiar, la Virgen nos ayuda y Él nos va dando fuerzas cada día, Él nos ayuda” (5 de Agosto del 2006).

LE HIZO APÓSTOL DE LA PALABRA Y DEL SUFRIMIENTO

En aquella carta que escribió a los jóvenes camino a Fátima les decía: “Estaré estos días ofreciendo mi enfermedad por cada uno de vosotros, para que descubráis el Amor que Cristo y María nos tienen, que es lo que a mí me da la fuerza cada día para seguir luchando y es lo que a vosotros os mantendrá en pie cuando lleguen momentos de sufrimiento”.
Icíar tenía gran cariño a la Virgen María, rezaba siempre el rosario en familia, llevaba siempre el escapulario de la Virgen del Carmen y le gustaba mucho peregrinar a sus santuarios: Icíar, Lourdes, Fátima…con pena de no poder ir con ellos esta vez les exhortaba: “No dejéis de mirar a María, aprovechar bien estos días para descubrirla por primera vez o de nuevo, Ella os llevará a Jesús y cuando volváis a casa intentad mantener lo que habéis vivido aquí rezando cada día un ratito e intentando evitar aquellas cosas que os alejen de Dios y que os quitarán la Paz y la Alegría que sólo Dios te da” (Febrero 2007).

Olvidada totalmente de sí, se preocupaba por la fe de los que rezaban por ella: “Me preocupa la gente que no teniendo mucha fe, está pidiendo por mí y haciendo las novenas  pidiendo para mi fortaleza y curación. Me alegro que las hagan pero pienso que si no me curo, igual es contraproducente y dejan de rezar. No se dan cuenta de que aunque no me cure Dios me está dando mucha fuerza para llevar todo esto, y eso también lo están pidiendo, y es un gran milagro que Dios me concede” (28 de Mayo de 2007).
Son muchos los frutos que hemos ido viendo a lo largo de estos meses de ofrenda de Icíar, y los seguimos viendo ahora. Muy especialmente frutos de santidad y de crecimiento interior. Son muchos los que viendo la entrega de Icíar han recibido gracia interior y han perdido el miedo a entregarse de verdad. Lo que hemos visto de Icíar nos habla a todos de la acción de Dios en un alma pequeña, que se olvida de sí misma para confiar totalmente en Él y es capaz de vivir con paz y convirtiendo en ofrenda de amor lo que a los ojos del mundo es una tragedia.

Icíar es fruto de la Gracia Misericordiosa del Corazón de Cristo y nos habla de que haciéndonos pequeños, humildes y confiando en Dios, todos podemos llegar a la Santidad, al Amor pleno de Caridad. Ojalá que hoy todos pasemos a ser, ante Dios, una de esas “almas pequeñas, instrumentos y víctimas del Amor Misericordioso de Dios” que conscientes de nuestra “pobreza” y  con “una esperanza ciega en Su Misericordia” le digamos llenos de Amor al Señor como tantas veces le decía Icíar : “no soy mío, soy tuyo y haz con lo tuyo lo que quieras”. Él estará con nosotros todos los días dándonos su Fuerza y su Paz, y podremos cantar llenos de alegría aquí y en el cielo: “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su Misericordia”.

©Revista HM º143 Mayo/Junio 2008

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