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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Categoría: Testimonios

Hna. Ana Mª Cabezuelo, S.H.M.barbara castro garcia

Bárbara era oriunda de Córdoba y en 2005 se licenció en periodismo. Ese mismo año comenzó a trabajar en la delegación de Medios de Comunicación Social de la Diócesis de Córdoba, siendo una excelente profesional y una gran persona...


chiara-y-bebeEl 13 de junio de 2012, algunos medios de comunicación nos sorprendían con la noticia del fallecimiento de una madre heroica. Era la joven italiana Chiara Corbella, que a los 28 años de edad había dado su vida para que naciese su hijo y de cuyo ejemplo también se hizo eco nuestra revista. Ya anteriormente teníamos el ejemplo de Cecilia Perrín, ya sierva de Dios.

Pocos meses después, otra historia paralela a la de Chiara. Con sólo tres semanas de diferencia con respecto a ésta, otra madre coraje se había marchado de este mundo. Se trataba de una periodista española que trabajaba para la Delegación de Medios de Comunicación del Obispado de Córdoba. Su nombre, Bárbara, que a los 31 años ha dejado a su esposo, Ignacio Cabezas, que como en el caso del esposo de Chiara, da también un impresionante testimonio de fe. Esta es su historia; una historia llena de amor y esperanza.

Bárbara era oriunda de Córdoba y en 2005 se licenció en periodismo. Ese mismo año comenzó a trabajar en la delegación de Medios de Comunicación Social de la Diócesis de Córdoba, siendo una excelente profesional y una gran persona.

Tras 11 años de noviazgo, Bárbara e Ignacio decidieron casarse en 2009. “Deseábamos muchísimo ser padres. Recuerdo el día que supimos que Bárbara estaba embarazada; estábamos los dos desayunando en una cafetería con una sonrisa boba imposible de borrar”, recordó Ignacio. Al poco tiempo, la noticia del embarazo de Bárbara alegró a toda la familia. En 2010, Bárbara comenzó a quejarse de un dolor en la lengua que atribuía a una llaga. El 15 de julio de 2010, los médicos le dieron la peor noticia: tenía un tumor cancerígeno en la lengua. Estaba en el cuarto mes de gestación.

Los médicos le explicaron que el tratamiento para combatir el tumor iba a poner en riesgo la vida de su hija, por lo que la joven periodista decidió rechazarlo. Le practicaron una pequeña intervención quirúrgica, pero todos eran conscientes de que era insuficiente para acabar con la enfermedad. En los meses que siguieron hasta el nacimiento de la pequeña, Bárbara padeció dolores insoportables, pero su sufrimiento sirvió para que su bebé (llamada también Bárbara) naciera en perfecto estado en noviembre de 2010.

Inmediatamente, Bárbara volvió al médico para iniciar el tratamiento contra el cáncer, pero le advirtieron que su cuadro se había agravado y sería difícil que sanase. Fue operada, y le extirparon buena parte de la lengua y una parte de la mandíbula. Desde entonces no pudo tragar ni un vaso de agua y se alimentaba por una sonda. A ello había que añadir las sesiones de quimioterapia y tantos dolores… pero estos sacrificios le permitieron estar junto a su hija y verla crecer durante los primeros meses de vida.

Tras su fallecimiento, su esposo Ignacio, joven arquitecto, había escrito una emotiva carta a su esposa Bárbara, que se leyó durante el funeral. El texto comenzaba así:

“Hoy he decidido contar a los demás lo que han sido estos dos años para los dos. Lo que te ha costado llegar hasta aquí. Lo que has luchado por tener a nuestra hija. Lo que has sufrido… y todo ha sido por AMOR. Amor a tu hija, amor a tu familia, amor hacia mí y también amor a Dios”.

En la carta, Ignacio recuerda que hace dos años “el Señor nos puso una prueba de amor”. “Frenó en seco nuestra vida y rápido te pusiste en marcha. Desde la Fe, luchaste por tu hija que ya sentías con fuerza en tu vientre, aguantabas dolores que nunca imaginabas que existieran y te resististe a que nadie, nada más que Dios, eligiera el día de su nacimiento. Así fue. Yo no pude más que acompañarte, ayudarte y quererte cada día más para que fueras fuerte”.

Y es que, realmente, Bárbara hubo de soportar dolores tremendos. El mismo cirujano maxilofacial que la atendió le había dicho: “No sé cómo has podido llegar hasta aquí. Voy a hacer todo lo que pueda, pero la situación es muy seria”.
Ignacio le dice en la carta a su esposa que presentía que iban a “sufrir mucho, que sería muy duro y probablemente muy largo, pero también te garantizaba que por muy duro que fuese, más tarde yo me iba a encargar de que fueras la persona más feliz del mundo que hubiera sobre la tierra, que todo esfuerzo merecería la pena, que disfrutaríamos de nuestra hija, y que nos teníamos que preparar para un tiempo indefinido y horrible. ¡Ganaremos, vida mía, ganaremos!”.

barbara castroLa llegada al mundo de su hija, el 1 de noviembre de 2010, fue un oasis de alegría y paz en medio del desierto de la enfermedad. “Nuestro bebé estaba ya en nuestros brazos. Aquel 1 de noviembre de 2010 fue un paréntesis de felicidad en estos dos años, se nos olvidó tanto sufrimiento arrastrado, tanto dolor. En Barbarita veíamos el fruto de nuestro Amor, ¡por eso ha salido tan guapa! Y es que nos queríamos tanto, tanto”.

Pero sólo una semana después los dolores se hicieron más fuertes. Rezaban mañana y noche y soñaban con el final de ese desierto de sufrimiento. ”Te acuerdas cuando te decía: Vida mía, estoy seguro que el Señor nos ha dejado esta batalla porque sabe que somos capaces de ganarla, que tú y yo somos fuertes, que no nos vamos a rendir y que, además, nuestro motor para la lucha va a ser nuestra Fe en Él”.

En su carta añade: “Hoy, nos queda lo más difícil: buscarle sentido a todo esto que nos ha pasado. Por muy raro que le parezca a todo el mundo, estoy seguro de que el Señor nos ayudará a encontrárselo. A mí ya me está ayudando estos días, no me deja solo, se ha empeñado en no soltarme y en cuidarme. ¡Le necesito! A ti, te dará mucho más amor del que yo pudiera darte jamás. Además, estoy seguro que te tiene reservado un lugar muy especial en el cielo… donde espero, haya un sitio pequeñito donde yo pueda acompañarte algún día. Siempre supe que mi compañera de vida era alguien muy especial, y espero que tanto Barbarita como yo sepamos honrarte como te mereces”.

Este esposo se siente orgulloso de Bárbara, por eso le da las gracias “GRACIAS por habernos querido tanto. A tu familia y amigos, a tu hija y también a mí. Nos has dado una lección de AMOR. Con tu lucha estos dos años nos has demostrado el amor más inmenso que podría imaginar”.

Y con la serenidad de aquel que se sabe sostenido por Dios en el dolor, Ignacio asegura en su carta: “me tiene agarrado y no me quiere soltar”. Y es que Ignacio, ha intuido que la temprana muerte de su esposa y toda esta historia de sufrimiento que han vivido juntos, en cierto sentido serviría para dar testimonio, para hacer ver a los demás la fuerza que da el amor de Dios.

Al descubrir este testimonio, pensaba en el bien tan grande que hace a la Iglesia el ejemplo de matrimonios cristianos ejemplares. La historia de Bárbara no se debe contar sin la historia de su esposo Ignacio. Porque uno y otro han aceptado la voluntad de Dios desde la fe. ¡Qué fuerza tiene el testimonio cristiano! ¿Qué tendrá la fe, que es capaz de mover montañas? El que no tiene fe, ante un testimonio así se queda descolocado y como fuera de sí. No entiende nada pero a la vez se sorprende, se admira del que tiene fe y hasta le envidia. Porque realmente impresiona que después de esta historia de amor y sufrimiento, Ignacio se atreve a decir: “He sentido una fuerza de fe que no había sentido nunca. Me siento invencible”.


©Revista H.M. Nº 171 Marzo-Abril 2013

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