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Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Categoría: Testimonios

Un himno a la vida

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Mientras el 19 de agosto finalizaba el Viacrucis con los jóvenes en la JMJ de Madrid, fallecía, en Bérgamo (Italia), Giulia Gabrieli. A los doce años descubrió, por casualidad, un sarcoma, al percibir una hinchazón en la mano izquierda. Moriría dos años después dejando un impresionante testimonio de vida.

Por Hna. Mari Carmen Checa, S.H.M.

Giulia era una chica normal antes y después de diagnosticarle un tumor en el verano de 2009. Era guapa, llena de vitalidad, le gustaba viajar, salir de compras y vestirse bien. También tenía talento para escribir y en dos ocasiones ganó un concurso literario. Amaba inventarse aventuras e historias fantásticas, hasta el punto de que compararía su enfermedad a otra aventura.

Al recibir el sacramento de la confirmación, se le grabaron las palabras de la homilía donde se les decía que este sacramento era un don del Espíritu para testimoniar a Cristo. Escribe ella misma: “No entendía qué podría hacer yo (…). Y después de dos meses se ha presentado la enfermedad. Aquí estoy, la enfermedad la estoy viviendo como una misión de la confirmación”.

giulia jovenLos comienzos de la enfermedad no fueron fáciles. A los primeros ciclos de quimioterapia le siguieron momentos duros y grandes altibajos emocionales. Estaba nerviosa, le temblaba todo el cuerpo y lloraba todo el día. Llegó a decir a sus padres: “¿Dios dónde está? Él, que dice que puedo rezar, que puede hacer grandes milagros, que puede aliviar todos los dolores, ¿por qué no me levanta? ¿dónde está?Fueron días muy difíciles y de desesperación. De hecho, los médicos pensaron que se rompería psicológicamente.
Tanto sus padres, como un amigo sacerdote, la animaban a confiar en Dios, aunque ella no sentía nada y seguía buscando una respuesta. Y la respuesta llegó en Padua. Tuvo que ir allí para una sesión de radioterapia y terminó en la basílica de San Antonio. Mientras apoyaba la mano en la tumba del santo, una señora desconocida puso su mano sobre la suya. “No me dijo nada, pero tenía una expresión en su rostro como si me quisiera comunicar: “Ánimo, adelante. Dios está contigo”. He entrado en la basílica enfadada y con lágrimas y he salido de ella con la sonrisa y con el gozo de que Dios no me ha abandonado jamás”.

giulia frioDesde aquel momento comenzó a descubrir a Dios en todo y se dio cuenta de que Dios la había estado abrazando fuertemente. Y ella misma escribirá: “Vuelve al Señor, que algo mejora. No con la varita mágica, pero poco a poco el Señor mejora todo”. De esta manera Giulia recorrió el camino del dolor con esperanza y esto mismo se lo fue transmitiendo a sus familiares, a sus amigos, a los médicos y a los demás pacientes del hospital.

“A menudo me encuentro mal. Tengo miedo de los efectos de la terapias, pero el pensamiento que me viene es que Él cada día, me guía por el camino, paso a paso junto a la Virgen María, Nuestra Madre. El pensamiento de que Él está junto a mí, que vela por mí, esto me ayuda a poner una sonrisa y a estar mejor”.
Giulia reconoce que le ayudaron de manera especial dos personas. Por una parte Chiara Luce, muerta a los 18 años en 1990 a causa de un tumor óseo y proclamada beata el 25 de septiembre de 2010. Escribirá Giulia: “Ella está muerta pero ha sido capaz de vivir esta experiencia de modo luminoso y alegre, entregándose a la voluntad del Señor. Quiero aprender a seguirla, a hacer lo que ha conseguido a pesar de su enfermedad. La enfermedad no ha sido una forma de alejarse del Señor, sino de acercarse a Él...”

giulia couchLa Virgen María también fue clave para Giulia. Creció en un gran amor por Ella en dos viajes que pudo realizar a Medjugorje. El último de ellos lo pidió como regalo de cumpleaños. Ella explicó un día delante de decenas de jóvenes: “No existen palabras que puedan describir Medjugorje. Sólo puedo decirles que el amor de nuestra Señora es tan grande, tan fuerte, que explota en la oración, conversión, amor hacia el prójimo”.

Agradeció mucho el papel de los médicos, sus «superhéroes», como ella los llamaba, a quienes animaba y consolaba cuando tenían que darle malas noticias. No dramatizaba su situación y en todo momento proclamaba su normalidad. El progresivo avance de la enfermedad llevó a Giulia a mantener encuentros cada vez más frecuentes con el personal del hospital; unos encuentros que en palabras de estas personas, cambiaron para siempre la vida de todo el equipo médico. El pediatra Pieremilio Cornelli dirá: «Ahora entiendo el valor de la vida y del amor, lo he experimentado en la humanidad de esta joven». La enfermera Bruna Togni: «Cuando entraba en el hospital, para mí era una más de las pacientes que veía todos los días, pero a través de ella he entendido que antes vivía sólo en la superficie de la realidad. En ella había algo a lo que no podía poner nombre, pero que era potente. La belleza de la amistad que surgió hizo que volviera a empezar con un nuevo espíritu: volví a plantearme los motivos que me habían llevado a escoger un trabajo tan especial como el de ser enfermera. He aprendido a mirar los corazones de la gente, a mirar a los ojos a los dueños de esos corazones».

giulia enfermaTransformó sus dos años de enfermedad en un himno a la vida, en un crecimiento espiritual que la llevó a decir: “Yo ahora sé que mi historia puede terminar sólo de dos modos: o gracias a un milagro, con la completa curación, que yo pido al Señor porque tengo muchos proyectos que realizar. O quizás, encontrando al Señor, que es una cosa bellísima. Los dos son buenos finales. Lo importante es, como dice la beata Chiara Luce, que se haga la voluntad de Dios”.

Giulia creía en los milagros. Pero la gracia le decía que eran para los otros, no para sí misma: en particular para los niños enfermos en el hospital. De esta manera, al final, cuando los días eran insoportables y las armas de sus “superhéroes” insuficientes, comenzó a pedir por sí misma. Pero sólo “si es la voluntad del Señor”.

Dirá su madre, Sara Gabrieli:  “Mi hija entendía su enfermedad como una misión de testimonio y de conversión de sí misma”. Un día, Giulia habló de su experiencia de dolor y amor con un grupo de jóvenes diciendo: “Lo primero que hay que curar son el corazón y el alma, ¡la salud vendrá por sí misma! Los últimos días de su vida, Giulia escribió una oración que conmueve por su simplicidad, es una pura acción de gracias a Dios sin ninguna petición.

©Revista HM º177 Marzo-Abril 2014

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