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Testimonios

La más grande llamada

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La más grande llamada

Por Padre Luke DeMasi, SHM

“Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos” (Is 55, 8).

El 29 de abril de 2017, fiesta de Santa Catalina de Siena, el Hermano Luke DeMasi, Siervo del Hogar de la Madre, fue ordenado sacerdote. Puedes encontrar la historia de su conversión a través de nuestra página web en el libro “Para Ti la gloria, para mí la confusión”.

la llamada mas grande240Si hace nueve años me preguntas si había pensado alguna vez en ser sacerdote, no cabe duda de que te hubiese respondido con un rotundo ¡NO! La idea que tenía sobre el sacerdocio era de alguien que vive solo y dedica su tiempo a cosas aburridas como recaudar dinero, reunirse con otros sacerdotes y, sobre todo, decir Misa. La idea misma del sacerdocio me asustaba. Fue solo después de mi conversión cuando me enamoré del Señor y, por supuesto, con su sacerdocio. Mi fobia hacia el sacerdocio se tornó radicalmente en miedo a no llegar a serlo.

No podía imaginarme cómo sería el celebrar la Misa. Antes de conocer al Señor, la Misa era algo importante para mis padres, y para mí, aburrido. Creciendo en mi relación con Cristo, el solo hecho de perder una Misa me desconcertaba. Y según me acercaba a mi ordenación, la idea de celebrar Misa me ponía los pelos de punta.

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Irreal. Es la única palabra que me viene a la mente ahora que soy sacerdote. ¿Esto es real? Es algo en lo que he estado reflexionando de un tiempo a esta parte. Realmente me conmocionó durante la Misa de mi ordenación. Desde que caí en la cuenta, estuve absorto completamente en el misterio que estaba aconteciendo. Mis sentimientos pasaban de la perplejidad al agradecimiento. Era completamente consciente y percibía la presencia de Cristo, era como si estuviese a mi lado aprobando y queriendo todo lo que yo estaba experimentando, deseando más que ninguna otra cosa mi unión con Él como Sacerdote.

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Cuando estaba tumbado en el suelo durante el rezo de las letanías de los santos, comencé a llorar. Según escuchaba los nombres de los distintos santos, me vino toda mi vida pasada cuando estaba alejado de Dios y de todo lo sagrado. Como me vi a mí mismo ante su altar y sentí a toda la Iglesia rezando por mí, no pude sino echarme a llorar. No creo que haya experimentado nunca una paz y alegría tal, como en ese momento. A pesar de todo, había sido escogido. No podía sino pensar: ¿realmente esto está sucediendo?

Estoy totalmente convencido de que no hay nada en este mundo comparable a la gracia de ser ordenado sacerdote. Y es precisamente por eso que el demonio ha trabajado tanto por destruir la imagen del sacerdote. Espero y pido para que Nuestro Señor pueda usarme ayudando a otros jóvenes a cambiar su idea sobre el sacerdocio, a que se les quiten todos los miedos y respondan a la más grande llamada que jamás podrían recibir.

Hace algo más de un par de meses desde mi ordenación y aún se me pone la piel de gallina cuando pronuncio las palabras de la consagración y absolución. Pido que Nuestro Señor me conceda la gracia de experimentar siempre esos “santos” hormigueos, que nunca permita que me enfríe y me aleje de Él al punto de que su presencia cese de incendiarme.3la llamada mas grande320

 

©HM Revista; nº197 Julio-Agosto 2017

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