Menu

Revista H.M.H.M. es una revista bimensual que se publica en español, inglés e italiano. Incluye artículos de formación, liturgia, valores, con entrevistas y testimonios vivos e impactantes de fe.

Categoría: Testimonios

una enfermedad885

Por Hna. Anna Riordan, SHM

Es curioso cómo hay ciertas personas que puedes conocer desde hace años y no experimentar ninguna conexión con ellas, y otras, sin embargo, que después de tan solo una hora puedes sentirles cercanos como hermanos en la Fe. Es porque en el mundo del espíritu la lógica es distinta. Las cosas funcionan con una lógica Divina.

Esto es precisamente lo que comprobamos con Giovanni*, un hombre de 50 años que conocimos hace aproximadamente un año en un pueblo de las montañas del norte de Italia. Lo llamamos “el amigo de la Hna. Clare”. Ciertamente, según su fecha de nacimiento, él tenía unos 50 años, pero parecía un niño de 5 hacia el final de su enfermedad.
(*Nota: Hemos cambiado su nombre real por respeto a la familia y para proteger su identidad).

Yo le conocí por primera vez en octubre de 2017. Íbamos dos Hermanas, Siervas del Hogar de la Madre. Lo encontramos en su casa: un hombre fuerte, durillo, sentado en su sofá. Tenía tatuajes en los brazos. Ya estaba luchando con la enfermedad que algunos dicen «le llevó a la muerte» pero que prefiero calificar como la enfermedad que le llevó a la Vida. En este primer encuentro, él se mostró un poco distante, desinteresado. Lo consideramos un éxito que pudimos convencerle para rezar un Ave María con nosotras. Este hombre había estado más de 10 años en la cárcel por acusaciones en torno a un homicidio.

Pero fue después de este primer encuentro que algo empezó a cambiar en Giovanni. Le empezamos a hablar de la Hna. Clare y expresó su deseo de confesarse y empezar a recibir a Jesús Sacramentado en la Comunión.

una enfermedad240

Pero fue después de este primer encuentro que algo empezó a cambiar en Giovanni. Le empezamos a hablar de la Hna. Clare y expresó su deseo de confesarse y empezar a recibir a Jesús Sacramentado en la Comunión. Él quería mucho a la Hna. Clare y recordando su gran conversión antes de hacerse Sierva, nos sonreía y decía: «Ella era mala como yo». Un día nos dijo que quería hacer un mural dedicado a la Hna. Clare en su casa. Era como su héroe. Era un durillo pero tenía un gran sentido del humor y se fue volviendo cada vez más como un niño hacia el final de su vida terrena. Nos impresionó a todas las Hermanas que fuimos a verle. Una vez fuimos a llevarle la Comunión. Le dijimos: «No te preocupes, Giovanni, te vamos a dar solo un trocito de la Hostia». Y él dijo como con voz de niño: «Lui si fa piccolo per me» (Él se hace pequeño para mí). Esa frase se convirtió en nuestra meditación para el Adviento... «Él se hace pequeño para mí». Su mujer nos contó que él estaba triste porque no iba a poder hacer el Belén grande en su casa esta Navidad, por la enfermedad. Pero un día fuimos con la Eucaristía y no teníamos dónde apoyar el corporal y purificador. Su mujer nos acercó una mesa de madera. Él nos dijo: «Esta mesa la hice yo». Y así le dijimos que al final SÍ que había hecho él un «pesebre» donde apoyar al Niño Jesús (la Eucaristía). Parecía muy contento. En otra ocasión, le llevamos la Eucaristía y también una imagen que era un zoom de cerca de la cara y la mano alzada de Jesús de la Divina Misericordia. Al ver a Jesús, levantó la cabeza con muchísimo esfuerzo y le puso una gran sonrisa como si estuviera viendo a su mejor amigo, a quien hacía tiempo que no veía. Decía en bajito pero con ilusión de niño: «Ciao!» (¡Hola!). Y levantó su mano para tocar la mano de Jesús en el cuadro. Esa vez, después de recibir la Eucaristía, bajó la cabeza y la apoyó encima de la imagen de Jesús de la Divina Misericordia que estaba en la mesa. Empezó a hablar en voz baja y no entendíamos. Su mujer se acercó diciendo: «¿Qué te pasa, Giovanni?». Y él: «¡Que estoy hablando con el Señor!». Lo dijo en tono de «¿por qué me interrumpes?». Y ciertamente tenía razón, no era el momento para otros discursos.

Realmente ha sido una gracia poder acompañarle. La última vez que lo vimos fue el día antes de morir, ya casi en coma. Rezamos un Ave María solo. Le dijimos: «Giovanni, te estás preparando para ir a ver a Jesús. No tengas miedo de nada». Murió esa noche. No sé pero no me sorprendería si la Hna. Clare fuera a recoger su alma.

Su mujer un día, antes de morir él, nos dijo: «La Hna. Clare no ha hecho el milagro» (porque no le había curado físicamente), pero nosotras las Hermanas le dijimos que sí había hecho el milagro... el milagro de la victoria de la VIDA, la GRACIA en su alma. Le dijimos: «La VIDA ha vencido en él» y ¿qué felicidad más grande existe que saber que la persona que más has amado en la tierra está preparado para ir al encuentro con Jesús? Giovanni se había ido transformando. Yo le conocí en octubre y era como otro en estas últimas semanas. Su alma era guapísima. Era como el más inocente de los niños. Nos llamaba «mis Hermanas» y realmente fue como nuestro hermano en el Señor. Su cuerpo estaba literalmente podrido por dentro, por el cáncer, pero su alma era resplandeciente.

Un día, Jesús quería enseñarnos que la santidad no consiste en parecer buenos sino en hacer la voluntad de nuestro Padre en los Cielos: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: “Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña”. Él respondió: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: “Voy, Señor”, pero no fue. “¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?”. “El primero”, le respondieron. Jesús les dijo: “Os aseguro que los publicanos y las prostitutas llegarán antes que vosotros al Reino de los Cielos”. En efecto, Juan vino a vosotros por el camino de la justicia y no creísteis en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero vosotros, ni siquiera al ver este ejemplo, os habéis arrepentido ni habéis creído en él». (Mateo 21, 28-32). Giovanni era uno de estos del «No quiero». Pero después se arrepintió y fue. Ciertamente, almas así, son las que hacen sonreír a Dios. Que ellas nos ayuden a unir nuestro «Voy, Señor» con «y fue».

 

 

©Revista HM; nº201 Marzo-Abril 2018

Buscar

Redes sociales

Elegir idioma

Las cookies facilitan la prestación de nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, usted acepta que utilizamos cookies.
De acuerdo