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Testimonios

Y la esperanza se abrió camino

ESPERANZA

Por Hna. Paqui Morales, S.H.M.

"No me gusta este mundo” . Quizá esta frase la he repetido en exceso últimamente. Gracias a Dios, al final la esperanza se abre camino.

Explico un poco más. Una conversación con una señora. El esposo ha abusado de la hija y todo lo que ella recibe es desprecio y maltrato: “no me gusta este mundo” . Un par de horas después, una llamada: “Hermana, mi hijo está metido en drogas. Ya no sé qué hacer. He pensado ingresarle en un centro. Me dicen que allí a veces les maltratan y hasta les violan. ¿Estoy actuando bien si le ingreso?: “No me gusta este mundo”.

A la mañana siguiente, visita a familias para apadrinar. Vamos por un camino polvoriento, casas de caña e incluso de cartón. En los caminos, jóvenes que a las 10 de la mañana ya están bajo los efectos de la droga. Rostros completamente endurecidos que miran con curiosidad a unas Hermanas vestidas de blanco que parecen desentonar en ese ambiente. A la vuelta de la esquina, un coche de policía y un tumulto de gente. Acaban de encontrar a un hombre muerto. Le han asesinado… ¡No me gusta este mundo!

Llegamos a una casa. Una señora nos recibe con una preciosa sonrisa, pero con un deje de sufrimiento profundo. ¿Desde cuándo está usted en cama?: “Tengo esclerosis, me la diagnosticaron hace 10 años. Mis hijos tenían 4 y 7 años. En ese momento mi esposo nos abandonó. Rápidamente me quedé paralítica, y hace 3 años que estoy ciega. Hoy no sé qué me ocurre, no tengo sensibilidad en los brazos…

Me pongo a hablar con el hijo de 13 años, él es el encargado de hacer la comida. Se turna con su hermano para estudiar y no dejar nunca sola a su madre. El de 17 años cuida con cariño de la madre, la baña, la mueve para que no se llague, etc. Estos hijos cuidan de su madre mejor que muchas madres a sus hijos. Hablo aparte con él: “Hay un Dios que no os abandona, que os ama y está pendiente de vosotros” . El niño me mira con dolor. “¿No me crees?” . Sin acritud, sin rebeldía, solo lleno de dolor responde: “no” y se le caen las lágrimas: “No me gusta este mundo” .

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Visita a otra casa. Un hombre enfermo con insuficiencia renal. Las piernas completamente hinchadas. Necesitaría diálisis, pero nadie le atiende. La cita la tendrá en un par de meses. Pregunta llorando: “Hermana, ¿y si el médico me dice que ya no tengo esperanza, que voy a morir?… “No me gusta este mundo” . Casi de manera mecánica, sin pensarlo, respondo: “¡Claro que va a morir! , ¡como el padrecito!, ¡como la Hermana!, ¡como yo! ¡Aquí estamos de paso!, ¡Vamos a morir!, pero… ¡Sí tiene esperanza! ¡Sí tiene esperanza!

Siento que en medio de la oscuridad en la que se estaba sumergiendo mi alma, en medio del desprecio de este mundo, rompe con fuerza la esperanza al decírselo a este hombre: “Sí tiene esperanza”: ¡Existe el Cielo! Y estamos hechos para estar allí por toda una eternidad, sin dolor, sin sufrimiento, sin lágrimas…

El hombre fijaba en mí su mirada al escuchar esto, y yo veía que solo el Cielo hace justicia a este mundo. Somos hijos de Dios, hemos sido creados para el Amor y por el Amor. Él quiere nuestra felicidad. El mundo, hermoso, salido de sus manos, es un regalo para el hombre. “Y vio Dios que era bueno” . ¿Cómo mirará Dios a este mundo? Llamado a ser gloria suya y trasformado para algunos hombres en un infierno, lleno de dolor, de injusticia, sin amor, casi sin esperanza…

¡Pero existe el Cielo! Y es Dios el que tiene la última Palabra, la Palabra definitiva, la Palabra de salvación.

Ojalá llegue el momento en que estas personas escuchen a la misma Palabra decirles: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados”. “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados” y su Cielo, su Eternidad, serán sus lágrimas enjugadas por el Corazón de Cristo. ¡Qué Dios tan Bueno!

D. Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares, no deja pasar una homilía sin hablar del Cielo. Ojalá que nosotros, con nuestra presencia, vayamos hablando a gritos del Cielo. ¡Qué necesidad tan grande tiene este mundo de fijar allí su mirada, de poner allí su esperanza!

Termino con una estrofa de una canción que me encanta, porque es en la bondad de Dios donde se asienta la esperanza:

“Y cuando me pierdo, se lanza a buscarme y hay fiesta en el Cielo cuando vuelvo junto al Padre. ¡Qué Dios tan bueno!, ¡Qué Dios tan bueno!” .

 

©Revista HM; Nº206 Enero-Febrero 2019

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