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Vida espiritual

Centenario de la consagración de España al Corazón de Jesús

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Un regalo para España y el mundo entero

Por Clara Martínez Gomariz, LHM

Decía san Agustín, Doctor de la Iglesia, que el Sagrado Corazón de Jesús es la Biblia. A la vista de esta afirmación, podríamos hacer las siguientes consideraciones: si este libro sagrado contiene toda la revelación y es, en sí mismo, compendio de la espiritualidad corazonista, ¿por qué tendrían que ser necesarias las manifestaciones privadas relativas al Sagrado Corazón, a tan numerosas y diferentes personas a lo largo de tantos siglos? ¿Qué propósito tienen? ¿Cuál es su transcendencia?

Según el Catecismo de la Iglesia Católica, las revelaciones privadas sirven para «ayudar a vivir más plenamente en una cierta época de la historia» la única revelación existente (nº 67). Por ello, parece que ha sido voluntad de Dios acudir en ayuda del hombre para recordarnos que, si el Corazón de Jesús es la Biblia –como afirmaba san Agustín–, el corazón de la Biblia es la Pasión del Señor, que tuvo como propósito manifestarnos su amor y el deseo de nuestra salvación.

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Pero, analizando los acontecimientos, vemos que el Sagrado Corazón no se ha limitado a manifestarse a personas ignotas en recónditos lugares. Más bien, conocedor de la necesidad que tenemos de una ayuda efectiva, este Corazón encarnado ha querido realizar notables incursiones en la línea del tiempo de la Historia al hacer partícipes de esta espiritualidad a personajes tan representativos como reyes y papas, con encargos concretos para ellos en muchas ocasiones, lo que sin duda ha contribuido a dotar a esta devoción de la dimensión mundial que posee en la actualidad.

Así, el 17 de junio de 1689, el Sagrado Corazón le traslada a santa Margarita la petición de que el Rey Luis XIV le consagre su persona a fin de que, con esta victoria sobre su corazón, la alcanzara, de igual modo, sobre las demás cortes europeas. La religiosa escribirá: «Me parece, pues, que desea entrar con pompa y magnificencia en las casas de los príncipes y de los reyes, para ser en ellas tan honrado cuanto fue ultrajado, despreciado y humillado en su Pasión, y recibir tanto contento viendo a los grandes de la tierra abatidos y humillados ante cabe Él, cuanta fue la amargura que sintió viéndose anonadado a sus pies» (27 Carta C, 17-VI-1689, Vida y obras... II, p. 389).

Para ello, en otra carta posterior, le daba instrucciones precisas acerca de lo que debía hacer. En esos momentos, el rey se encontraba en una situación bélica delicada, y son muchos los que relacionan el incumplimiento de esta petición con la caída de la monarquía años después, tras la muerte de Luis XVI. Este, antes de subir al cadalso en septiembre de 1792, y a diferencia de Luis XIV, emitió el famoso voto que se le atribuye, por el que hará la consagración personal al Sagrado Corazón de Jesús en presencia de toda su familia, con 103 años de retraso con respecto a lo esperado por su predecesor. ¿Demasiado tarde? Poco después, como sabemos, la Revolución Francesa y el Jansenismo se acantonaron en el pensamiento social de la época.

CONSAGRACION REY ALFONSO

Otro monarca de la casa de Borbón reinante en España, Felipe V, escribirá al Papa Benedicto XIII en 1727 pidiéndole que, para contribuir a que fuera más y mejor conocida esta devoción y rendirle el culto debido, estableciera misa con oficio propio para ella. Y será también otro Borbón, Alfonso XIII, quien –reconociéndose católico y movido por un «deber de conciencia»– intervendrá en las consagraciones realizadas tras el Congreso Eucarístico de Madrid de 1911, como ya hemos visto. Sabemos que, con ello, acabó de sentenciar su salida de España y el estallido de la revolución de 1936.

Por ello, podemos afirmar que ha sido tal el calado de la espiritualidad del Sagrado Corazón en algunas de las personas que dirigen el destino de las naciones, que 15 de ellas han sido consagradas a su intercesión. España es, hasta la fecha, el único país que ha sido consagrado por un monarca; los 14 países restantes lo han sido por sus jefes de Gobierno. Son estos, por orden cronológico:

 PaísAño  PaísAño
1. Ecuador 1874   9. Costa Rica 1921
2. El Salvador 1875   10. Brasil 1922
3. Guatemala 1895   11. México 1924 y 2006
4. Venezuela 1900   12. Bolivia 1925
5. Colombia 1902   13. Honduras 1928
6. España 1919   14. Chile 1946
7. Nicaragua 1920   15. Perú 2016
8. Polonia 1920        

Como no podía ser de otro modo, la espiritualidad del Sagrado Corazón también imprimió su carácter sobre los sucesivos Vicarios de Cristo en la tierra, y Dios les fue inspirando distintas disposiciones en torno a él. Así, Clemente XIII (con pontificado de 1758-1769) concede a los obispos de Polonia y a la Archicofradía romana del Sagrado Corazón de Jesús la facultad de celebrar la fiesta litúrgica por decreto del 25 de enero de 1765.

El beato Pío IX (1846-1878) impulsó la causa de beatificación de Margarita María de Alacoque, que fue elevada a los altares el 18 de septiembre de 1864, y extendió la celebración litúrgica de la fiesta del Sacratísimo Corazón a la Iglesia universal en 1856. Además, durante su pontificado se produjo una verdadera floración de congregaciones religiosas relacionadas con el Sagrado Corazón.

papa leon

León XIII (1878-1903) fue el primero que dedicó una encíclica al Sagrado Corazón: la Annum Sacrum. Durante su pontificado, la Madre María del Divino Corazón, de acuerdo con las peticiones del mismo Jesús reveladas en locuciones interiores, le escribió para pedirle la consagración del género humano al Sagrado Corazón de Jesús. El pontífice designó comisiones de grupos de teólogos para examinar su solicitud sobre la base de la revelación mística y la tradición sagrada, y el 11 de junio de 1899 consagró finalmente el mundo, en el que consideró el acto más importante de su pontificado. Se refirió a este culto como «una práctica religiosa dignísima de todo encomio», y como poderoso remedio para los males que le hacían sufrir.

Por su parte, el Papa Pío XI (1922- 1939), conocido como el papa del Sa-grado Corazón, escribió tres encíclicas sobre este tema: Quas primas, de 1925, en la que estableció la fiesta de Cristo Rey y la renovación de la consagración de la humanidad al Corazón de Jesús; Miserentissimus Redemptor, promulgada el 8 de mayo de 1928, sobre la expiación que todos deben al Sagrado Corazón de Jesús, texto que tuvo una gran repercusión en España. En ella escribió: «¿No es verdad que esta devoción contiene la suma de toda la religión y aun la norma de vida más perfecta, como que más expeditamente conduce los ánimos a conocer íntimamente a Cristo Señor Nuestro, y los impulsa a amarlo más vehementemente, y a imitarlo con más eficacia?» (n° 3). Por último, la encíclica Caritate Christi compulsi, sobre la reparación al Sagrado Corazón de Jesús, de 1932, en la que propone esta devoción como el remedio ante la crisis material y espiritual imperante en el mundo actual.

papa pio XII

Su sucesor, Pío XII (1939-1958), presenta el culto al Divino Corazón del Redentor como ideal de su pontificado, su objeto principal, el alfa y la omega de sus enseñanzas pontificias. En su encíclica Haurietis Aquas de 1956, sobre el Sagrado Corazón de Jesús, consolida su doctrina y devoción al contener una exposición integral sobre el tema, siendo de lectura indispensable para quien quiera conocer a fondo la posición pontificia al respecto.

San Pablo VI (1963-1978), a la luz del Concilio Vaticano II, habló de la consagración al Sagrado Corazón de Jesús en las cartas apostólicas Investigabiles divitias Christi y Diserti interpretes, esta última dirigida el 25 de mayo de 1965 a los superiores de los institutos dedicados al Corazón de Jesús, diciéndoles: «Este culto debe ser estimado en grado sumo por todos como la excelente y auténtica espiritualidad que exige nuestro tiempo».

PAPA JUAN PABLO II

San Juan Pablo II (1978-2005), por su parte, habló con mucha frecuencia del Corazón de Cristo ya desde su primera encíclica Redemptor hominis (1979), y ha sido el gran impulsor de la Devoción a la Divina Misericordia, fiesta directamente relacionada con el Sagrado Corazón de Jesús. El 11 de junio de 1999, en su mensaje pronunciado con motivo del centenario de la consagración del género humano al Sagrado Corazón, dijo: «El creyente, al encontrar en el Sagrado Corazón el símbolo y la imagen viva de la infinita caridad de Cristo, que por sí misma nos mueve a amarnos unos a otros, no puede menos de sentir la exigencia de participar personalmente en la obra de la salvación. Por eso, todo miembro de la Iglesia está invitado a ver en la consagración una entrega y una obligación con respecto a Jesucristo».

Benedicto XVI (2005-2013) infundió profundidad teológica a la devoción al Corazón de Jesús en su encíclica Deus caritas est (2006), y expresó el misterio del amor de Dios a través del Corazón traspasado en su carta conmemorativa de los 50 años de la encíclica Haurietis aquas, de 15 de mayo de 2006. También tuvo un detalle precioso con todos los jóvenes del mundo al consagrarlos al Sagrado Corazón en la JMJ de Madrid de 2011.

Para cerrar este repaso por la doctrina del Magisterio de la Iglesia en torno al Sagrado Corazón, queremos indicar lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica sobre él en el punto 478: «Jesús, durante su vida, su agonía y su pasión nos ha conocido y amado a todos y a cada uno de nosotros y se ha entregado por cada uno de nosotros: “El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2, 20). Nos ha amado a todos con un corazón humano. Por esta razón, el sagrado Corazón de Jesús, traspasado por nuestros pecados y para nuestra salvación (cf. Jn 19, 34), “es considerado como el principal indicador y símbolo [...] de aquel amor con que el divino Redentor ama continuamente al eterno Padre y a todos los hombres (Pío XII, Enc. Haurietis aquas: DS, 3924; cf. ID. Enc. Mystici Corporis: ibíd., 3812)».

 

© Revista HM Nº209 Julio- Agosto 2019

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¡Feliz cumpleaños, Hna. Clare!

Hoy la Hna. Clare hubiera cumplido 37 años. Desde su conversión solo tuvo un deseo: consolar al Señor con su vida.

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