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Vida espiritual

Equitación y Santidad

 

La primera cosa que hay que hacer con el cuadro que acompaña a este artículo es simplemente disfrutar el magnífico, majestuoso poder del caballo y el jinete y la perfecta armonía entre ellos. 

Entonces, si lo miras largo rato y lo suficientemente cerca, quizás observes que hay algo sorprendentemente ausente. Se  trata de las riendas – no hay brida en la boca del caballo, ni hay riendas de la brida en las manos del jinete. ¿No entiende el artista nada de equitación o hay algo más retratado aquí?

Hay muchas referencias a la equitación en la Sagrada Escritura. En el libro del Apocalipsis se representa a Jesús en su Segunda Venida montando un caballo blanco con una espada de luz y verdad saliendo de su boca (Ap. 19, 11-16). En el Salmo 32 el Señor dice a su pueblo: “No seáis como caballos y mulas cuyo temperamento hay que domar con freno y brida” (Salmo 32, 9). Ismael, el hijo de Abraham y Agar, fue descrito por Dios como “un asno salvaje” (Gen 16,12). No es la única figura en la Escritura que puede ser así descrita. Sansón fue también un asno salvaje, así como Moisés, David y Elías, por mencionar algunos.

El hombre llamado Saulo, que después se convirtió en San Pablo, es otro ejemplo. Tradicionalmente Saulo ha sido representado caído del caballo por el choque de la visión que experimentó en el camino a Damasco. El Señor le dijo: “¿Por qué me persigues?” (Hch. 9,4). “Te lastimas al dar coces contra el aguijón” (Hch. 26, 14).

detalle 1

Hay una imagen ecuestre. El aguijón es el impulso del jinete. Un caballo de vez en cuando suelta una patada en vano, rebelándose contra las indicaciones de su jinete. Aquí el aguijón es la voz de la conciencia de Saulo, la cual él se esfuerza inútilmente por aplastarla, creando así una dolorosa tensión en su propio corazón. Jesucristo resucitado se aparece a Saulo para revelarle que le está hiriendo a Él - “¿Por qué me persigues?” - y que se está hiriendo a sí mismo: “Te lastimas al dar coces contra el aguijón”.

San Agustín, como Ismael y Saulo, fue un asno salvaje que dio coces contra el aguijón durante años. Fue él quien escribió: “Nos hiciste Señor para Ti y nuestros corazones están inquietos hasta que descansen en Ti”. Pero la búsqueda de Dios por el hombre es una pálida sombra de la búsqueda del hombre por Dios. Agustín usa el término admonitio para describir esta dinámica, donde Dios usa aflicciones para llevar a cabo nuestra corrección y salvación: “Tú siempre estabas a mi lado, ensañándote misericordiosamente conmigo y rociando con amarguísimas contrariedades todos mis goces ilícitos para que buscara así el gozo sin pesadumbre y, cuando yo lo hallara, en modo alguno fuese fuera de Ti, Señor; fuera de Ti, que provocas el dolor para educar, y hieres para sanar, y nos das muerte para que no muramos sin Ti” (Conf.2, 2).

cuadro entero

Como el hombre tiende a rebelarse contra la verdadera fuente de su propia felicidad, como un niño salvaje auto-destructivo, debe ser enseñado por la vida misma cómo vivir. Admonitio está estrechamente relacionado con kairos – la noción del tiempo en sentido vertical, referida al oportunismo divino y la intervención en los asuntos humanos – opuesto a kronos, la noción del tiempo en sentido horizontal; tiempo como duración cronológica. La providencia armoniza todo, hasta los detalles más pequeños, como parte de la amorosa y misericordiosa intervención de Dios que busca a su hijo para llamarle a sí pacientemente. Él llama a través de las Escrituras y a través de las circunstancias ordinarias y extraordinarias de la vida: hambre, enfermedad, la muerte de los seres queridos- todo parte de esta divina pedagogía humanizante. 

El motivo de Dios es la paciencia, la misericordia y la benevolencia. Él interviene diariamente en todas y cada una de las vidas, algunas veces dramáticamente, otras discretamente, a través de palabras, eventos, interiormente y circunstancialmente, para invitarnos a una relación. Cuanto más se resiste un alma, rebelándose contra su propio bien, más sufrimiento hay en ambos lados, a veces hasta el punto de un dolor extremo. Las Confesiones de San Agustín describen el terrible drama del rechazo, y el dulce éxtasis del abandono: “Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por Ti; gusté de Ti, y siento hambre y sed, me tocaste, y abraséme en tu paz. Cuando yo me adhiriere a Ti con todo mi ser, ya no habrá más dolor ni trabajo para mí, y mi vida será viva, llena toda de Ti”. (Conf. 10, 27)

Domesticar caballos es un negocio violento. La palabra que se usa es doblegar al caballo. Cuando era niño leí descripciones del proceso. Era un dramático y peligroso procedimiento para el hombre y para la bestia. Lo vi en vivo hace diez años, en una granja en el Estado de Virginia. Era como lo había leído de pequeño. 

detalle 2

Pero después un amigo me contó que habían descubierto un nuevo método, más gentil y humano para el jinete y para el caballo. Aparentemente, llevan al caballo a una piscina interior. Mi amigo no mencionó si es una piscina de agua templada o no pero me gusta pensar que sí. El caballo y el jinete nadan juntos en la piscina y se acostumbran entre ellos. Una cuerda que une a los dos permite al hombre mantenerse cerca. Poco a poco, susurrando palabras tranquilizadoras para acostumbrar al animal al sonido de su voz y la inocencia de sus intenciones, el hombre se acerca más y más hasta que eventualmente descansa en la espalda del caballo. El caballo está vadeando el agua, manteniendo su cabeza sobre la superficie. No puede encabritarse ni cocear ni morder. Eventualmente sucede la aceptación sin violencia.

Hay pocas cosas tan bonitas como la armonía entre el caballo y el jinete, estando en la pista, mostrando saltos, doma o el impresionante rejoneo español. Hablar de “domesticación” no hace justicia. El caballo mantiene su magnífico poder y fuerza, la nobleza y esplendor de su libertad. Su espíritu no está roto. Hay también una cautivadora fuerza en la personalidad de Cristo. Jinete y caballo son uno: comparten el mismo destino. Quizá eso es lo que el artista desea representar en este cuadro. No hay riendas porque la obediencia a Cristo es en perfecta y total libertad.

María, mujer gentil, silenciosa luz, cuando los problemas irrumpan en nuestras vidas, ¡ayúdanos a no ser nunca tan tontos como para salir de la piscina de agua templada de tu ternura y la misericordia y gracia de tu Hijo! Consérvanos en tu abrazo.

Cuadro: Iglesia Misionera. Hna Karen McMahon, S.H.M. Barcenilla de Piélagos (Cantabria). España.

©Revista HM º165 Marzo/Abril 2012

Hermana Clare

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¡Feliz cumpleaños, Hna. Clare!

Hoy la Hna. Clare hubiera cumplido 37 años. Desde su conversión solo tuvo un deseo: consolar al Señor con su vida.

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