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Vida espiritual

Nueva Evangelización III

PensadorEl sentido de la vida

P. Manuel M. Carreira, S.J.


Estos modos de llevar a cabo la Nueva Evangelización no son, obviamente, un cambio de contenido del mensaje de Cristo y de su Iglesia, sino el contrastar las tendencias de nuestro tiempo con lo que es la inmutable Verdad recibida de Dios: la sociedad es para el individuo, y el individuo para su destino eterno, que ninguna entidad social o política tiene. Esta afirmación resume el antídoto al virus más corrosivo de nuestra época: la pérdida del sentido de la existencia humana.

Si se reduce al hombre a su animalidad, que implica la muerte, y se ve como inevitable que el mismo Universo llevará por leyes físicas a la destrucción de todas sus estructuras, aun las no vivientes, realmente hay que decir que todo es un absurdo. Con un comentario de mucho sentido común, alguien respondió a un ateo que se admiraba de que tanta gente todavía busque apoyo en la religión: “Si usted dice a alguien que no es más que un primate un poco más evolucionado; que la muerte es el final de su existencia, y que toda su vida no tiene sentido, ¿se admira de que no acepten eso con entusiasmo?”
   
Ya en la Edad de Piedra se esperaba una supervivencia tras la muerte individual, y por eso se enterraba a los difuntos con objetos considerados útiles en un “más allá” imaginado como semejante a la existencia terrena. En todas las culturas conocidas se admitió algún modo de inmortalidad, aunque fuese sólo en un mundo de “sombras” poco satisfactorio para nuestra imaginación, pero que negaba la destrucción total de la persona. Quienes hoy niegan esa nueva vida, buscan una “supervivencia” superficial en la memoria que se conservará en sus descendientes, o incluso en alguna célula en una preparación de laboratorio: ambas soluciones de poca duración y verdaderamente ridículas para la realidad personal del que ha muerto, con su vida intelectual y afectiva ya terminada definitivamente.
   
La Nueva Evangelización debe insistir en el valor eterno de la vida humana, con un mensaje que se hace tanto más imprescindible cuanto más conocemos -por la constante comunicación de noticias en nuestra época- las muchas catástrofes naturales y de origen humano que afligen a gentes de todo el mundo. Por nuestra finitud material y espiritual estamos sometidos a toda clase de limitaciones y dependencias, para la mera supervivencia y más aún para nuestro desarrollo personal en un clima de felicidad básica de subsistencia, salud y relaciones personales de familia y sociedad. Pero nuestro anhelo de vida sin tales límites no puede satisfacerse en un tiempo tan definido por el nacer y el morir: o el hombre tiene un destino más allá de todo tiempo, o la vida finalmente no tiene sentido.
   
marco-basaiti-la-resurreccionNuestra fe nos dice que todo cuanto hacemos según es propio de nuestra dignidad humana, como imágenes de Dios, tiene valor eterno. Nada hay sin valor excepto lo que nos aparta de Dios, pero aun eso es subsanable con un perdón que Dios ofrece incondicionalmente a quien se arrepiente y confía en Él. Nadie está excluido de antemano por tipo alguno de determinismo ciego, y es dogma que todo ser humano recibe los medios necesarios para encontrar a Dios y salvarse, aunque no sepamos cómo: tal vez en una última iluminación que permite usar la voluntad en un acto verdaderamente libre de aceptar nuestra dependencia del Amor creativo que nos dio la existencia. Por eso la Iglesia nunca afirma de nadie su condenación, y ruega por todos los difuntos, por muchos que hayan sido sus crímenes. El ejemplo de Cristo prometiendo el cielo a su lado al ladrón que confía en Él es un ejemplo de la misericordia que todo lo puede.
   
Sí, nuestra vida tiene sentido. Es para siempre, y su destino es la vida misma del Creador, más allá de todo límite de espacio o tiempo, con plena libertad con respecto a las limitaciones de fuerzas físicas, y con su nivel de felicidad eterna no determinado por consideraciones humanas de riqueza o prestigio o posición social, sino por la perfección de reflejar en el simple vivir de cada día la bondad del Creador, que quiso ser uno de nosotros en la Encarnación Redentora, el misterio más asombroso e inimaginable. Es Cristo, nuestro hermano, quien da sentido a la humilde y breve existencia de cada uno de nosotros, y sólo el amarle e imitarle tiene valor eterno. Pero Él, que nos dejó como norma que “lo que hacemos al más pequeño de sus hermanos, a Él se lo hacemos” no dejará sin premio ni un vaso de agua dado a quien tiene sed. Todo es ya valioso, y “muchos últimos serán primeros, y muchos primeros serán últimos” cuando el verdadero valor de cada experiencia humana se manifieste ante toda la creación.

©Revista HM º166 Mayo/Junio 2012

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¡Feliz cumpleaños, Hna. Clare!

Hoy la Hna. Clare hubiera cumplido 37 años. Desde su conversión solo tuvo un deseo: consolar al Señor con su vida.

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