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Vida espiritual

Próxima estación…

Recien nacidoVerdadero rostro de la cultura de la muerte

Hna. Gema Díaz, S.H.M.

En la prestigiosa revista Journal of Medical Ethics (Revista de Ética Médica) en cuya edición forman parte miembros de todo el mundo: Estados Unidos, Europa, Australia y países del Oriente, recientemente ha sido publicado un artículo titulado: «El aborto del post-nacido, ¿por qué debe vivir el bebé?», (After-birth abortion: why should the baby live?). En él, dos renombrados especialistas (así se autodenominan ellos): Alberto Giubilini -Universidad Australiana de Monash- y Francesca Minerva -Universidad de Melbourne- han decidido mostrar el verdadero rostro de la «cultura de la muerte».

Plantean la escalofriante propuesta del pensamiento abortista: ¿Qué más da dentro que fuera del seno materno? Sí, he escrito bien. Los dos bioéticos afirman claramente que «debe ser permitido el "aborto del post-nacido", es decir, matar al recién nacido en todos los casos en los que es permitido el aborto». ¿Terrorífico? Más bien demoníaco.

Es interesante leer la explicación del editor de esta revista, Julian Savulescu, exponiendo los irrelevantes motivos de la conveniencia del artículo, así como el artículo mismo. Podemos resaltar algunos puntos.

Quizá destaque sobre las demás consideraciones el desprecio a la vida, pues en ningún momento niegan que exista. La ciencia médica y la biológica lo han confirmado hace tiempo: es vida distinta a la madre desde el momento de la concepción. Eso lo admiten. La cuestión ya no es la vida, es el desprecio de la ajena.

Savulescu afirma que el estudio no es, en absoluto, pionero, ya que nada se afirma en él que no haya sido sostenido por los conocidos Peter Singer, Michael Tooley y John Harris con anterioridad. Según los filósofos del llamado “utilitarismo ético”, no existe un derecho a vivir previo, ya sea de origen biológico o moral; este derecho sólo lo concede la autoconciencia. La mera pertenencia a la especie no es suficiente. Tooley o Singer reconocen abiertamente que el feto es humano, pero eso, en su opinión, no significa nada en sí mismo. Por eso, Singer ha declarado que “matar a un niño con discapacidad no es moralmente equivalente a matar a una persona; con frecuencia, no es malo en absoluto”.

JulianÉl mismo afirma convirtiéndose en uno de los principales caudillos en propugnar esta vuelta a una sociedad pre-cristiana: “Como los antiguos griegos, deberíamos tener una ceremonia un mes después del parto en la que el infante sea admitido en la comunidad. Sólo en ese momento, a los niños se les reconocerían los mismos derechos que a las personas”. Y yo me pregunto: ¿realmente estamos en el S. XXI? ¿Dónde se ha quedado toda la evolución moral y de pensamiento?

“Si un criterio como el gasto que va a ocasionar el nuevo niño, es una razón suficiente para los futuros padres a la hora de realizar un aborto -incluso cuando el feto está perfectamente bien-, y dado que no tiene ningún valor moral en virtud de que es una persona en potencia; entonces las mismas razones tienen que justificar la muerte del recién nacido, ya que también es una persona en potencia”.

Esta es la genial conclusión que han sacado los “expertos” y que explican y clarifican en su impecable artículo.

Por supuesto, aclaran que no se pretende que los abortos post-nacimiento sean buenas alternativas al aborto, ya que “el aborto en una etapa temprana es la mejor opción, tanto por razones psicológicas como físicas. Sin embargo, si una enfermedad no se ha detectado durante el embarazo, si algo salió mal durante el parto, o si las circunstancias económicas, sociales o psicológicas cambian de tal manera que el cuidado de los hijos se convierte en una carga insoportable para alguien, entonces la gente no debería estar obligada a cargar con algo con lo que no puede”… ¿Estamos hablando de niños o de juanetes?

Un caso práctico que ha tenido lugar en Florida. Se trata del juicio contra el abortista Pendergrast, demandado por Carol Howard, que se sometió a un aborto en su clínica en 2004. La niña sobrevivió. Hoy tiene diez años y sufre varias discapacidades: parálisis cerebral, pérdida de la función del lado izquierdo del cuerpo, problemas cerebro-vasculares, discapacidad mental, enfermedad pulmonar crónica y convulsiones.

El jurado ha condenado a Pendergrast por «hacer mal su trabajo». Pero lo más espeluznante es oír el frío relato del doctor y sus ayudantes: “Sí, los bebés se arrojan al inodoro y muchas veces siguen vivos girando alrededor de la taza del váter”.

Pendergrast está especializado en «abortos tardíos», realiza una inyección intro-cardiaca al bebé. Extraer un bebé muerto ya no es un «aborto terapéutico», así que se puede enviar a la madre a casa para que la traten en los centros de salud habituales. Los médicos estarán obligados a atenderla porque la vida de la mujer corre peligro.

Semejante sociedad está llamada a la autodestrucción. A Pendergrast se le juzga por ¡¡no haber terminado bien un trabajo legal!!

Y continuamos con los argumentos de los científicos. “De las personas con síndrome de Down, así como de otras personas afectadas por distintas discapacidades, normalmente se suele decir de ellos que son felices y eso es lo que ellos dan a entender. Sin embargo, educar a niños de este tipo, puede ser una carga insoportable para la familia y para la sociedad en su conjunto, cuando el estado aporta ayudas económicas para su cuidado. Por eso, el hecho de que el futuro niño tenga la posibilidad de tener una vida más o menos aceptable, no es una razón para prohibir el aborto. Por lo tanto, sostenemos que, cuando las circunstancias se producen después del nacimiento como hubiera sido un aborto justificado, entonces lo que llamamos aborto post-nacimiento, debe ser igualmente permitido.

Por lo tanto, afirmamos que la muerte de un recién nacido puede ser éticamente permisible en todas las circunstancias en las que lo sería el aborto. Tales circunstancias incluyen los casos en que, aún cuando el recién nacido tenga la posibilidad de tener una vida aceptable, el bienestar de la familia esté en riesgo. Por lo tanto, lo denominamos como práctica de "aborto post-nacimiento" en lugar de "eutanasia", porque el principal criterio que se sigue, no siempre es el que sea para bien de la persona que muere como sucede en el caso de la eutanasia.

El no traer a una persona nueva a la existencia no puede ser comparado con el daño causado por la muerte provocada de una persona existente. La razón es que, a diferencia del caso de la muerte de una persona existente, la eliminación de una persona nueva no impide a nadie el cumplir ninguno de sus objetivos futuros ya que esta futura persona no se ha formado ningún objetivo todavía.

Una posible objeción a nuestro argumento es que un aborto post-nacimiento se debería practicar sólo a las personas en potencia que nunca podrían tener una vida digna de ser vivida. Como consecuencia, las personas sanas y que pudieran ser felices deberían ser dadas en adopción si la familia no pudiera sacarlas adelante. ¿Por qué debemos matar a un recién nacido sano cuando dándolo en adopción no violaría el derecho de nadie, sino, posiblemente, aumentaría la felicidad de las personas involucradas (los adoptantes y el adoptado)?

Una madre y su bebeNuestra respuesta es la siguiente. También tenemos que considerar los intereses de la madre que puede sufrir la angustia psicológica de dar a su hijo en adopción. Es cierto que el dolor y la sensación de pérdida acompañan tanto al aborto y al aborto post-nacimiento como a la adopción, pero no podemos dar por hecho que para una madre el último sea menos traumático. Por ejemplo, aquellos que sufren una muerte deben aceptar la irreversibilidad de la pérdida, pero las madres naturales a menudo sueñan que su hijo va a volver a ellos. Esto hace que sea difícil aceptar la realidad de la pérdida, ya que nunca puede estar completamente segura de si es o no es irreversible.

Lo que queremos decir es que, si los intereses de las personas reales deben prevalecer, el aborto post-nacimiento debe ser considerado como una opción más, permitida para las mujeres que sufrirían al renunciar a sus recién nacidos por darles en adopción”.

Hasta aquí algunas de las “verdades de peso” que podrían convertirse en la próxima estación de nuestra civilización. ¿Hasta dónde llegará este tren? A veces da miedo pensarlo. En la antigüedad, que el feto o el recién nacido tenían vida también era un hecho. Pero sólo el cristianismo acabó con el infanticidio, cada persona tenía valor en sí misma, y ese valor no estaba condicionado a la utilidad del ser: era hijo de Dios. Eso bastaba.

 ©Revista HM º166 Mayo/Junio 2012

Hermana Clare

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¡Feliz cumpleaños, Hna. Clare!

Hoy la Hna. Clare hubiera cumplido 37 años. Desde su conversión solo tuvo un deseo: consolar al Señor con su vida.

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