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Vida espiritual

Una Economía... DIVINA

El tiempo es vida... Vida Eterna.

por Hno. Greggy Espejón SHMTiempo y dinero

Hoy en día, el hombre vive en un mundo que mide mucho el tiempo. “El tiempo es dinero” dice el proverbio. No estamos en un mundo fantástico en el cual podemos volver atrás en el pasado, utilizando una máquina del tiempo. Cuando el tiempo se pierde, se pierde para siempre. También se pierde lo que uno pueda ganar en aquél tiempo. Por ejemplo, si un padre de familia que deja de trabajar un mes, pierde el dinero que hubiera podido ganar en aquél mes y eso afectaría, no sólo a él, sino a toda su familia.

La economía es la ciencia social que busca el uso eficiente de los recursos para obtener la satisfacción máxima de los necesidades. El hombre, el ser racional, tiene esta perspectiva económica impresa en sí mismo. Si tienes hambre, no te quedas parado. Buscas comida para alimentarte y satisfacerlo. El hombre busca los medios para satisfacer sus necesidades. Las necesidades biológicas del ser humano son: aire para respirar, agua para beber, comida para alimentarse, ropa y vivienda para protegerse. El ser humano, entonces, naturalmente busca el uso eficiente de sus recursos para obtener la satisfacción máxima de sus necesidades. Hay una economía, en la cual, puede haber usos, aparentemente ineficaces, de recursos que logran la satisfacción máxima de ciertas necesidades.
 
Muchos le decían a la Beata Madre Teresa de Calcuta que perdía el tiempo cuando ella y sus monjas estaban en oración durante dos horas diarias. También hay gente que dice que la Misa es una hora perdida. Hay algunos que rechazan el rosario porque creen que pierden el tiempo repitiendo siempre las mismas palabras. ¿Cómo es posible aprovechar el tiempo cuando uno está rezando en el silencio y parece que no hace nada, está estático y pasivo. Parece inútil. No se logra nada?
 
Y es que “el hombre puramente natural no valora lo que viene del Espíritu de Dios: es una locura para él y no lo puede entender, porque para juzgarlo necesita del Espíritu”. (1 Cor. 2, 14). Muchos no conocen esta Economía Divina. Dios todopoderoso, omnipresente e omnisciente, el Creador del tiempo, está por encima del tiempo. Él lo controla. Dios es el Dios del Tiempo. Él está en la eternidad. Sólo el que es del espíritu puede concebir las cosas de Dios.
 
Los israelitas ganaron una batalla porque Moisés oraba incesantemente con los brazos en alto. Cuando los bajaba, los israelitas perdían la batalla. ¡Qué poderosa es la oración! ¡Cuánta fuerza hay en una oración ferviente y sincera!
 
La Madre Teresa no hubiera hecho todo lo que hacía si no fuera por la fuerza que sacaba de su oración delante del Santísimo. La Misa no es una hora perdida. Es el sacrificio de todos los sacrificios. “Todas las buenas obras del mundo reunidas, no equivalen al Santo Sacrificio de la Misa, porque son obras de los hombres, mientras que la Misa es obra de Dios. En la Misa, es el mismo Jesucristo Dios y Hombre Verdadero el que se ofrece al Padre para remisión de los pecados de todos los hombres y al mismo tiempo le rinde un Honor Infinito” (San Juan Maria Vianney). Esa hora de la Santa Misa es la hora más preciosa ante los ojos de Dios. ¡Si conociéramos esa realidad, si conociéramos lo que está velado en este misterio... iríamos cada día; la viviríamos con más fervor, con mucho más amor!
 
GirlLas realidades divinas se esconden. Se esconden en recursos aparentemente ineficientes. Se esconden en el silencio, en la humildad, en la pequeñez, en la debilidad. “Contra toda expectativa humana, Dios escoge lo que era tenido por impotente y débil para mostrar la fidelidad a su promesa”. María la Madre de Jesús que “sobresale entre los humildes y los pobres del Señor, que esperan de él con confianza la salvación y la acogen. Finalmente, con ella, la excelsa Hija de Sión, después de la larga espera de la promesa, se cumple el plazo y se inaugura el nuevo plan de salvación” (CCC 489). En la humilde Sierva del Señor, Dios inaugura la economía de la salvación. Dios escoge a la Virgen humilde para satisfacer la necesidad del hombre, su salvación. Por medio de la Virgen, vino Dios. Por medio de la Virgen, podemos llegar a Dios.
 
¡Cuánta fuerza se puede sacar de la oración! ¡Cuánto valor tiene la Santa Misa! ¡Qué grande e importante es ser humilde! El estilo de Dios es incomprensible. Al fin y al cabo, los usos aparentemente ineficientes, de los recursos, alcanzan la satisfacción de las necesidades. La satisfacción de las necesidades biológicas del hombre tiene el fin de la vida. Si no se satisfacen el hombre muere. Si no bebe agua, muere de sed. Si no se alimenta, muere de hambre. Si no se cubre con el vestido, muere de frío. Si no hay aire, muere porque no puede respirar. El hombre es mortal, no puede vivir en esta tierra para siempre. Pero el alma es inmortal, puede vivir para siempre en la eternidad. Sólo la vida eterna es la necesidad última del hombre. La necesidad absoluta del hombre es por lo tanto, Dios. Él que es la Vida, que ha venido para darla y darla en abundancia. “Dios mío, nos hiciste para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. (Confesiones de San Agustín, Libro 1, 1). El Catecismo dice que “El fin último de toda la economía divina es la entrada de las criaturas en la unidad perfecta de la Bienaventurada Trinidad...” (CIC 260). Sólo en la unión con Dios, alcanzamos la satisfacción de todos nuestros anhelos, nuestros deseos, nuestras necesidades. 
 
Muchos están preocupados por la caída de la economía de su país y desgraciadamente, muchos han dejado de preocuparse de lo que satisface su necesidad más profunda... su salvación. Muchos han dejado a Dios.
 
Busquemos aquellos recursos, aparentemente ineficientes, para satisfacer nuestras necesidades más profundas. Busquemos los medios para entrar en la vida eterna. El tiempo pasa. ¡Aprovechémoslo! ¡La oración! ¡Los sacramentos: especialmente La Confesión y la Santa Misa! ¡El rosario! ¿Nos damos cuenta de su poder? ¿Utilizamos bien nuestro tiempo?
 
 
El tiempo es Vida Eterna.

©Revista HM º153 Marzo/Abril 2010

Hermana Clare

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¡Feliz cumpleaños, Hna. Clare!

Hoy la Hna. Clare hubiera cumplido 37 años. Desde su conversión solo tuvo un deseo: consolar al Señor con su vida.

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