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Vida espiritual

La Inmaculada...

Por Hna. Emma Haynes, S.H.M.

He ahí nuestro ideal. max

La respuesta de San Maximilliano al don de la maternidad de María es amarla, darse a sí mismo a la Inmaculada, sin reservas.

BREVE BIOGRAFÍA
Maximiliano María Kolbe nació el 8 de enero de 1894 en la ciudad de Zdunska Wola (Polonia). A los 13 años ingresó en el Seminario de los padres franciscanos en la ciudad polaca de Lvov. Finaliza sus estudios en Roma. En 1918 es ordenado sacerdote.

Devoto de la Inmaculada Concepción, pensaba que la Iglesia debía ser militante en su colaboración con la Gracia divina para el avance de la fe católica. En 1917 funda “La Milicia de la Inmaculada”, movimiento cuyos miembros se consagrarían a la bienaventurada Virgen María y tendrían el objetivo de trabajar  por la construcción del Reino de Dios en todo el mundo.

Más tarde inicia la publicación de la revista mensual “Caballero de la Inmaculada”, orientada a promover el conocimiento, el amor y el servicio a la Virgen María en la tarea de convertir almas para Cristo.

En 1929, en el convento franciscano de Niepokalanów, a 40 kilómetros de Varsovia, funda la primera “Ciudad de la Inmaculada”, dedicada, según palabras del santo a “conquistar todo el mundo, todas las almas, para Cristo, para la Inmaculada, usando todos los medios lícitos, todos los descubrimientos tecnológicos, especialmente en el ámbito de las comunicaciones”.

En febrero de 1941 es arrestado y enviado por segunda vez a un campo de concentración. En esta ocasión irá a Auschwitz. El 3 de agosto de 1941 se fuga un prisionero y en represalia escogen a diez prisioneros al azar para hacerlos morir de hambre y de sed en un búnker. Entre los hombres escogidos estaba el sargento Franciszek Gajowniczek, polaco como San Maximiliano, casado y con hijos. San Maximiliano, movido por la caridad sobrenatural, se ofrece a morir en lugar de Franciszek. El comandante acepta el cambio. El Padre desciende con los otros nueve al sótano de la muerte; los alienta, los consuela, los bendice. Muere el último, a los diez días del encierro, tras administrarle una inyección letal. Era el 14 de agosto de 1941, víspera de la Asunción.

El Papa Pablo VI lo beatificó en 1973. En 1982 Juan Pablo II lo canonizó como Mártir de la Caridad.
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AMOR SIN LÍMITES PARA LA INMACULADA
Desde los comienzos en la Orden  de los Frailes Menores (Franciscanos) destaca el carácter mariano.  “Ordeno a todos mis hermanos de hoy y del futuro que glorifiquen a la Madre de Dios siempre, y la veneren en todos los caminos, con todos los medios de que sean capaces, y se sometan a Ella con la mayor veneración y entrega”. “En todos los peligros y opresiones, en todas las dudas y dificultades, llamad a María, pensad en María; que Ella esté siempre en vuestros labios y pensamientos”, decía San Francisco. Y ordenaba a sus hijos ser vasallos de la Virgen.

San Maximiliano Kolbe, “el San Francisco de nuestro difícil siglo”, en palabras de Juan Pablo II, imita el ejemplo de su fundador, en su confianza y abandono filial a la Madre de Dios, entregándose por completo a la Inmaculada.“Te ruego que me quieras aceptar todo y completamente como cosa y propiedad tuya, y que hagas lo que te agrade de mí, de todas las facultades de mi alma y de mi cuerpo, de toda mi vida, muerte y eternidad”. (consagración de la Milicia de la Inmaculada).

NOS DIO UNA MADRE
Muchas veces ante el misterio del amor de Dios con los hombres, nos quedamos sin palabras. Dios crea todo por amor, movido por el amor quiso bajar a la tierra, hacerse hombre, morir por nosotros y quedarse en la Eucaristía. Pero aún quiso darnos más. Dice San Maximiliano:“El Señor nos mandó hacernos como niños pero un niño necesita una Madre, entonces desde la cruz nos dio una Madre, su Madre”. Somos como niños, necesitados de una Madre, que nos proteja, nos aliente, nos ayude… María, es esta Madre que necesitamos.

Debemos reconocer y agradecer el don recibido y preguntarnos cuál debe ser nuestra respuesta ante semejante don.

UNA CONSAGRACIÓN SIN LÍMITES A LA INMACULADA: PROPIEDAD DE LA INMACULADA
La respuesta de San Maximiliano al don de la Maternidad de María es amarla, darse a sí mismo a la Inmaculada, sin reservas. Desea ser propiedad suya y por eso se consagra a Ella:
 “Me he consagrado a la Inmaculada en cuerpo y alma, inteligencia y corazón, sin quedarme con nada, ni siquiera un poco de tiempo para mí”. No pone límites ni obstáculos a la voluntad de la Inmaculada, se abandona con completa disponibilidad, le suplica: “Dispón todo de mí, a fin de que en tus manos inmaculadas y misericordiosas me convierta en un instrumento útil tuyo”. “Concédeme, oh Virgen Inmaculada, vivir, trabajar, sufrir, consumirme y morir por Ti, solamente por Ti”.

CUARTO VOTO:
TOTAL DISPONIBILIDAD
San Maximiliano no sólo se consagra completamente y sin límites a la Inmaculada, sino que desea además que su consagración sea sellada con un voto de total disponibilidad a Ella. Por eso escribe a sus Superiores desde La Ciudad de la Inmaculada de Japón, para pedir profesar, junto con los hermanos que quisieran, además de los votos de pobreza, castidad y obediencia, un cuarto voto de disponibilidad mariana. Se trataba de un voto referente a la misión, consistente en estar dispuestos a ir a cualquier misión del mundo y a la misma muerte, si fuere preciso, al servicio de la Inmaculada. Y aquellos que no puedan ir a las misiones, que sean operantes con la oración y el sacrificio a fin de que la Inmaculada pueda entrar en los corazones de todos.

LA VOLUNTAD DE LA INMACULADA;

VOLUNTAD DE DIOS
San Maximiliano insistía en sus escritos que no hay diferencia entre la voluntad de la Inmaculada y la voluntad de Dios.

La Inmaculada es la que siempre cumplió la voluntad de Dios; porque Ella sola es la Pura, la que jamás tuvo pecado ni original ni personal. Todo cuanto es de Ella, es de Dios.

¡LA INMACULADA;
HE AHÍ NUESTRO IDEAL!
“Acercarse a Ella y asemejarnos a Ella. Dejar que Ella domine nuestro corazón y todo nuestro ser, que Ella viva y obre en nosotros y por nosotros y que Ella misma ame a Dios con nuestro corazón, para pertenecerle  totalmente a Ella sin condiciones. ¡Ese es nuestro ideal!”.

Que Ella sea nuestra “idea fija”. Esto se hace a través de la lectura y sobre todo de la oración. Nos aconseja San Maximiliano “si la tratas con frecuencia, conversando mucho con Ella, parando de vez en cuando para estar con Ella, te harás siempre más semejante a Ella”.  Al mismo tiempo esto nos conducirá a evitar cualquier cosa que le desagrade y a hacer todo lo que nos asemeja a Ella, especialmente la práctica de la virtud.

“Con la ayuda de la Inmaculada te vencerás a ti mismo y contribuirás muchísimo a la salvación de las almas. Confíale todas tus empresas y se dignará obrar. La victoria es segura en sus manos inmaculadas. La vida externa, de apostolado, es fruto de la vida interior. Confía sin medida en la protección de la Inmaculada”.

QUE TODOS CONOZCAN A LA INMACULADA
El verdadero apóstol no sólo aspira él mismo a la santidad sino que lleva en el alma el anhelo de Jesucristo de que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

Ese es también el deseo de la Inmaculada y debe ser el de todos aquellos que se consagran a Ella. Por eso, San Maximiliano no rechazó ningún sacrificio para llevar a las almas a Jesús a través de la Inmaculada. Nos anima San Maximiliano a trabajar activamente en nuestros ambientes, conquistando almas para Ella, usando todos los medios lícitos que tengamos a nuestro alcance. Además Ella es la Mediadora de todas las gracias. Por eso escribía San Maximiliano:

“Con la ayuda de la Inmaculada convertiremos el mundo entero. Entonces, ¡a trabajar! Por nuestra parte, debemos ser sólo suyos, totalmente, ilimitadamente!”.

NOS ESPERA EN EL PARAÍSO
¡La Inmaculada nos espera en el Paraíso! Un día podremos contemplarla cara a cara.

Nos alerta San Maximiliano contra la tentación de desaliento que nos insinúa el enemigo, que quiere hacernos creer que el paraíso existe pero no para nosotros. Y nos anima a  que con confianza de hijos tengamos nuestros ojos fijos en el Cielo invocando y pidiendo ayuda a Aquella que viene en nuestra ayuda con sólo invocarla: ¡MARÍA! ¡Nuestra Madre nos espera en el cielo!

El 14 de agosto de 1941, víspera de la Asunción, San Maximiliano voló al Cielo para permanecer eternamente con la Inmaculada por quien gastó su vida en la tierra y a la que amó con entrañas de enamorado.

“Señora mía, Reina mía, Madre mía, has mantenido tu palabra, para esta hora he nacido”.

 ©Revista HM º172 Mayo-Junio 2013

Hermana Clare

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¡Feliz cumpleaños, Hna. Clare!

Hoy la Hna. Clare hubiera cumplido 37 años. Desde su conversión solo tuvo un deseo: consolar al Señor con su vida.

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