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Vida espiritual

1 Juan 3, 6

Hno. Benjamin Fenlon, SHM

giovanni

"El que permanece en él, no peca, y el que peca no le ha visto ni le ha conocido"

Tenemos la tentación de dejar que se nos escapen grandes conceptos y verdades contenidas en frases de la Sagrada Escritura, dado que cogerlas literalmente, requiere una inmensa conversión de la vida. Esto significaría darle al Señor algo de lo que tenemos miedo de perder: nuestros pecados. “Todo el que peca no le ha visto ni le ha conocido”.

“Todo el que peca”

Yo soy el que peca.

Desde mi última confesión, he pecado de nuevo.

Parece imposible pensar en alguien que no peque diariamente. El libro de Proverbios dice que “el hombre justo peca siete veces al día” (24, 16). ¿Cómo podemos evitar el pecado? Es natural para nosotros, ¿no?

El problema es que estamos tan acostumbrados a la mediocridad de nuestra fe, que pensamos que es normal pecar; que como estamos dañados, no lo podemos evitar, y que a pesar de que no debiera, no necesito preocuparme porque lo estoy intentando continuamente y voy mejorando. Sin embargo, todos los pecados que cometo, los cometo por mi culpa. En caso de que el pecado sea mortal el alma ya está potencialmente en el infierno: la débil cadena de nuestra vida mortal, que nos separa del cielo, el purgatorio o el infierno, se puede romper de forma instantánea y cuando menos lo esperamos.

Pero no tenemos que pecar. D. José María Iraburu nos dice en su libro “Evangelio y utopía” que en las reducciones del Paraguay sucedió que un sacerdote que iba misionando podía pasarse toda la tarde confesando sin escuchar de nadie pecados que absolver. Un autor contemporáneo decía que allí “rige tan gran inocencia que no creo que se haya cometido un solo pecado mortal en ellos”.

Esa gente vivía en plenitud las palabras de San Juan.

Nosotros, a pesar de ser pecadores, debemos reconocer y regocijarnos en la gloriosa verdad que aquí se nos revela: Dios es mucho más grande de lo que imaginamos. Si le hubiésemos visto o conocido, nunca consideraríamos volver a pecar.

Debemos creer; porque nosotros no le hemos visto ni le hemos conocido.

¿Qué debemos creer? Que Dios nos ama tanto que, a pesar de que para Él somos despreciables a causa de nuestros pecados, permite que nos confesemos y expiemos nuestros pecados para que podamos humillarnos verdaderamente. Estando verdaderamente humillados podremos verlo y conocerlo, porque Dios resiste a los soberbios pero da su gracia a los humildes de corazón.

Su gracia es su presencia. Y estando expuestos a la presencia de Dios, somos capaces de purificarnos de nuestros hábitos pecaminosos, siempre y cuando tratemos de vivir como Jesús nos dijo: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48). Y al hacerlo, vamos a llegar a ser de los que le ven, le conocen, y, si Dios quiere, no pecan.

©HM Revista; nº184 Mayo-Junio 2015

Hermana Clare

Hermana Clare

¡Feliz cumpleaños, Hna. Clare!

Hoy la Hna. Clare hubiera cumplido 37 años. Desde su conversión solo tuvo un deseo: consolar al Señor con su vida.

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