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Vida espiritual

Ecumenismo

Por P. José Luis Saavedra, SHM

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En 2017 se cumplen 500 años de la herejía protestante que rompió la Iglesia de Occidente en dos. Lutero fue el protagonista de aquella triste historia. Sus razones fueron apoyadas incondicionalmente y en bloque por los príncipes alemanes de su tiempo. A ellos, sin embargo, les interesaba seguir a Lutero para dejar de pagar los impuestos imperiales. Lutero lo descubrió más tarde con dolor. Pero de momento les exhortó con vigor a secundarle en aquella ruptura. Sus escritos muestran la dureza y gravedad de aquella horrible ruptura para toda la Iglesia:

“Toda la Iglesia del papa -escribía Luteroes una Iglesia de putas y hermafroditas”; “[El mismo papa es] un loco furioso” “[y todos los actos pontificios están] sellados con la mierda del diablo, y escritos con los pedos del asnopapa”.

El Señor Jesús, en la última cena, pidió al Padre la unidad de todos los cristianos: “Padre, que TODOS sean uno” (Jn 17, 21). Sin embargo, por los pecados de los hombres esta oración no se cumple hasta hoy. Pero los duros insultos de Lutero no deben impedirnos amar y obedecer a Dios que nos pide la unidad. San Juan Pablo II y el Vaticano II nos enseñan a mirar el problema en positivo: los protestantes reciben válidamente el sacramento del bautismo, ¿verdad? ¿y aman las Sagradas Escrituras? Cierto. Entonces, aun sin la plenitud de la fe, Dios los sella con la gracia del bautismo y los instruye con su Palabra:

“¿Cómo es posible permanecer divididos si con el [mismo y único] Bautismo [de Cristo] hemos sido «inmersos» en la [misma y única] muerte del Señor?” (Conc. Vaticano II, UR)

Así, aunque los protestantes carecen de mucho (sin Eucaristía, sin amor a la Virgen, sin la ayuda de la Confesión o la intercesión de los santos), poseen también enormes “elementos de verdad” que los acercan a nosotros (LG, 8): poseen mucho: la fe en Jesucristo como Hijo de Dios. ¡Si rechazamos esos dones de Dios en ellos, despreciamos al mismo Dios que ha obrado en ellos! El Catecismo enseña que los protestantes actuales no tienen culpa de haber nacido bajo el grave pecado de Lutero. Inocentes, merecen nuestro apoyo. Así, tenemos una difícil tarea: hacernos cercanos pero firmes en la plenitud de la verdad que ahora ellos desconocen. Este compromiso por la unidad lo llamamos ecumenismo.

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Ecumenismo es ese acercamiento a aquellos que creen que Jesús es el Hijo de Dios y Dios mismo entre nosotros. Así, no puede haber ecumenismo con musulmanes, budistas o mormones; con ellos habrá diálogo interreligioso, pero ecumenismo es un diálogo más estrecho porque la fe en Cristo nos une mucho más.

Ecumenismo es, por tanto, acercamiento. Pero “cercanía” no significa unirse a cualquier precio, silenciar lo que nos separa. Una esposa que escondiese a su madre que está casada porque su marido no cae bien en casa: ¿qué clase de teatro espera vivir? Si el teatro le separa de su marido en navidad y en vacaciones, porque vuelve sola para no levantar sospechas… es que esta esposa no ama a su marido. No se compromete verdaderamente con él: solo le importa quedar bien ella misma. Para nosotros, renegar de la Eucaristía, arrinconar a la Virgen o menospreciar al Papa, sería lo mismo. Nuestro amor por la Eucaristía y la Virgen tiene que ser lo primero siempre. Es lo que queremos compartir cuando buscamos la unidad; porque es el mayor tesoro que hemos recibido.

Dirá alguno que si afirmamos esos valores nunca habrá unidad con quienes siguen a Lutero hoy. Pero no es verdad; entre “los que siguen a Lutero” muchos buscan la verdad sinceramente, y todo lo que nosotros creemos es verdad, así que Dios les ayudará a reconocerla si nosotros se la transmitimos honestamente. Algunos están ciertamente cerrados a nuestro mensaje; por estos solo podemos rezar. Pero otros nos escucharán. Tenemos que buscarlos; y para eso tenemos que hablar, argumentar, exponerles bien la belleza y realidad de nuestra fe.

Hoy mismo respondí a un joven que me consultaba acerca de su visita a una iglesia protestante: allí le habían empujado a pisar y tirar su crucifijo. Los protestantes no aceptan las imágenes religiosas; piensan equivocadamente que conducen a la idolatría. Pero un esposo que en su oficina tiene una foto de su esposa y la mira y la recuerda con cariño en el trabajo, ¡no adultera con la fotografía! Fotos y estampas, como estatuas y crucifijos, nos ayudan -simplemente- a recordar una realidad más allá, con la que nos unimos de corazón al mirar la reproducción. Acercarse a un protestante, esté abierto o cerrado, si nosotros mismos carecemos de formación sobre nuestra fe nos hará mucho daño. Por eso, ecumenismo no hacemos los fieles uno a uno. Ecumenismo es un diálogo complejo que deben hacer comisiones preparadas por ambas partes para fomentar un entendimiento y tratar de entenderse. De hecho, con insultos como los que hemos visto en Lutero, este acercamiento ha sido lento en la historia, pero hoy camina mejor. El Conc. Vaticano II nos da cuatro claves para realizar bien esta tarea; son claves que podemos además aplicar a todo nuestro apostolado:
1. Reconocer los propios errores presentes y pasados: humildad.
2. Perdonar las ofensas recibidas de las otras partes, ya sean antiguas o actuales. Jesús siempre perdona.
3. Rezar juntos: el Padre Nuestro nos es común con los protestantes, el amor a la Virgen nos es común con los ortodoxsos: tenemos que pedir juntos al Señor que nos conceda Él la verdadera unidad.
4. Trabajar juntos (en tareas sociales, por los justos derechos de las personas (vida, libertad religiosa…) (UR)

Recuerdo que una vez, mientras caminaba por Roma, dos protestantes muy abiertos, quizá tocados por el Señor, me preguntaron con claros signos de sorpresa: ¿Ud. es sacerdote católico? No todavía, lo seré pronto, D.m. ¿Entonces ud. no se va a casar? (Esta simpática pregunta abría la puerta a demostrarles con la Escritura (única fuente que ellos aceptan), que la manera de afrontar el sacerdocio en la Iglesia Católica es la verdadera. Jesús enseñó y practicó lo mismo que hoy enseña y practica la Iglesia católica. Miren -les dije-, hay eunucos que los hacen los hombres, otros son hechos por la naturaleza, otros aún, son célibes por el reino de los cielos (Mt 19,12). Yo solo puedo decirles que estoy muy agradecido a Dios por haberme elegido. Me agradecieron la explicación con respeto y afecto; ¡nunca nadie se lo había explicado!

Basándonos en los argumentos que ellos aceptan, tomados de la Biblia (no del Papa, porque saltarían en ellos alarmas mal conectadas), podemos hacer un gran bien para que muchas almas lleguen a la plenitud de la Salvación, para restaurar la unidad del Cuerpo de Jesús, herido hasta que no seamos TODOS UNO. ¡Y tenemos que darnos prisa porque el Señor lo espera!

©HM Revista; nº195 Abril-Mayo 2017

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¡Feliz cumpleaños, Hna. Clare!

Hoy la Hna. Clare hubiera cumplido 37 años. Desde su conversión solo tuvo un deseo: consolar al Señor con su vida.

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