Menu

Vida espiritual

La inmensidad en lo pequeño

hostias885

Extracto y adaptación del artículo «En torno a la presencia de Jesucristo en toda la Sagrada Forma y en cada una de sus partículas», publicado en infovatican.com, blog de D. Manuel Guerra.

iman color320

¿Un diálogo posible?

El diálogo entre fe y razón - ciencia y religión, es posible, y proporciona al hombre un conocimiento más completo de la realidad, ofreciéndole la posibilidad de gozarse en la verdad, objeto de nuestro entendimiento.

Este diálogo puede aplicarse a los más variados misterios de nuestra fe. Llamados Misterios no por ser oscuros u ocultos sino por ser tan resplandecientes y tan llenos de ser, que nos resultan inabarcables. Pero a pesar de esta dificultad, la razón ha de hacer el esfuerzo desde la Palabra Revelada y las verdades científicas de penetrar en ellos con mayor profundidad. Uno de los misterios en los que últimamente se está aplicando este diálogo entre la fe y la razón, es el de la Eucaristía. Nuestra fe nos dice que Jesús se encuentra realmente presente tanto en la Sagrada Hostia como en cada una de sus partes. Y acorde a nuestra fe, la ciencia moderna nos ayuda a intuir la posibilidad del misterio del todo, que está en el todo y en cada una de sus partes.

La ciencia cuántica, con sus limitaciones, permite entender que creer en esto, que nos parece incomprensible, no se opone a la razón humana, y que no hay incompatibilidad entre ella y la fe católica en este punto concreto, ya que el «todo está en el todo y en cada una de sus partes».

Botones de muestra: los imanes, las libélulas y el embrión.

Un imán es una pieza dotada de propiedades magnéticas o de atracción del hierro y de otros metales. En cada imán hay dos polos o puntos con especial fuerza magnética o atractiva. En la adolescencia, casi todos nos hemos asombrado cuando, espolvoreando limaduras de hierro sobre un papel, debajo del cual había un imán, hemos visto cómo las limaduras se agrupaban preferentemente alrededor de uno de los dos polos ubicados cerca de los dos extremos del imán. Sabemos que la Tierra es un gigantesco imán con dos polos (norte-sur) y que la brújula señalará hacia uno de esos dos polos según su portador se halle en un sitio del hemisferio norte o del sur.

Si se trocea un imán en dos trozos, no quedan dos mitades del mismo imán con un solo polo en cada mitad, sino dos imanes con los dos polos magnéticos, aunque lógicamente su tamaño sea más pequeño, cada uno la mitad que el imán originario. Lo mismo acaece si troceamos el imán en tres o más partes. Por consiguiente, el todo magnético está en el todo, en todo el imán, y en cada una de sus partes.

peter schuster320

Esta parece ser una propiedad que se encuentra en la naturaleza en ciertas cosas y seres. Por ejemplo, si se parte por la mitad el huevo de una libélula, poco después de ser puesto, cuando las células todavía no se han diferenciado, no muere la libélula, sino que se forman dos libélulas completas, aunque más pequeñas. Lo mismo ocurriría si se partiera en dos la masa celular del embrión al comienzo de su desarrollo. No se muere ni salen dos seres vivos incompletos, sino dos gemelos monovitelinos o uniovulares, es decir, de un solo óvulo fecundado e idénticos con dos secuencias idénticas de ADN (código genético).

Los imanes, las libélulas, los embriones no son conscientes de su evolución y propiedades. No obstante, escogen lo mejor para sobrevivir con normalidad. ¿Estarán programados así por alguien que ha pensado por ellos? Además, así permiten intuir que no es metafísicamente imposible que Jesucristo esté en toda la Sagrada Forma y en cada una de sus migas o partículas.

El fenómeno Einstein-Podolsky-Rosen y el Milagro de Lanciano

En el verano del 2007, se celebró un encuentro interdisciplinar (ciencia natural, filosofía, teología) convocado por Benedicto XVI, sobre un tema de innegable actualidad e importancia: «creación y evolución». Como representante cualificado de la ciencia, intervino el vienés Peter Schuster, especializado en evolución molecular y en bioquímica, alma mater del Max Planck Institute en su sección de Química biológica. A una pregunta del papa Benedicto XVI, Peter Schuster respondió hablando de «la física cuántica -o modernaque contiene algunos problemas, como el fenómeno de Einstein-Podolsky- Rosen, que afirma que las partículas elementales con un origen común, siempre saben unas de otras aunque estén muy distantes entre ellas. Einstein lo propuso como paradoja y, no obstante, la física cuántica la acepta como teoría. Y no fue hasta los años noventa, esto es, 70 años más tarde, que alguien pudo demostrar experimentalmente que efectivamente es así, aun cuando se oponga a nuestra imaginación». El fenómeno Einstein- Podolsky-Rosen es un fenómeno de comunicación entre partículas, que, aunque no estén en contacto, se transmiten información y no actúan de modo independiente. No cabe duda que todas las partículas desprendidas de la misma Sagrada Forma tienen un origen común.

En este sentido, el Milagro Eucarístico de Lanciano podría ser una confirmación de lo expuesto:

cientificos320

Una mañana del año 700, un monje de la Orden de San Basilio, mientras celebra la Misa tiene dudas profundas y pide al Señor que le aumente la fe. Después de pronunciar las palabras de la consagración, ve que el pan consagrado se convierte en un círculo de carne y el vino en sangre visible. La carne se mantuvo intacta; la sangre se dividió dentro del cáliz en cinco bolitas sólidas (sangre coagulada) de distinto tamaño y de formas irregulares, que han sido colocadas en un relicario de marfil. Con el paso de los siglos no se han desintegrado, como algunos pronosticaban; se han conservado inalteradas.

Se han hecho varias investigaciones científicas en los años 1574, 1970-71 y 1981. En la de 1574 se descubrió que cada una sola de las cinco bolitas de sangre coagulada de diferentes tamaños y formas pesa lo mismo que dos, tres e incluso que las cinco juntas. Esta extraña realidad parece confirmar la presencia de Jesucristo en todo el «sanguis» (vino transubstanciado en «sangre» de Cristo) y en cada una de sus partes (gotas).

Esas investigaciones demuestran asimismo que la Carne es verdaderamente carne y la Sangre, verdaderamente sangre, pertenecientes a un ser humano. El grupo sanguíneo de esa Carne y de esa Sangre es el mismo (el AB), sorprendentemente el mismo que el de la sangre de la Sábana Santa de Turín y que la del Santo Sudario de Oviedo. Más aún, la Carne está constituida por el tejido muscular del corazón. La conservación de la Carne y de la Sangre, dejadas en el estado natural durante trece siglos y expuestas a la acción de agentes atmosféricos y biológicos, es de por sí un fenómeno extraordinario.

Delicadezas de enamorados

Sabiendo que Jesús se encuentra realmente presente en cada partícula, es necesario que fieles y sacerdotes tomemos conciencia de esta verdad y asumamos un comportamiento coherente con nuestra fe, a la hora de tratar con la Sagrada Eucaristía.

La Iglesia siempre ha dado normas orientadas a fomentar la delicadeza y el respeto con el fin de evitar que puedan caerse o perderse partículas de la Sagrada Forma, o gotas de la Sangre de Cristo: «Recibe el Cuerpo de Cristo con cuidado de no perder ninguna partícula, porque, si algo perdieres, sería como si de tus propios miembros fuera amputado. Pues, por favor, dime: si alguno te diere limaduras de oro, ¿no las guardarías con diligente precaución, procurando no perder nada de ellas y que no sufriera daño alguno? ¿No procurarás, pues, con mucha más diligencia y vigilancia que no se caiga ni una miga de lo que es más precioso que el oro y que las piedras preciosas? » (De la catequesis mistagógica de San Cirilo de Jerusalén a los neófitos).

lanciano240

«La partícula del santo cuerpo que cae al suelo, búsquese cuidadosamente ». «Del mismo modo también, si algo de sangre se derrama, si el suelo es de piedra, pónganse carbones encendidos sobre él» (Del obispo Babula de Edesa, siglo V; Solano, o. c., II, n. 506).

En la actualidad, algunos defienden con vehemencia la comunión en la mano afirmando que en los primeros siglos se hacía así. Olvidan que en esos tiempos se comulgaba con pan ordinario consagrado, pero que a partir del s. IX, fecha en la que se inventó la oblea elaborada con pan ácimo y sin levadura, se introdujo al mismo tiempo la comunión en la lengua como única manera de recibir la Sagrada Comunión durante siglos, aproximadamente un milenio.

Después, a imitación de la práctica protestante y por su influjo, la comunión en la mano se restauró tras la celebración del concilio Vaticano II en algunos países centroeuropeos. Una vez más, la novedad, aunque introducida ilegalmente y luego como excepción, termina por generalizarse. Las razones pragmáticas y de comodidad pueden y suelen predominar sobre las de piedad religiosa e incluso las teológicas.

La instrucción Memoriale Domini, afirma la vigencia de la práctica de la comunión en la lengua, pero, donde se hubiera introducido la comunión en la mano, la Conferencia Episcopal podía solicitar de la Santa Sede su autorización. Más aún, autorizaba a introducir la comunión en la mano con tal que se solicitara de la Santa Sede con el aval de los dos tercios de los votos de los obispos, emitidos en secreto, y se procurara por todos los medios evitar las posibles irreverencias (Cf. José Antonio Abad-Manuel Garrido, Iniciación en la liturgia de la Iglesia).

Ahora puede recibirse en la lengua, en la mano, arrodillado, de pie y haciendo la genuflexión inmediatamente antes de comulgar. Pero, de estos modos, ¿cuál es el ideal? La respuesta teórica dice que el ideal es la comunión recibida con la más intensa fe, esperanza, caridad, adoración, etc., o sea, con el más elevado grado de santidad y de identificación con Jesucristo. Esto, al menos en teoría, puede darse en cualquiera de los modos enunciados.

dando la comunion320

Pero, atendido el valor simbólico de los gestos de cada uno de esos cinco modos y su sintonía con las adecuadas disposiciones interiores, ¿cuál es el modo ideal? El cardenal Robert Sarah, actual Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y los Sacramentos, en el Prólogo al libro de Federico Bortoli «La distribución de la comunión en la mano. Perfiles históricos, jurídicos y pastorales», señala: «La fe en la presencia real puede influir en el modo de recibir la Comunión, y viceversa. Recibir la Comunión en la mano implica, sin duda alguna, una gran dispersión de fragmentos. Al contrario, la atención a las más pequeñas partículas, el cuidado en purificar los vasos sagrados, no tocar la Hostia con las manos sudadas, se convierten en profesiones de fe en la presencia real de Jesús, también en las partes más pequeñas de las especies consagradas: si Jesús es la substancia del Pan Eucarístico ¡poco importa cuán grande o pequeño sea un trozo de Hostia! ¡La substancia es la misma! ¡Es Él!».

 ©Revista HM; nº202 Mayo-Junio 2018

Hermana Clare

Hermana Clare

Presentación de «O todo o nada» en Treviglio

Las Siervas del Hogar de la Madre presentaron el DVD «O todo o nada: Hna. Clare Crockett», la vida de la Hna. Clare en la Librería «Fonte...

Buscar

Redes sociales

Elegir idioma

Las cookies facilitan la prestación de nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, usted acepta que utilizamos cookies.
De acuerdo