Menu

Vida espiritual

Humanae Vitae: guardián en la brecha

hv885

Hna. Estela Morales, S.H.M.

Con motivo del 50 aniversario de la encíclica Humanae Vitae, las voces discordantes parecen alzarse otra vez en contra de este escrito profético que no se doblegó a las exigencias de la revolución sexual, ni al mercado de la anticoncepción originado en los Estados Unidos.

hv240

En ese país se desplegó una fuerte campaña para impulsar el control de la natalidad a través del uso popular de la píldora. Cosa que no es de extrañar sabiendo que por aquella época ya estaba en gestación lo que saldría a la luz en 1974 con el nombre de Informe Kissinger o Memorandum de Seguridad Nacional 200, donde se establecen pautas para llevar a cabo un control del número de población mundial con el objetivo de reducirla con 3000 millones menos en el 2050.

Henry Kissinger, entonces Secretario de Estado norteamericano, suscribió este documento en el que recomendaba al Ejecutivo del gobierno de Nixon dar máxima prioridad al control de natalidad en 13 países. Se alegaba que el aumento de población suponía una «amenaza» para la seguridad de los EE.UU.

De hecho, en este mismo año se creó la Comisión sobre el Crecimiento Demográfico y el Futuro de Norteamérica, presidida por John D. Rockefeller III, cuya familia lleva años vinculada a la industria farmacéutica en la que tiene un negocio multimillonario.

A partir de 1918, la familia Rockefeller había decidido invertir en la industria farmacéutica y para obtener sendas ganancias redujeron la práctica de la medicina en Estados Unidos a medicina solamente farmacéutica basada en la industria petroquímica. Para ello encargaron un estudio llamado el informe Flexner cuyas conclusiones destruyeron totalmente todas las formas tradicionales de la medicina que se practicaba por entonces, afirmando que estas carecían de valor y no eran científicas. Mentira que se ha proyectado al tema de la regulación de la natalidad, ridiculizando y minusvalorando la eficacia de los métodos naturales con el fin de potenciar el uso de anticonceptivos dependientes también de esta industria.

Origen de la Humanae Vitae

La puesta en marcha y consiguiente redacción de la encíclica, tiene su origen en una invitación que recibió la Santa Sede por parte de Naciones Unidas para participar en una Conferencia Internacional sobre Población que se celebraría en New Delhi. Les interesaba poner a la Iglesia de su parte para poder así extender su campo de acción.

San Juan XXIII creó para este fin una Comisión en 1963 pero murió antes de que esta se reuniese por primera vez. Por tanto, el despliegue de su actividad se produjo durante el pontificado del beato Pablo VI.

El encargo de responder a un cuestionario de Naciones Unidas sobre qué políticas de control de la población podrían ser autorizadas por la Iglesia, motivó a Pablo VI a encargar a la Comisión -paulatinamente acrecentada en su número de miembros- a que realizase un estudio multidisciplinar de los métodos de regulación de la natalidad para poder valorar la moralidad del uso de las técnicas contraceptivas especialmente de la píldora cuyo uso se estaba haciendo muy popular.

Poco a poco, la Comisión, alejándose de su principal objetivo, fue inclinando la balanza más que al estudio de las diferentes técnicas, a la valoración de la posibilidad de cambiar en este punto la doctrina magisterial vigente. Una parte de la Comisión pontificia parecía haber sido inficionada por la ideología de Thomas Hayes, quien años antes había formulado la idea del acto reproductivo como opuesto al acto sexual singular. Pretendiendo de esta manera desacreditar la doctrina moral sobre la sexualidad fundada en la ley natural tal como la Iglesia profesaba.

Así lo contó Frank Maurovich en el 45 aniversario de la encíclica Humanae Vitae, quien manifestó que en 1964 recibió la visita del biofísico Thomas Hayes (Universidad de California) para decirle que tenía la solución para el problema del control de la natalidad en la Iglesia.

No es de extrañar, por tanto, que en los informes finales presentados al Papa se diese la irregularidad de que la Sección médico-biológica no hubiese profundizado en el estudio de los métodos de Planificación Familiar Natural (PFN) conocidos en aquella época, como el Billings o el Sintotérmico, limitándose a criticar al «ritmo» como si fuera la única opción. Por el contrario destacaron la eficacia de la píldora sin hacer mención sobre los graves daños de salud que se derivan de su consumo, y de la sospecha hoy comprobada de su efecto abortivo debido a que impide la anidación provocando alteraciones en el endometrio (consúltese el prospecto de marcas como Exlutón, Nogestrel plus,Trinidol, Harmonet, Minulet, Cilest, entre otras).

Según ha relatado el padre Francesco Di Felice, que trabajó en la Secretaría de Estado durante aquella época: «Pablo VI tomó los dos documentos finales, el de mayoría francamente favorable a una aceptación de los métodos anticonceptivos, y el de la minoría que defendía la doctrina de la Iglesia, los llevó a su capilla privada y pasó toda la noche en oración, preguntándose: ¿qué debo elegir para el bien de las almas? Entonces, a la luz del alba, a las primeras luces, le vino como una iluminación, una decisión firme, como si le reconfortara el Espíritu Santo, y dijo: “¡Esto es lo que debo elegir!”. Y eligió la regulación natural» (moralmente aceptable, siempre y cuando haya situaciones graves que ameriten espaciar el nacimiento de nuevos hijos).

hv4

La verdad padece pero no perece

Como es de notar a pesar de ese ambiente de ambigüedad y medias verdades, el Espíritu Santo iluminó al Santo Padre para no cambiar ni un ápice la doctrina magisterial sobre este tema. La Humanæ Vitæ continúa en perfecta homogeneidad la enseñanza de la Tradición, de la Casti Connubii (Pío XI, 1930) y con las enseñanzas de Pío XII; Además, esta doctrina se vio nuevamente avalada, reforzada y enriquecida por los documentos papales posteriores de San Juan Pablo II en la exhortación postsinodal Familiaris Consortio (1981) en Veritatis Splendor (1993) y por el Catecismo de la Iglesia Católica (1992). El mismo Juan Pablo II afirmaba que rechazar la doctrina del magisterio de la Iglesia sobre la anticoncepción es oponerse a la idea misma de la santidad de Dios (cf. Discurso a los participantes en el II Congreso Internacional de Teología Moral, 5). Y repitió la prohibición contra los métodos anticonceptivos artificiales añadiendo que existían «muchas vías que están permitidas» de planificación familiar natural. Wojtyla contribuyó a una extraordinaria profundización de la Humanae Vitae y a su comprensión tanto con el ciclo de catequesis sobre la teología del cuerpo, entre 1979 y 1984, como con la encíclica Veritatis Splendor de 1993.

En este último pontificado, el papa Francisco aprobó recientemente la publicación, por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la carta «Placuit Deo», que pone en guardia, entre otras cosas, frente a un resurgente neo-gnosticismo. ¿No es quizás este el veneno escondido en estas sedicentes relecturas y actualizaciones de la «Humanae Vitae», que más allá de la letra aprobada querrían captar el espíritu, o que negando con arrogancia la relevancia normativa exaltan un vago y vacío profetismo antropológico, una afirmación de valores, dejados más a la interpretación subjetiva, según sean las circunstancias?

¿Qué dice la Humanae Vitae?

«Se puede prever que estas enseñanzas no serán quizá fácilmente aceptadas por todos: son demasiadas las voces –ampliadas por los modernos medios de propaganda– que están en contraste con la de la Iglesia» (HV 18).

La Humanae Vitae pone de relieve la grandeza de la dignidad humana y el uso de las relaciones sexuales como una manifestación de esta grandeza, no disociándolas de su contexto antropológico. La dimensión sexual ha de vivirse en unión a «una visión global del hombre» y «la verdadera naturaleza y nobleza del amor conyugal» (HV, 7-8), cuya «fuente suprema es Dios, que es amor», citando a san Juan. El amor, dice, debe ser «fiel y exclusivo» (HV, 9).

La encíclica defiende una «paternidad responsable», que se obtiene de una «recta conciencia» y con el «dominio necesario que han de ejercer la razón y la voluntad» frente a las «tendencias del instinto». Para ello conviene «respetar la naturaleza y la finalidad del acto matrimonial», e introduce el principio de que son «inseparables» los aspectos «unión y procreación» en el acto matrimonial (HV, 12).

Pablo VI señala que el uso de anticonceptivos es lícito (HV, 15) para fines terapéuticos (curar enfermedades) y que las vías lícitas para la regulación de los nacimientos son las que usan, por ejemplo, los periodos infecundos, pero afirma que son «ilícitos los medios directamente contrarios a la fecundación, aunque se haga por razones aparentemente honestas y serias» (HV, 16).

Al mismo tiempo pide «a los hombres de ciencia» (HV, 24) que contribuyan «al bien del matrimonio, de la familia y a la paz de las conciencias» (Gaudium et Spes) y les propone investigar para encontrar soluciones favorables a controlar la natalidad siguiendo el curso y funcionamiento de la misma naturaleza, ya que «no puede haber una verdadera contradicción entre las leyes divinas que regulan la transmisión de la vida y aquellas que favorecen un auténtico amor conyugal».

hv3

Un texto profético

Pablo VI, de forma clarividente, anticipó una serie de nefastas consecuencias que se derivarían de la adopción de una mentalidad antinatalista y del uso de los anticonceptivos.

1º En primer lugar, Pablo VI afirmaba que se abriría el camino a la «infidelidad conyugal», que llevaría a la destrucción de la familia.

2º La segunda pasaba por la cosificación de la mujer, «al considerarla un simple instrumento de goce egoísta».

3º Y por último, se preguntaba «quién impediría a los gobernantes favorecer y hasta imponer a sus pueblos, si lo consideran necesario, el método anticonceptivo que ellos juzgaren más eficaz».

A poco que se contemple el panorama actual nos damos cuenta de que estas profecías se han cumplido a cabalidad y que la actualidad es incluso más desoladora de lo que entonces cabía esperar: se han introducido políticas brutales de control natal obligatorio y coercitivo en muchos países. Occidente vive un colapso demográfico y las enfermedades graves por el uso de anticonceptivos son cada vez más numerosas.

Bayer –cuyo lema es «ciencia para una vida mejor»–, pues según su propio informe financiero para accionistas del segundo trimestre de 2014, han pagado alrededor de 2 mil millones de dólares en acuerdos fuera de corte por denuncias de daños causados por sus medicamentos anticonceptivos orales Yasmin, Yaz, Ocella y Gianvi, en Estados Unidos.

El prestigioso doctor Jokin de Irala afirma que «el mejor estudio epidemiológico existente hasta la fecha sobre la relación píldoracáncer de mama, tras valorar prospectivamente a casi 1,8 millones de mujeres de toda Dinamarca, concluye que los contraceptivos elevan el riesgo de cáncer de mama de una forma epidémica (The New England Journal of Medicine, 2017). Además de este tipo de cáncer su consumo puede producir cáncer de hígado y de cuello uterino. Por otra parte, los contraceptivos actuales elevan en un 60% el riesgo de infarto de miocardio y accidente cerebrovascular. (...) En los dos últimos años se han publicado dos estudios con calidad científica en las revistas científicas JAMA Psychiatry y American Journal of Psychiatry (este último realizado en casi medio millón de mujeres y seguidas durante 8 años), que constatan un aumento del riesgo de depresión y de suicidios e intentos de suicidio en relación con el uso de contraceptivos» (Humanae Vitae, Don del Espíritu Santo; encíclica profética, actual, ecológica y saludable).

Por otro lado se ha asumido una mentalidad en contra de la vida humana con su correspondiente comportamiento. El engendrar una nueva vida es estimado por muchos como una realidad repudiable. Y una vez que se consiente en la utilización de los anticonceptivos y que se asume una postura antinatalista es mucho más fácil recurrir al aborto, como de sobra ha quedado demostrado por nuestra sociedad actual en la que cada año se eliminan más de 50 millones de seres humanos.

hv5

Razones para la esperanza

A pesar de todo, algo nuevo está surgiendo: a partir de la encíclica, innumerables grupos se han organizado para el acompañamiento de los matrimonios haciéndose eco de lo que significa el don de la paternidad. Muchos matrimonios han podido descubrir la belleza del amor conyugal vivido como expresa la Humanae Vitae. Un amor que es plenamente humano tanto en la parte corporal como espiritual; que es libre en cuanto a que implica la voluntad y no la sujeción al instinto o a los sentimientos. Un amor fecundo que se trasciende a sí mismo dando origen a nuevas vidas.

Han podido comprender que la elección responsable de la paternidad presupone la formación de la conciencia que es «el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que este se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquella» (Gaudium et Spes, 16). Y que los métodos naturales «respetan el cuerpo de los esposos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen la educación de una libertad auténtica» (Catecismo de la Iglesia Católica, 2370), y que «los hijos son un maravilloso don de Dios, una alegría para los padres y para la Iglesia. A través de ellos el Señor renueva el mundo» (Relación final del Sínodo de Obispos 2014, 63).

Respondiendo al llamamiento de esta encíclica, cada vez son más numerosos los investigadores y médicos que, como el doctor Creighton, optan por el estudio y desarrollo de la ciencia médica naprotecnológica, posibilitando que la planificación natural se pueda aplicar hasta en situaciones difíciles. Publicaciones en revistas médicas constatan que la PFN moderna es cinco veces más eficaz que el preservativo e igual de eficaz que la píldora anticonceptiva. Incluso se han desarrollado aparatos electrónicos y aplicaciones para smartphones que ayudan a los matrimonios a interpretar más fácilmente los cambios cíclicos de su fertilidad.

Mientras que mal llamados católicos se han aliado con organismos como la ONU para presionar a la Iglesia a aceptar la anticoncepción, la fecundación in vitro, la masturbación y la homosexualidad -es el caso de Wijngaards Institute-, otros como Allan C. Carlson, historiador luterano, anima a la Iglesia católica a que «En vez de seguir a las iglesias protestantes liberales en el camino al desastre, la Iglesia Católica debe seguir la Humanae Vitae, y con orgullo. Miremos, por ejemplo, la Iglesia Anglicana, con anticoncepción desde hace más de 70 años y veamos la ruina en la que está. En Estados Unidos los episcopalianos están desapareciendo, son ya solo un puñado de gente muy mayor».

©Revista HM; nº203 Julio-Agosto 2018

Hermana Clare

Hermana Clare

Presentación de «O todo o nada» en Treviglio

Las Siervas del Hogar de la Madre presentaron el DVD «O todo o nada: Hna. Clare Crockett», la vida de la Hna. Clare en la Librería «Fonte...

Buscar

Redes sociales

Elegir idioma

Las cookies facilitan la prestación de nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, usted acepta que utilizamos cookies.
De acuerdo